07/03/2017 opinin

En las casas, en las calles, en las camas

Mujeres de más de 40 países realizarán este miércoles un paro internacional para protestar contra la violencia de género y la desigualdad económica, en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Al respecto opinó para Télam Marina Mariasch, integrante del colectivo Ni una Menos, unos de los convocantes en la Argentina.

Marina Mariasch

Por Marina Mariasch

El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, paramos todas. En la Argentina y en el mundo. Mujeres, lesbianas, trans y travestis paramos porque si nosotras paramos se detiene la cadena productiva y de valor. Porque el trabajo que hacemos gratis cada día, en los hogares, cuidando chicos y adultos mayores, no es reconocido ni remunerado. Pero es trabajo. Trabajadoras somos todas. Las que estamos en las casas, en las escuelas, las redacciones, en las fábricas, en los barrios, en la calle, en la oficina, en los hospitales. Y nos organizamos para decir basta.

Con una larga estela de mujeres que lucharon antes que nosotras, en revoluciones contra imperios y monarquías, por el voto, por los derechos sexuales, contra el racismo, por territorio, por sus hijos y nietos desaparecidos, salimos a la calle. Organizadas, en asambleas feministas abiertas y democráticas, de las que participan agrupaciones, organizaciones y mujeres independientes, llevamos adelante la construcción de esta medida de paro. Que así se entienda: nos constituimos, porque somos sujetas políticas y deseantes, en un movimiento masivo que debe ser escuchado.

Nuestras demandas son muchas. Porque son muchas las deudas que existen todavía hacia el colectivo de las mujeres. Cada persona sabe el momento en que se reconoció feminista y dijo basta. No somos feministas porque nos golpearon o porque odiamos a los hombres; esta revolución es ahora y la equidad está lejos de ser alcanzada. Estamos unidas en lucha por nuestros derechos, lo que nos corresponde y nos correspondió siempre, y es hora que se haga carne. En esto, el Estado es responsable.

Le decimos basta a los femicidios, que se incrementan hasta llegar a ser uno cada 18 horas en lo que va del año. Algo que al gobierno no parece importarle, porque amaga con bajar el presupuesto al Consejo Nacional de las Mujeres para la implementación del Plan contra las Violencias, y aún cuando lo restituye no alcanza. Aumentan también las modalidades de la crueldad que los femicidios van tomando. Como si fuera una manera de aleccionarnos ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, como cantamos en las marchas. Le decimos basta a que nos sigan matando y a todas las formas de la violencia. Y no queremos pedir perdón ni permiso por estar vivas. Nos queremos libres.

Exigimos que sea reconocida la llamada doble o triple jornada laboral, la que cumplimos las mujeres cuando trabajamos fuera y dentro de la casa. Que se salde de una vez por todas la brecha salarial por la que una mujer gana menos que un hombre en el mismo puesto. Que se mantenga la jubilación para amas de casa y no se aumente la edad jubilatoria de las mujeres.

Queremos, también algo tan básico como el derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos: aborto seguro, legal y gratuito, una asignatura pendiente de nuestra democracia. En la Argentina, el aborto clandestino es una de las principales causas de muerte de las mujeres. En nuestro país, hay mujeres presas por haber intentado realizarse un aborto o por presentarse a un hospital con un aborto espontáneo, como Belén, que todavía no está absuelta. Hay presas por defenderse, como Higui, que está presa por haber sobrevivido a un ataque por ser lesbiana. El machismo también decide sobre la libertad o la encarcelación de las mujeres. Por eso además hay presas políticas, como Milagro Sala.

Queremos paridad, en la política, en la Justicia, en la representación sindical, en los puestos jerárquicos, en todos lados. Exigimos la derogación del DNU que criminaliza a los hermanos migrantes echando por la borda la historia de una patria grande. Nuestras demandas no son un cartelito rosa que cualquiera levanta para sumarse a la ola o para pedir seguridad. Nosotras buscamos un cambio cultural, que se da aplicando la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) y políticas públicas con presupuesto y adecuadas.

Este 8 de marzo, como todos desde aquel 8 de marzo infame en el que las obreras textiles de Nueva York murieron incendiadas por reclamar una jornada laboral de 8 horas, vamos a salir a la calle. En un contexto de recorte de derechos, vamos a parar todas, como sea, como cada una pueda, para pedir justicia por nuestra compañeras trans asesinadas, por los derechos de las trabajadoras sexuales y contra los proxenetas y las redes de trata. En nuestro movimiento de mujeres, en nuestras asambleas, que contienen voces, sudor y lágrimas, conviven las diferencias, pero es en las demandas comunes donde acordamos y nos hacemos fuertes. Y nosotras, mujeres, lesbianas, trans, indígenas, campesinas, urbanas, afros, trabajadoras, estudiantes, feministas integrantes de los movimientos sociales, vamos a marchar para que la tierra tiemble, porque las mujeres temblamos si otra mujer sufre, y con nuestros pasos fuertes sacudimos la tierra.

(*) Poeta, escritora, traductora, periodista y docente argentina e integrante del colectivo de organizadoras de "Ni Una Menos".