02/03/2017 entrevista

Raúl Zurita: "Ese exceso que hace que la vida sea más fuerte que la muerte es lo que yo llamo arte"

"In memoriam", uno de los libros más íntimos de Raúl Zurita, se abre camino como un oscuro río de implacable intensidad que trae la memoria sangrienta del golpe de Estado de 1973 en Chile, las diversas formas de la muerte, la insaciable búsqueda del amor y el dolor de la supervivencia en una cruda lírica atravesada por la narración que configura la voz del gran poeta chileno.

Por Juan Rapacioli

De una potencia demoledora, el libro está compuesto por tres partes -"In memoriam", "Los ríos muertos" y "El memorial del dolor"- que se pueden leer como fragmentos de una memoria rota, un diálogo con fantasmas, un rezo desesperado que nombra una historia personal que también es la historia de un país derrumbado. 


Autor de una obra fundamental en la poesía contemporánea, Zurita (Chile, 1950) escribió, entre muchos libros, "Purgatorio", "Anteparaíso", "Canto a su amor desaparecido", "La Vida Nueva", "Los países muertos", "Las ciudades de agua", "INRI" y el monumental "Zurita". Recibió la Beca Guggenheim, el Premio Nacional de Literatura y el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, entre otros.

A finales de los años 70, Zurita formó parte de CADA (Colectivo de Acciones De Arte), conocido por realizar diversas intervenciones artísticas en espacios públicos. En 1982 escribió con el humo de una avioneta el poema "La Vida Nueva" en el cielo de Nueva York y, en 1993, grabó de forma permanente el poema "Ni pena ni miedo" -que consta de este único verso-, en el desierto de Atacama, visible desde el cielo.

En diálogo con Télam, el poeta habló sobre el origen de "In memoriam", poemario publicado pocos meses atrás en Argentina por Audisea Editora.

 ¿Cuál fue el camino recorrido para llegar a este libro? ¿Qué hizo falta para construirlo?
"In Memoriam", al igual que "Los países muertos", "Las ciudades de agua", "Cuadernos de guerra", son extractos que iba sacando de "Zurita", un libro que me tomó doce años escribir y que se publicó en Chile en 2011. Tiene casi 800 páginas y para aliviarme en parte de la tensión que ese libro me provocaba mientras lo escribía y poder sacarlo adelante, reunía partes de él y armaba libros que eran de tamaños más humanos. El libro, en rigor, no me tomó, al igual que los otros, más de 20 minutos. Al publicarlo como libro independiente lo que hacía era jugar a ser Dios por algunos minutos, lo que no está mal si es por solo algunos minutos, si eso te alivia, y a mí me aliviaba.

¿Cuánto trabajo le lleva construir un poema? ¿En qué momento considera que está terminado?
No escribo en base a poemas aislados, sino en base a libros y esos libros en base a proyectos y esos proyectos en base a mi vida. Un poema está terminado cuando termino la idea o el proyecto en el que está inserto.

El libro comienza con una irrupción: el bombardeo al Palacio de la Moneda en Santiago. Ese punto de partida atraviesa violentamente todo el libro. ¿Esa irrupción modificó su forma de mirar y pensar la escritura?
Sí, el golpe de Estado de Pinochet el 11 de septiembre de 1973 marcó profundamente mi vida y se transformó en el centro de lo que hago o intento hacer. Me di cuenta que lo crucial era hablar de eso, de la vida y de la muerte, de las infinitas formas como nos torturamos y de esa terca esperanza, de esa terquedad a veces incomprensible con que tantos seres humanos persisten en continuar vivos en situaciones en que uno racionalmente diría que hubiese sido infinitamente mejor haber nacido muertos. Vivir es a menudo un exceso. Bueno, a ese exceso que hace que la vida sea más fuerte que la muerte es lo que llamo arte. Si fuera religioso te diría que ese exceso de vida que impide el suicidio colectivo de los sobrevivientes de los holocaustos, a los que ven a sus hijos ahogarse en el Mediterráneo o masacrados por los bombardeos en Mosul, yo lo llamaría amor. El amor y el arte son las formas que toma la supervivencia.

 Muchos de los poemas se pueden leer en clave biográfica o novelística. Hay un trabajo narrativo sobre los versos. ¿Cuál es su opinión sobre los géneros literarios? ¿Dónde ubica a la poesía en el debate sobre los géneros?
Creo que los géneros literarios son coartadas. Pensar en géneros literarios o artísticos es pobre, entre el "Juicio final" de Miguel Ángel, "La Divina Comedia" o la "Pasión según San Mateo" de Bach hay más cercanía y afinidades que entre un poema de Whitman y un poema de Wallace Stevens. No se trata de géneros, se trata de niveles de intensidad. De intensidad y ambición artística. Warhol, un artista que admiro, está mucho más cerca del "Ulises" de James Joyce, que formalmente sería su opuesto, que lo que está por ejemplo el poema "Libertad" de Eluard con "Hay cadáveres", de Perlongher, que son iguales.

¿Qué es lo primero que le dice a alguien que quiere empezar a escribir poesía?
Que no escriba poesía, que hoy existen formas más placenteras de arruinarse la vida.

¿Sobre qué materiales piensa que se erige su poesía? ¿Qué ve cuando mira toda su producción?
Veo mi locura, mi ansiedad, mi miedo, y de tanto en tanto mi amor.

¿Cómo explica la trascendencia incomparable de la poesía chilena en el mundo? ¿Hay una relación entre el territorio y las diversas formas de producción?
Socialmente somos unos cobardes, cívicamente somos oportunistas y crueles, éticamente somos unos cínicos, culturalmente somos sumisos e ignorantes, pero en poesía somos los más dementes, los más enloquecidos, los más valientes, los más totales. Toda la locura de Chile, toda la belleza, toda la sed, toda la desesperación y el ansia de este largo país desmembrado sale allí. Por eso la poesía chilena es la más audaz, fuerte y total de las que se han escrito en castellano en los últimos cien años, y tal vez no solo en castellano.