20/02/2017 Pasarela en la Gran Manzana

Thom Browne, el hombre que puso ingenio en la Semana de la Moda de Nueva York

Con su oda a los pinguinos, bolsos con forma de animales, exquista sastreía, camperones de pluma y botas con cuchillas para hielo, este diseñador de 50 años marcó la diferencia en la NYFW.



La pretigiosa periodista británica de modas Suzy Menkes discribió a su colección como la “más memorable, ingeniosa y elegantemente” ejecutada de la temporada otoño/invierno 2017 de Nueva York.

Y no exageró: el diseñador de Pensilvania marcó la diferencia con una colección en la que supo jugar con siluetas de sastrería con motivos de diamante, vestidos de encaje y tweed, de corte impecable y toques funky.

Entre las prendas destacaron  un abrigo blanco estampado con pingüinos, pasando por siluetas de sastrería con motivos de diamante, hasta un vestido de encaje y tweed, todo de corte impecable



Los tapados estampados con pinguinos, los camperones a tono, los enormes bolsos con su forma, y las botas con taco imitando la cuchilla de los patines de hielo, fueron una oda del diseñador a éstas aves palmípedas de nuestro Sur. 

"No hay ninguna razón, ¡excepto que me encantan los pingüinos!", dijo Browne tras el desfile al explicar el por qué eligió dedicarles su colección.   

Entre las prendas destacaron  un abrigo blanco estampado con pingüinos, pasando por siluetas de sastrería con motivos de diamante, hasta un vestido de encaje y tweed, todo de corte impecable.

Es que una de las particularidades de Browne, es su arte para combinar originales prendas con toques divertidos y atrevidos, sin perder la altísima calidad de confección.

Entre los impecables tapados de distinto largos, se camperones y chalecos de pluma, en lo que fue una colección con impronta masculina, en la que no se vieron vestidos de fiesta.

Una de las particularidades de Browne es su arte para combinar originales prendas con toques divertidos y atrevidos, sin perder la altísima calidad de confección




En cuanto a los colores y estampados, Browne jugó con  cuadros en blanco y negro, de distintos tamaños, y con diferentes técnicas, círculos en rojo y dorado como los ojos de los pingüinos y estampas gráficos en dorado y negro con forma de diamante.

Para Menkes, la colección de Browne fue una “maravilla para la vista,  perfectamente pensada e impecablemente ejecutada”, en una temporada de Nueva York “muy floja y eclipsada por la el drama político”.