18/02/2017 Consumo

Outlets, donaciones o la basura, el destino de los alimentos “desechables” en la Argentina

Según un informe oficial algo más de 1,5 millones de toneladas de alimentos son desechados en la Argentina por estar prontos a vencer, tener sus envases dañados o haber excedido el tiempo de maduración. Un manual explica cómo aprovecharlos

Por Daniel Giarone

Cada año algo más de 1,5 millones de toneladas de alimentos son desechados en la Argentina por estar prontos a vencer, tener sus envases dañados o haber excedido el tiempo de maduración, según un relevamiento hecho por el Ministerio de Agroindustria de la Nación.
 
Si bien se trata de alimentos que en general están en buen estado, son retirados de supermercados y suelen tirarse a la basura, ya que la ley no permite que existan mercados como en el recién creado The Good Food, en Alemania, donde determinados productos se pueden comercializar una vez vencidos (ver principal).
 
Si estos alimentos que no llegan a consumirse se suman los que se pierden en su etapa de producción, almacenamiento, procesamiento, transporte y distribución, en la Argentina se desechan unas 16 millones de toneladas de comida cada año, lo que representa el 12,5% de la producción agroalimentaria, siempre según cifras oficiales.
 
Para atenuar el impacto económico de esta situación en su rentabilidad, productores y comercializadores buscan atajos a través de outlets (como sucede en el caso del pan), góndolas especiales en los hipermercados o promociones con productos al borde de estar “pasados de fecha”.
 
La panificadora mexicana Bimbo, propietaria de marcas reconocidas en el mercado local como Fargo, Lactal o Villaggio, vende sus produtos a mitad de precio cuando están a punto de vencer, estrategia que también desarrolla en España y Estados Unidos.
 
Télam recorrió los dos puntos de venta que Bimbo tiene en la estación Retiro del Ferrocarril Mitre, donde el pan Fargo Lacteado, el Doble Salvado y el Bimbo Integral se venden a $60 por dos unidades; es decir, lo que cuesta una en cuaquier supermercado de la ciudad de Buenos Aires.
 
En esos mismos puestos, dos paquetes de pan para pancho o para hamburguesa se pagan a la mitad de su valor ($20). En todos los casos, los productos tienen fecha de vencimiento a dos o tres días.
 
La inmediatez del vencimiento genera recelo entre los consumidores, a quienes los puesteros de Retiro explican que “el pan lactal se puede consumir hasta una semana después de la fecha de vencimiento y, si se guarda en el freezer, se puede comer hasta tres meses después”.
 
En el caso de los hipermercados, sólo durante 2015 entregaron al Banco de Alimentos, una ong que distribuye víveres entre comedores y hogares, más de 480 toneladas de productos, según un relevamiento realizado por el diario La Nación.
 
Estos produtos, llamados mermas por los supermercadistas, tienen fecha de vencimiento cercana (unos diez días antes), problemas en el packaging externo o participaron en promociones comerciales o estacionales (las fiestas navideñas o Pascuas, por ejemplo), pero son aptos para el consumo.
 
Sin embargo, por tener estas características, se acumulan en góndolas especiales a precios rebajados, se venden como oferta (muchas veces en los clásicos 2 x 1), se donan a organizaciones como el Banco de Alimentos o directamente se tiran a la basura.
 
La posibilidad de comer un alimento en mal estado hace que la mayoría de los consumidores eviten los productos con vencimiento inminente, aún cuando su temor se funde más en la industria alimenticia define como un producto en buen estado que en la realidad.
 
Según el manual “Valoremos los alimentos”, realizado por el Equipo de Nutrición y Educación Alimentaria del Ministerio de Agroindustria, la fecha de vecimiento indica el plazo en que el producto mantiene una calidad óptima según el fabricante y “no significa que unos días antes o automáticamente pasada la fecha se deba descartar”.
 
En el caso de los productos no perecederos, señala el texto, se pueden consumir incluso “un breve tiempo después de esa fecha” (de vencimiento), al tiempo que sugiere no tirar leches, quesos, carnes o yogures en los días previos a su caducidad.
 
“La recomendación más importante es que uses el sentido común para observar el alimento, su color, aroma, textura y otras características antes de que los consumas”, concluye el instructivo, que alienta la reducción del desecho de alimentos en buen estado.