25/01/2017 Cine

Se estrena “Vapor”, un filme independiente y autogestivo del cineasta Mariano Goldgrob

Protagonizada por Julia Martínez Rubio y Julián Calviño, es la primera película de ficción de Goldgrob, quien había codirigido los documentales "Mono" y "¿Qué sois ahora?"

El cineasta Mariano Goldgrob estrenará este jueves "Vapor", un filme independiente y autogestivo que narra con estética realista la historia del fugaz reencuentro entre una joven que acaba de perder a su padre y su ex pareja, durante una noche calurosa de errancia y conversación por una Buenos Aires fantasmal, en la que el pasado resurge y deja claro que "hay vínculos afectivos que te pueden unir a alguien más allá de un romance". 

Vapor - Trailer

Protagonizada por Julia Martínez Rubio y Julián Calviño, la primera película de ficción de Goldgrob (antes codirigió los documentales "Mono" y "Qué sois ahora?") tiene la tónica de una película romántica, pero en realidad "es una historia atípica, porque la clave no está en si se va a producir o no ese reencuentro romántico, sino en la forma en que los afectos y un puente emotivo se reconstruye en una noche".

"Me gusta pensar que, en definitiva, es una película sobre dos personas que tuvieron un lazo afectivo muy fuerte. Y esa noche ella puede descansar en él el dolor que siente por la muerte de su padre, mientras que él la pueda acompañar hasta que ella lo necesita. Por eso, creo que es un juego de amor y duelo", afirmó el cineasta, que estrenará su filme en el Cine Gaumont y en otros Espacios Incaa y salas del país.

En una entrevista con Télam, Goldgrob sostuvo que pensó en estrenar en el Gaumont "porque es una sala popular, su entrada es barata, respeta la media de continuidad de las películas, no te pone condiciones y además está muy bien técnicamente. Es una apuesta a esa idea que tiene esa sala de democratizar el cine y hacerlo accesible a mucha gente. Ojalá siga siendo para todos".

 
 Télam: ¿Cómo trabajaste para llegar a un guión tan acabado y minucioso como el de "Vapor"?
Mariano Goldgrob: Fueron muchos años de aprender, leer y escribir guiones que por algún motivo no arrancaron. La película fue una decantación lógica de tantos años de búsqueda de una historia que me gustara. Muchos años de lectura de narrativa argentina contemporánea, de la que buscaba aprender formas de narrar, ideas, personajes y estructuras posibles. Si bien fue un filme espontáneo, fue el fruto de muchos años de escritura, estudio, lectura y guiones que no llegaron a buen puerto.

T: ¿Por qué decidiste hacerla solo, con tus ahorros, sin apoyo del Instituto de Cine ni otros fondos?
MG: Tenía muy claro que quería hacer una primera ficción solo, porque así lo sentía. Cuando se me ocurrió la idea, lo primero que pensé fue si podía filmarla o no, antes incluso de escribir una sola palabra. Quería ver si era capaz de hacerla con mis propios medios, con un modelo de producción posible, autogestivo. Era una necesidad muy íntima, un llamado de la sangre, hacerla con mis propios recursos, sin depender de otros, para poder manejar mis tiempos y mis formas.

T: ¿Cuál fue la génesis del filme? ¿De dónde salen estos personajes y este relato de una sola noche?
MG: Casi como una declaración de principios, quería hacer una película realista y que fuera muy propia. Una película de reencuentro, con dos tópicos como la muerte y el amor, que son dos temas seminales, universales, y a la vez muy íntimos porque cada uno tiene su manera de verlos. Sentía que de allí podían salir un montón de cosas. Traté de quitarle lo autobiográfico lo más posible, pero aun así quería bucear en recuerdos muy propios. Quería una primera película que hablara de mi, de mis recuerdos y de cómo veo el mundo, condensar todas mis experiencias fallidas, pero sin hacerlo explícito. 

T: ¿Qué papel juegan los recuerdos en este reencuentro nocturno y fantasmal?
MG: De alguna manera los recuerdos son eso, algo muy tangible y a la vez algo volátil. Como el vapor, los recuerdos son algo orgánico pero no se pueden agarrar. En ese sentido, la película tiene que ver con cómo uno recuerda, hay algo de soñar despierto, y por eso está presente ese halo fantasmal y esa ambigüedad en la relación entre ambos. A sí, no está claro si lo que ocurre es algo real o es el recuerdo de alguno de los dos personajes. Es una cuestión media vaporosa, entre orgánica e inasible, algo que está marcado por el calor también.

 
 T: ¿Por qué elegiste filmar este viaje emocional con una puesta en escena realista?
MG: Buscaba realismo y una puesta en escena con la cual, más que tener un método pautado de antemano, poder encontrar el encuadre a medida que filmaba, porque así todo sería más vivo y real, más espontáneo. En lugar de pensar un encuadre para cada situación, quería que la situación fuera la que determinara el encuadre. Me daba mucho miedo caer en manierismos, porque creo que el cine debe ser espontáneo para que se le vea la carne, el alma y la sangre. Tiene que ser algo vivo. La belleza de un encuadre surge de lo imprevisible y el error. 

T: Salvando las distancias, ¿en "Vapor" resuena entonces algo del cine de José Campusano?
MG: Sin dudas, el cine de Campusano fue una referencia en ese sentido, sobre todo en la manera de entender la puesta en escena sin elitismos, de manera más real e imprevisible. Hay una búsqueda de la belleza en lo que le pasa a la cámara en cada momento.

Evitar lo artificioso y hacer que la cámara sea libre, sin estar atada a la luz, a un foco o un determinado tipo de encuadre.

T: El tercer protagonista del filme es la ciudad de Buenos Aires ¿Cómo te propusiste mostrarla?
MG: No quería mostrar la Buenos Aires que puede conocer un turista, si no la ciudad que vivimos los porteños. Una ciudad periférica, que me ayudó bastante a transmitir esa idea fantasmal que tenía, y a quitarle esa pátina de belleza. Busqué los lugares anacrónicos y atemporales que sobreviven, para reflexionar sobre la elitización de la ciudad. Es una ciudad desolada, sin gente, un poco arrasada. Una ciudad que empieza a correr gente a los márgenes porque se vuelve cara. De ahí mi interés por filmarla en barrios periféricos.

T: Por último, ¿se podría decir que "Vapor" pertenece al género de películas de una sola noche?
MG: En ese sentido, que fuera una película que transcurre en una sola noche, me permitía explorar la experiencia de la odisea. Hay tópicos que me interesan como los recorridos, los caminos y la errancia. Hablan de una procesión. Ese errar sin una dirección definida habla del duelo, que permite superar una desaparición. También habla de los presentes afectivos que uno establece con personas a lo largo de una vida. Y que, a pesar de que no te veas, son lazos que siguen vivos.