11/01/2017 Uruguay

Las playas de Punta del Este son una suerte de “shopping” al aire libre

Se reguló la actividad y los vendedores ambulantes tienen que estar autorizados, con su correspondiente permiso y carnet de salud.

Por Alejandrina Morelli

 En los balnearios de Punta del Este, donde el Estado ha regulado la actividad y los vendedores ambulantes tienen que estar autorizados, con su correspondiente permiso y carnet de salud, bajan a la playa vendedores de artesanías, de biyuterie, de ropa, de sombreros y hasta de lonas para tomar sol, en lo que convierte a la temporada en un auténtico shopping al aire libre.

Los heladeros son los más solicitados, en especial por esos “locos bajitos que a menudo se nos parecen”, y la gama de precios de la empresa uruguaya que tiene los derecho en todas las playas va de 40 a 100 pesos (entre 20 y 50 argentinos) la barrita.

Uno de los vendedores de helados, Campaña de apellido, no quiere confirmamos el dato: ¿Es el papá de Nicolás Campaña Delgado, futbolista uruguayo y arquero de Independiente?. Mira, sonríe, posa para la foto pero no contesta. 

“Te aseguro que es el padre, me lo dijo él mismo” insiste un argentino habitué de la playa que no quiere dar el nombre para que no se sepa quién traicionó el secreto.

No falta el vendedor de quiniela, una tradición muy uruguayas, que ofrece apuesta que van de los 20 a los 500 pesos uruguayo (de 10 a 250 argentinos), con la condición, claro, de que se acuerden de pasar por el kiosco más cercano el día que se juega para ver el resultado.

Agó y Beba Páez Vilaró, las hijas del desaparecido artista Carlos Paez Vilaró, introdujeron en los ochenta la venta de choclos con manteca, como se venden en Brasil, y ahora en casi todas las playas los venden a 50 pesos uruguayos cada uno. 

En las playas de público local también se vende agua caliente para el mate y parece que tienen éxito los paquetes de pochoclo y los palitos de azúcar. 

Los Paradores gobiernan el escenario. Son los únicos autorizados a vender alcohol y ahora también tienen la exclusividad de los refrescos que los delegan en chiringuitos cercanos para no atosigar su barra. 

El servicio del parador llega a la playa, y aunque no es lo que prefieren pero si el cliente lo pide le bajan una mesa y un par de sillas para que cualquiera pueda almorzar a la orilla del mar con los pies en el agua. Otra de las libertades que da esta balneario.

“Yo odio Punta del Este”, le dijo a Télam un taxista el domingo 8 al oscurecer: Noche de tristeza y depresión porque se acababa el fin de semana y también la juerga que comenzó con las despedidas antes de Navidad, siguió con las fiestas, y se mantuvo a full toda la semana con burbujeantes bebidas y pan dulce. Domingo negro. De bolsos y maletas hasta el techo. Domingo de retorno a la rutina por un año más, como cuando acaba el Carnaval, para muchos bajó el telón y se acabó la fiesta. 

El taximetrista montevideano, como muchos uruguayos, odian la paquetería, el lucimiento, el glamour que se extiende por la costa puntaesteña y prefieren la calma de los balnearios cercanos “Yo voy a Parque del Plata y si quiero océano me voy Brasil “agregó. 

“Ese lujo, ese “glamour, y ese elitismo son en definitiva el diferencial que tiene Punta del Este y no hay porque pretender democratizarlo si es el principal atractivo que tenemos” dice Fernando Pirez Lenzuen, reconocido periodista de Punta del Este, en su programa matutino en Canal 30.

Esto ha sido parte de un largo debate: trabajar para que pueda venir más gente de menor poder adquisitivo o hacer un balneario elitista, caro, para pocos que gastan mucho, un dilema en el que se embarcó la sociedad, y como suele pasar en las políticas de Estado, la balanza nunca se vuelca hacia un solo lado. 

Punta del Este ha crecido para todos y avanza sobre los viejos bastiones de los grupos elitistas que huyen hacia el Oeste, a la Barra, a Manantiales y José Ignacio, después a Pueblo Garzón y barrios privados y ahora a Laguna Garzón y Rocha. 

Mientras los políticos debatían que política seguir, los altos costos por diferencias cambiarias, los problemas con las papeleras, la huida de capitales argentinos hacia estas playas iba haciendo su propio trabajo, sin consultarle a nadie y así, hoy, Punta del Este tiene variedades para todos los gustos.