10/01/2017 Mar del Plata

Felipe Pigna: “Hay que hacer una reforma educativa donde la tecnología ocupe un lugar central”

El escritor e historiador desembarcó en la Costa Atlántica para poner en marcha el ciclo Verano Planeta 2017, al que llega con su último libro “Manuel Belgrano. El hombre del Bicentenario”.

El escritor e historiador Felipe Pigna desembarcó en la Costa Atlántica para poner en marcha el ciclo Verano Planeta 2017, al que llega con su último libro “Manuel Belgrano. El hombre del Bicentenario”, y antes de su primera presentación esta noche en el Teatro Municipal De la Torre en Pinamar, que tendrá su capítulo marplatense mañana a las 21 en el hotel Costa Galana, aseguró que el prócer fue "la primera persona que pensó el país”.

“Belgrano nos hace repensar el presente, a partir de su propuesta política y económica, que tiene una gran vigencia. Sus propuestas de industrialización y de inclusión social son de lo más avanzadas”, dijo Pigna a Télam, distendido y a pocos metros del mar.

El autor, un clásico del ciclo de verano que en esta edición cumple 20 años, aprovechó la obsesión de Belgrano con la educación para poner la lupa sobre el actual sistema educativo: “Hay un abismo entre lo que la escuela propone y las habilidades previas de los chicos: el Pokemon Go tiene 160 personajes con nombres japoneses y un chico los memoriza, y la escuela les pide memorizar nueve vocales de la Junta y el pibe no lo puede hacer”.

Télam: ¿Cuál es el principal desafío a la hora de encarar a una figura tan moldeada por la historiografía clásica?
Felipe Pigna: Desde el libro “Historia de Belgrano” de (Bartolomé) Mitre se utiliza una metodología interesante y moderna para la época, pero con una forma de encarar la historia que tiene que ver con exaltar algunas cosas y diluir otras. Y cuando eso se transforma en canon y libro de texto, el recorte es mucho mayor que el que hizo Mitre: desaparece el Belgrano político, el economista, el ideólogo, y queda sólo el creador de la bandera, el héroe. Son esas desconexiones que plantea nuestra historia escolar, donde no se explica de dónde salió o por qué pensaba como pensaba.

T: El libro rescata especialmente su pensamiento, además de su acción.
FP: Es que el abordaje tradicional da mucho margen para hacerlo: más de la mitad del libro es sobre su pensamiento no lineal, altamente original. El viene a la actual Argentina suscripto a los principales periódicos económicos, políticos, literarios, y claramente es la persona más ilustrada del Río de la Plata. Es un autodidacta de poco más de 20 años, brillante, que no para de leer y formarse.

T: ¿Creés que pasados los festejos del Bicentenario se va a mantener tanta producción bibliográfica sobre la historia argentina? 
FP: Yo creo que sí. El Bicentenario pasó inadvertido porque el gobierno no le dio ninguna importancia y lo ninguneó. Pero producción bibliográfica hubo mucha, aunque no tanto como uno esperaba. Creo que de unos quince años a esta parte hay una producción historiográfica impresionante. 

T: ¿Das por saldada la batalla con lo que podría llamarse la Academia por la producción de obras de divulgación?
FP: Yo creo que está ganada. Hay básicamente una mezquindad en cierta academia, detrás de la idea de que lo masivo es malo, de que si es masivo no profundiza. Permanentemente he invitado a debatir a gente de la academia, pero se han negado siempre. Yo por suerte no trabajo para ellos: no les respondo. Porque uno podría terminar cayendo en la trampa y contestarle, y esclavizarse en que el trabajo sea responder a la academia, cosa que a mí no me interesa. 

T: ¿Considerás que hubo un freno a la producción audiovisual, también muy alimentada por las distintas efemérides?
FP: Sí, y con el freno en Encuentro y en muchos canales donde había posibilidad de difundir eso se nota. Se va viviendo un clima de época, que supera a los gobiernos, cuando ya hay un consenso general y el poder aprovecha para no financiar ciertas cosas o ir corriéndose de la historia crítica. Entonces, se hace más complejo financiar proyectos audiovisuales.

T: Cómo educador, ¿qué rol asignás a ese tipo de plataformas?
FP: Yo creo que el modelo educativo está anquilosado. A mí me causa gracia cuando vas a congresos de historia y te hablan de nuevas tecnologías y hablan de la televisión, que tiene setenta años, o de Internet, que tiene veinte. Hay abismos entre lo que es la formación de un chico y sus habilidades y lo que la escuela le ofrece. Tenemos chicos que son alfabetos digitales a los dos años, que manejan la tablet y el celular, que tienen una disposición tecnológica particular. Un chico de cuatro años ve una serie en Internet o maneja el Pokemon Go, que tiene 160 personajes con nombres japoneses y los memoriza, y la escuela les pide memorizar nueve vocales de la Junta de Gobierno y el pibe no lo puede hacer. 

T: ¿Cómo se cierra esa brecha?
FP: Yo creo que hay que hacer una reforma educativa donde la tecnología ocupe un lugar central. En la medida de que no advirtamos que la educación tal cual se da hoy no va más seguiremos en el error. Seguiremos haciendo protagonistas exclusivos a los docentes: hay capacidades adquiridas por el chico que deben ser aprovechadas por la escuela. Como siempre acá se pasa del protagonismo absoluto del docente a plantear la ausencia docente, cosa que yo no planteo ni mucho menos; se pasa del autoritarismo al descontrol donde el chico es abandonado. Hay una discusión seria pendiente.

T: Este año viene también con una discusión abierta en materia de ciencia...
FP: Así es, y soy claro: el estado tiene un rol irrenunciable en el financiamiento de la investigación y producción científica, en el conocimiento histórico y social. Cuando se habla de que son papers que no generan patentes, son puros atajos. Un país sin ciencia y sin técnica está condenado a la ruina, y eso hasta el FMI o el Banco Mundial lo dicen. Cuando Belgrano dice que la educación es lo más importante del país, está diciendo una vedad grande como una casa: sin educación no hay nada, y no es un eslogan. Es increíble que un investigador tenga que pelear y movilizarse por defender un salario de 15.000 pesos, menos de mil dólares.