04/01/2017 pantallas

Sonia Braga regresa al cine con "Aquarius", una historia de lucha

La película brasileña, protagonizada por la reconocida actriz y dirigida por Kleber Mendonca Filho, cuenta la contundente historia de una mujer que se niega a vender la casa en la que pasó los mejores momentos de su vida.

Por Paulo Pécora

El film llegará este jueves a salas locales con la contundente historia de una mujer que se niega a vender la casa en la que pasó los mejores momentos de su vida y que, además de soportar las presiones de la corporación inmobiliaria que busca desalojarla, debe enfrentar el extraño y difundido prejuicio de que lo viejo es descartable por el sólo hecho de ser viejo.

"Aquarius"

La cinta ofrece el pormenorizado retrato de Clara, viuda y jubilada, madre de tres hijos y abuela, escritora y periodista de renombre, que ama la música y disfruta de su soledad, y cuya tranquilidad se ve quebrada un día a causa de la amenaza cada vez más acuciante de un grupo empresario que quiere sacarla a toda costa de su departamento, ubicado frente a las playas de Recife, para construir allí una torre.

La obra que volvió a poner a la talentosa Braga en boca de todos, gracias a la fuerza y sutileza de su interpretación, tuvo su estreno mundial en la Sección Oficial del último Festival de Cannes, donde el director y su elenco se manifestaron en contra del golpe parlamentario que se gestaba contra la presidenta brasileña Dilma Rousseff, un gesto que podría haberle causado -como reprimenda- su exclusión en la carrera por el Oscar al mejor filme de lengua no inglesa.

Premiada en varios festivales internacionales como Mar del Plata, Biarritz y Lima, "Aquarius" advierte sin subrayados ni sensacionalismos sobre un desprecio cada vez más extendido hacia lo viejo o antiguo, fundado en la idea mercantilista de la novedad y de que todo debe ser usado y descartado rápidamente, sin tomar en cuenta los valores ni las cualidades imperecederos de los objetos o las personas, más allá de su edad.


En ese marco, Clara enfrenta -con la valentía y la dignidad que le otorgan una conducta intachable y los años de sufrimiento que pasó para superar un cáncer- los embates cada vez más arteros del joven heredero de la empresa que quiere desalojarla, un hipócrita de sonrisa dentífrica y master de marketing en Estados Unidos, que sólo piensa en su ego y en el dinero que le dejará el negocio inmobiliario que tiene planeado.

Para él, Clara y el departamento antiguo que ella habita son sólo obstáculos que le impiden llegar a su éxito individual, mientras que para ella ese lugar es su hogar, con el significado profundo que esa palabra tan habitual implica: el espacio donde creció rodeada del amor de una familia numerosa y alegre, donde la música borraba las diferencias, donde concibió y engendró a sus hijos, donde vio morir a su marido y donde guarda sus objetos y recuerdos, toda su vida.

En esa pelea entre una mujer solitaria y una corporación poderosa, el filme resume la lucha de dos maneras opuestas de concebir el mundo: la que tiene al éxito y el dinero fáciles como objetivos, la que desprecia a los otros por sus diferencias y considera inservible a aquello que no está a la moda o no le otorga beneficios inmediatos, en contra de otra basada en valores más humanos, la que aprecia y tiene en cuenta a los demás, la que estima las querencias más allá de su utilidad o el valor material que posean.

En poco más de dos horas, Mendonca Filho propone una narración ágil y llena de vida, no sólo por el retrato vital de una mujer que a su edad se mantiene activa, bella y seductora, se conmueve, se alegra, sufre decepciones, y desea y vive su sexualidad como puede, sino porque además ensaya una puesta en escena desacartonada, versátil, con ideas de cambios inesperados tanto desde la cámara como en el montaje.

Desde las escenas iniciales, el director logra una interesante -aunque rara- combinación de paneos, travellings y zooms de acercamiento y distanciamiento entre objetos, personas y espacios, pasando inesperadamente de primeros planos o planos medios a planos generales, mientras que el montaje juega con cortes directos de una misma imagen en movimiento, acentuando así cierta sensación de extrañamiento en el estado de ánimo de la protagonista.

"Le quise colocar valores personales a los objetos, que adquieren una carga fantasmagórica en el espacio. Un edificio, por ejemplo, está lleno de fantasmas. Y como Clara ha vivido toda su vida en un mismo lugar, ahí habitan muchas presencias. A veces se materializan como un sueño o un recuerdo, otras como una sensación de soledad", afirmó el director en declaraciones a la prensa.

El cineasta, que también es crítico y cuyo filme anterior, "Sonidos vecinos" (2012), se estrenó en Buenos Aires hace un año, forma parte de una escena cada vez más amplia de realizadores oriundos de la ciudad de Recife o del estado brasileño de Pernambuco, una corriente diversa, con diferentes abordajes estéticos y temáticos, que comenzó a ver la luz a partir del estreno de la película "Baile Perfumado", de Lírio Ferreira e Paulo Caldas, en 1997.

En su nuevo filme, Mendonca Filho busca llamar la atención sobre "un respeto por el pasado que la sociedad moderna ya no lo tiene. Investigué a los corredores de inmuebles y tienen un punto de vista diferente: ellos ven un edificio de 30 años y creen que debería ser demolido, inmediatamente. Entonces creo que 'Aquarius' crea un vínculo superior con un espectador nostálgico".