24/12/2016 muestra

La Fundación Proa expone el barrio de La Boca desde una perspectiva histórica y artística

Con "Entre-nos. Crónicas de La Boca", la Fundación Proa exhibe hasta marzo una muestra que toma como punto de partida ese barrio para explorarlo desde el arte, con pintores clásicos como Benito Quinquela Martín, la fotografía, el cine, la arquitectura, el teatro y la historia, a partir de un fluido contraste entre el pasado y el presente que refleja la singular estética vanguardista de ese territorio.

Por Milena Heinrich

 

Sobre la avenida Pedro de Mendoza, en la Vuelta de Rocha, donde nace Caminito y enfrentado a la ribera, Proa recibe a los visitantes con una antología del barrio que explora "cómo se construye el significado de identidad y cómo puede llegar a mutar, adaptarse e incluso cambiar las narrativas culturales urbanas desde lugares no codificados", explica a Télam Víctor López Zumelzu, a cargo de comunicación de la fundación.

"Entre-nos" es una antología porque recupera a partir de un sólido recorrido de archivo, combinado con una selección de obras significativas, exhibición de manuscritos y videos, el mosaico de referencias que sostienen el imaginario y los estereotipos del barrio porteño: sus conventillos, el paisaje de la ribera y el río, los trabajadores portuarios, el tango, los barcos y los astilleros.

Siempre cerca del mito -¿hasta dónde es realidad o imaginario la identidad del barrio?-, La Boca legó artistas emblemáticos como Benito Quinquela Martín, insignia obligada de su vanguardia creativa. Pero también hubo extranjeros como el francés Charles Pellegrini, que en su visita plasmó el escenario de lo que era el puerto antes de su edificación y cuando era la única entrada marítima a la Argentina, antes de la creación de Puerto Madero.

Sin embargo, la pregunta es entonces por cómo es que a pesar del paso del tiempo, La Boca mantiene una identidad común, un espíritu comunitario y diverso de su gente y una particular impronta urbanística. Una aproximación posible la ensaya Proa en esta exposición histórica y artística que reúne más de 300 obras, con joyas imperdibles como una instalación hiperreal de Marcos López en clave pop.

A partir de su famosa fotografía "Il Piccolo Vapore" (2007), López reconstruye la rutina gastronómica de la cantina italiana que lleva ese nombre, la única que sigue en pie sobre la calle Necochea. Las sillas rojas, el Cinzano, el cenicero atestado de colillas, una camiseta firmada por Maradona y los platos de vidrio engrasados reviven así lo que podría ser una escena típica en ese mítico bar boquense.

En palabras del artista, la idea fue "recrear la última cantina de La Boca como gesto final de resistencia poética ante el avance el progreso". Para ello, la instalación se asoma en el segundo piso de Proa como "un rinconcito para que el público se tome una selfie. No pretender otra cosa con el arte que entretenerse sanamente y en familia".

 

Para ser recorrida en perspectiva histórica, la "travesía visual" arranca su itinerario como un álbum familiar que dan ganas de mirar con detenimiento: en blanco y negro y en color (el contraste entre pasado y presente) se proyectan en la primera sala de la muestra, fotos y cuadros de un día cualquiera que se complementan para mostrar una estética que resiste (y paradójicamente también se aggiorna) al paso del tiempo.

Pero además de proyección, el álbum también se exhibe con sus originales: fotografías de Horacio Coppola, Aldo Sessa o Sara Facio retratan instantes y elementos arquitectónicos que vale la pena quedarse a espiar. Es que son imágenes de espacios cotidianos y emblemáticos, como el patio, el corazón de socialización en caserones y conventillos; o puertas altas y balcones, que como el patio, componen el paisaje urbano del barrio.

El relato, que va y viene entre pasado y presente, continúa con una sala dedicada al cine, integrada por afiches y fragmentos audiovisuales. No solo La Boca fue territorio de algunas escenas de la primera película argentina con sonido ("¡Tango!, 1933), protagonizada por Tita Merello, sino que la mitificación de su ambiente orillero, humilde, obrero y cocoliche convocó a numerosos directores a filmar sus escenarios en films como "La Mary", "La tigra" o "Pobre mi madre querida".

Capítulo aparte es la selección de obras de artistas de distintos tiempos: desde Carlos Pellegrini, Pío Collivadino, Benito Quinquela Martín, Eugenio Daneri hasta Romulo Macció. Se exponen cuadros que retratan el paisaje urbano antes de la edificación del puerto, otros dan cuenta de su auge obrero (los trabajadores de Quinquela Martín o Carlos Vigo) y otros reconstruyen, por ejemplo, las típicas sudestadas que inundaban las calles del barrio.

Aquí también un imperdible son las ilustraciones que Adolfo Bellocq realizó para la edición de la novela "Historia de arrabal" de Manuel Gálvez a principios del siglo XX. Se trata de una serie de grabados que reflejan instantes muy representativos del espíritu boquense de aquellos años: el puerto, el baile, la faena o dos vecinas dando un paseo por la ribera.

Aunque la parada última de este recorrido es la instalación de López, la muestra apunta hacia su fin en el segundo piso de Proa con una mirada de La Boca desde el teatro. Como un homenaje, se muestra lo que significó "Teatro Caminito", un teatro al aire libre, justamente en Caminito, que funcionó durante 16 años hasta 1973 de la mano del director Cecilio Madanes.

Con un tono pintoresco, la sala recuerda aquellas noches de verano de Teatro Caminito a partir de afiches, figurines, fotografías y maquetas que muestran la particular escenografía que rodeaba al teatro callejero, y el recuerdo de cada de una de sus funciones, como la comedia "Sueño de una noche de verano" de William Shakespeare traducida por Manuel Mujica Láinez para su adaptación en 1968.

La exposición "Entre-nos. Crónicas de La Boca" se puede visitar de martes a domingo hasta marzo del 2017 en Fundación Proa (Avenida Pedro de Mendoza 1929, CABA).