24/12/2016 consumo

Largas filas para conseguir el tradicional pan dulce porteo, un ritual de navidad

Una larga fila de personas aguardaba por segundo día consecutivo parada, leyendo o sentada en banquitos que traían para la espera, adquirir el tradicional pan dulce de la mítica confitería Plaza Mayor del barrio de Monserrat.

Largas filas para conseguir el tradicional pan dulce porteo, un ritual de Navidad.


"Este pan dulce tiene todo, almendras, nueces, cajú, avellanas, pasas de uva, frutas, higo, cerezas y gusta mucho porque tiene gran cantidad de todo, y trabajamos con manteca, no con margarina y ni hablar que no podemos hace stock porque no tiene conservantes y es muy fresco", contó a Télam Federico Yahbes, uno de los cuatro hijos del dueño de Plaza Mayor, Samuel, que acompaña a su padre en el negocio hace 30 años.

En 1982 abrieron sus puertas en Buenos Aires y hasta hoy tienen cómo cábala no informar cuántos pan dulces venden diariamente en las fiestas.

"En 1988 mi viejo un día me preguntó cuántos pan dulces habíamos vendido y yo le dije que no había contado. Como nos fue tan bien y él es cabulero, me dijo que no cuente la cantidad de gente nunca más. Y así fue, no se cuánta gente pasa por acá ni cuánto vendemos, solo se que estoy 12 horas por día", contó Federico.

Otra característica tentadora para hacerse de este pan dulce es su precio, a 290 pesos, aseguran quienes lo compran todos los años.

En la confitería El progreso, una de las más antiguas en panificados de la Ciudad, activa desde 1919 y ganadora en 1923 de una medalla de oro por su pan dulce en una Exposición Internacional de pastelería en Italia, el postre con frutas cuesta 390 pesos, y en la también tradicional confitería Las Violetas, 380.

Bajo los incansables rayos de sol con casi 30 grados de temperatura, la fila que serpenteaba las veredas de los alrededores de Plaza Mayor incluía a quienes desembarcaron allí a las 5 de la mañana, otros que a media mañana se quejaban por la espera y quienes manifestaban su enojo porque la confitería admite que se lleven solo dos pan dulce por persona.

"Hace veinte años que vengo a esperar por nuestro mejor postre para la mesa navideña, y hace 58 años que estoy con mi mujer que es la que me manda a hacer esta cola", contó a Télam Miguel, de 80 años, que llegó temprano desde Avellaneda.

"Estoy esperando desde las 6 de la mañana y ya son las 10, es el mejor pan dulce, fresco y ya estamos acostumbrados a comerlo y si no lo compro mi mujer me pega", comentó risueño Carlos sobre el dulce, cuya receta pertenece la abuela de Federico.

"Mi papá vendía sidra y quería fomentar su consumo desde la confitería y le pidió a su mamá que lo ayudara a cocinar el pan dulce para su acompañamiento y así vender la bebida. Pero ganó el pan dulce, fue un éxito", remató.

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