25/11/2016 Mar del Plata

Una película rumana y la argentina “El futuro perfecto” cierran la competencia del Festival de Cine

La competencia internacional de la 31° edición del Festival de Cine de Mar del Plata entregó hoy sus últimos filmes.

La competencia internacional de la 31° edición del Festival de Cine de Mar del Plata entregó hoy sus últimos filmes con la sensación de que la muestra podría haber seguido unos días más, ya que en las jornadas finales se vio lo mejor de esta sección.

Ayer “Nocturama”, del francés Bertrand Bonello, y hoy “Scarred Hearts” (“Corazones cicatrizados”), del rumano Radu Jude, pusieron muy alta la vara de la Competencia Internacional y dejaron al jurado en la ardua tarea de fallar por el mejor filme de este año en Mar del Plata.

Wohlatz interpeló al público sobre el tema del desarraigo en el festival de Mar del Plata.


La muestra competitiva por el Astor de Oro, que incluyó 12 títulos de buena y pareja calidad, terminó hoy en su sexto día de proyecciones con “El futuro perfecto”, que se vio en segundo pase de prensa, una película argentina sobre una migrante china que llega al país realizada por la alemana Nele Wohlatz, que vive y trabaja en Buenos Aires desde hace varios años.

Tanto el filme de Jude como el de Wohlatz tienen la particularidad de haber sido programados en el último Festival de Locarno, donde los dos se alzaron con premios: “Scarred Hearts” obtuvo el Premio Especial del Jurado de la Competencia Oficial y el Don Quijote que entrega la federación de asociaciones de cine, y “El futuro perfecto” ganó el Gran Premio del Jurado de Nuevos Autores.

Filmada en 35 milímetros y en el formato académico de 4:3, con preferencia por el plano fijo y con un protagonista que está en posición horizontal en la casi totalidad del filme, la película de Jude toma como base la novela autobiográfica del escritor rumano judío Max Blecher.

Emanuel es el personaje central del filme, un joven poeta y estudiante de química con gran sentido del humor y amante de la vida, que padece la Enfermedad de Pott o tuberculosis vertebral y que por tal motivo es internado y tratado en un sanatorio a orillas del Mar del Negro, entre 1936 y 1938, en plena época de ascenso del nazismo, en un país con claras afinidades con el Tercer Reich, y que contabilizó el asesinato de 400 mil judíos durante la Segunda Guerra Mundial, la segunda matanza en número de víctimas después de Alemania.

Scarred Hearts” (“Corazones cicatrizados”)


El filme trae a la memoria -por el hospital, por ciertas características del médico jefe, por la tuberculosis (en este caso espinal, en el otro pulmonar), las largas internaciones y la sociedad de enfermos que se gesta allí, las siestas al sol (en este caso en la costa marítima, en el otro en los Alpes), las reflexiones filosóficas y el estado del mundo- a la novela de Thomas Mann “La montaña mágica”, pero a diferencia de aquella aquí todo es más sensual, más material y corpóreo, y los personajes no están atados a las apariencias y los modos apenas sugeridos sino que despliegan sus deseos y apetitos.

Además de una puesta en presente de las discusiones políticas y filosóficas de ese momento particular, la película es también una reflexión profunda sobre la vida, la enfermedad y la muerte, además de la lucha (sin sentimentalismo ni heroicismo) de un enfermo que no renuncia a la sensualidad ante los límites del padecimiento y la evidencia de un desfavorable cuadro clínico.

Película de experiencias profundas y bellísimamente filmada, más de dos horas tarda “Scarred Heart” en narrar su historia, y a cada paso es acompañada por fundidos a negro que intercalan textos de la novela de Blecher, en los que el escritor narra sus sensaciones durante su padecimiento en la internación por la Enfermedad de Pott.

En segundo término (y última película de la competencia) se vio “El futuro perfecto”, que además de un tiempo verbal es una pequeña (también en duración, apenas 65 minutos) historia sobre la migración, los vínculos, el lenguaje, el enfrentarse a la vida.

El personaje principal es Xiaobin (Xiaobin Zhang), una joven china que llega a Buenos Aires con 18 años y decide asistir a clases de castellano con otros migrantes para insertarse en ese nuevo mundo.

Desde estas clases de español se vertebra toda la historia del filme, con un personaje que crece en su capacidad de adaptación y de comunicación también a partir de un mayor dominio del idioma.

Filme sobre extranjerías, tierno, despojado, casi lúdico, “El futuro perfecto” gana en su decisión de ser simple y llano, y encuentra su historia casi sin proponérselo.

Los doce filmes de la Competencia Internacional aportaron una buena muestra, quizás sin grandes momentos (a excepción de “Scarred Hearts” y “Nocturama”) pero con buenas performances de filmes como “Hermia & Helena”, del argentino Matías Piñeiro; “Paradise”, de Andrei Konchalovsky; y “Era el cielo”, del brasileño Marco Dutra.

Algunos gustaron también de filmes correctos pero más previsibles en sus intenciones, tratamientos y posturas como “Moonlight” del norteamericano Barry Jenkins; “Acquarius”, del brasileño Kleber Mendonça Filho; y “La reconquista”, de Jonás Trueba; quedando en el último escalón de consideraciones “Free Fire”, del británico Ben Wheatley y “People That Are Not Me”, de la israelí Hadas Ben Aroya.

En cuanto a la Competencia Argentina, presentó una tendencia zigzagueante como el clima de esta semana en Mar del Plata, que fue del frío invernal a jornadas primaverales y aptas para bañarse en la playa.

“Pinamar” y “El silencio”, de Federico Godfrid y de Arturo Castro Godoy, respectivamente, fueron las más aplaudidas por parte de un público que colmó las funciones nocturnas, y las más logradas, destacándose también “Fuga de la Patagonia”, de Francisco D´Eufemia y Javier Zeballos, con una hermosa fotografía natural en un thriller gauchesco.

En la sección Latinoamericana, se destacaron la comedia existencial uruguaya “Los modernos”, el documental de Albertina Carri “Cuatreros”, la paraguaya “Ejercicios de memoria”, de Paz Encina (“Hamaca paraguaya”) y “El sacrificio de Nehuén Puyelli” de José Campusano, a esta altura un niño mimado del festival, que programa casi todos sus estrenos.

La amable estadía y el foco en el francés Olivier Assayas así como la instantánea visita del director de fotografía italiano Vittorio Storaro, que dio una recordada clase magistral pero no llegó a dormir en Mar del Plata, también realzaron el valor del encuentro cinematográfico, que mañana entrega sus premios y el domingo finaliza sus proyecciones.

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