18/11/2016 literatura

El libro de la semana por Beatriz Sarlo: “Villa del Parque”, de Jorge Consiglio

Editado por Eterna Cadencia, "Villa del Parque", es un pequeño libro de cuentos que dista de ser una autobiografía literario-barrial: es un libro asordinado e inquietante.

El año pasado, Jorge Consiglio publicó "Hospital Posadas", una novela hecha de sospechas y evidencias, crímenes de la dictadura y aventuras sucias o melancólicas del lumpenaje que quedó de ese pasado. "Hospital Posadas" es una narración complicada y extensa, que Consiglio gobernó perfectamente.

Ahora, con el mismo sello de Eterna Cadencia, ha publicado un pequeño libro de cuentos. "Villa del Parque" es el título desconcertante a primera vista, porque las ficciones no transcurren ni citan ese barrio porteño. El título, que parece una contraseña secreta de Consiglio, es también una pista para sus lectores. Por fortuna, no es un libro de autobiografía literario-barrial. Es un libro asordinado e inquietante.

La primera razón es bien evidente para quien haya leído "El Sur" de Borges. "Villa del Parque" se abre con un relato cuyo título, "Diagonal Sur", evoca el de Borges, publicado en "Ficciones" en 1944. Se sabe y la crítica lo ha dicho cien veces, que en "El Sur" Borges combina dos de sus cualidades más típicas: por un lado, el paso ambiguo entre realidad y fantasía, entre los hechos y la pesadilla; por el otro, la tesis de que en el sur, en la pampa surera, hay un destino inevitable, incluso para aquellos que no son argentinos por linaje, o quizás más inevitable todavía para aquellos que descienden de extranjeros y viven de manera voluntarista y consciente su "argentinización" o, mejor dicho, su acriollamiento. Estas son dos vigas maestras del imaginario borgeano.

Respetándolas escrupulosamente, Consiglio escribió un relato donde el descendiente de un extranjero (como Dahlmann, el personaje de Borges), se hiere gravemente cuando desciende un piso desde su oficina a la de un conocido, con quien comparte la pasión por el ajedrez (Dahlmann se hiere en la frente cuando sube las escaleras de su casa, con una edición de "Las mil y una noches"). Como Anatol, el personaje de Consiglio, ambos caen en un coma provocado por la infección y el golpe. Dahlmann y Anatol deliran durante días. En ese delirio, Anatol sueña una escena que transcurre en un bar de la calle Brasil, y tiene al personaje de Borges como figura. Restablecidos, Dahlmann y Anatol emprenden un viaje que suponen será el final de sus desgracias. Sin embargo, en ese viaje hacia el Sur, ambos encuentran un desafío al que se sienten obligados. Quien provoca a Anatol tiene los rasgos achinados de un enfermero de la clínica donde estuvo internado. Quien provoca a Dahlmann es "un compadrito de cara achinada"; y el patrón del almacén rural le recuerda a uno de los empleados del sanatorio. En el desplazamiento hacia el sur (Borges cree que todo cambia cuando se cruza Rivadavia o se llega al confín de la llanura) está la muerte.

Consiglio se preocupa de que esta relación entre su cuento y el de Borges sea exhaustiva y no pueda parecer librada a la casualidad de una cita. Quiere que ambos cuentos sean versiones uno del otro. Pone el de Borges como deliberada página liminar de su libro "Villa del Parque". Lo que hace con "El Sur" no es una relectura de discípulo piadoso, sino más precisamente una reescritura exhaustiva. No sugiere a sus lectores, sino que indica con precisión que se trata de ubicar a Borges completo en el comienzo de su libro.

Hay que preguntarse el motivo. Borges es autoridad. Una forma de deshacerse de ella es colocándola precisamente al principio, como quien dice: "Bueno, aquí está; ahora que cada cual haga lo suyo". Reescribir un cuento de Borges puede ser someterse a él o cumplir con el gesto de reconocer el peso de su presencia y seguir adelante. Consiglio hace ese reconocimiento, sin tics de estilo borgeano. Después escribe los seis cuentos de "Villa del Parque". Realiza toda la operación como un exorcismo. Los cuentos siguientes no están ni cerca ni lejos de Borges.

De esos seis cuentos, cinco terminan con un daño irreparable o con una muerte azarosa, cruel. Antes de estos finales, los cuentos narran la tranquilizadora o inútil monotonía de algunas vidas. Un hombre vuelve a su pueblo para arreglar su casa familiar y termina perdido en la noche, regresando de una fiesta campera, desorientado después de un accidente. En busca de ayuda entre el barro y los árboles, entrevé una figura, que probablemente sea él mismo. Nada más: se ha desvanecido la identidad, lo cual es una forma de la muerte.

Alguien corre por la orilla del mar y por los bosques próximos; en su itinerario encuentra tres vacas muertas y una viva: "Mugió largo y hondo; fue un lamento que llegó desde un lugar más antiguo que su garganta. Movió apenas la cabeza y se abandonó. Estaba tirada sobre unas lonas. Me miró fijo, aunque no hubo reconocimiento". Horas después, el hombre regresa: "La vaca estaba fija en su agonía. No había tragedia; tampoco exigía reparo: tramitaba sin dramatismo un acto biológico. Experimenté un sentimiento de inutilidad que me ayudó a actuar. Cargué el arma, contuve el aire, hice fuego". Son necesarios tres tiros. Consiglio presenta el acto con fría ausencia de sentimentalismo. Y, sin embargo, después de esos disparos, sobreviene una felicidad intensa y sin conciencia. Así es la muerte.

En otro relato, Jessica Galver, una mujer que pesa 207 kilos, se somete a una disciplina clínica sin atenuantes ni sosiego. Quien la cuida decidirá inyectarle la dosis mortal de alguna droga. Será el dulce fin de lo que no tiene remedio. Un siglo antes, el coronel Roca, de campaña en territorio de indios, sabe que va a matar a la hermana del cacique Yanquetruz, enviada para presentar sus reclamos. Toca con su mano el acero de la espada. Se aproxima la muerte segura, que sucederá al día siguiente. Cien años después, un grupo de escolares da fin a una gresca cuando uno de ellos obedece una orden silenciosa: "Gabito miraba a un perro flaco que había salido de la nada, un animal mugriento que fijaba su empeño en mantenerse parado. El bicho no llegó a intuir el peligro. Estaba sereno, casi ausente. Gabito retrocedió dos pasos y, después de evaluarlo un momento, le dio una patada brutal en la cabeza. A través del aire viajó un sonido de huesos rotos. El perro giró sobre sí mismo y cayó muerto".

La gigantesca y blanda Jessica que fracasa en su tratamiento y será liberada con un gesto erótico y piadoso; los tres tiros que terminan con la vaca; el acero que se hundirá en el cuerpo de la hermana de Yanquetruz; la patada que descoyunta al perro; el accidente que la bruma de una noche desconcertada vuelve siniestro. Y, finalmente, las cartas encontradas en el fondo de un armario, cartas de desconocidos, de fantasmas, mensajes que llegan del más allá.

No hay casualidad en esta sucesión de muertes sucias, dulces, crueles, incomprensibles. Consiglio las relata en detalle. La Villa del Parque es la del cementerio.