15/11/2016 Entrevista

Sylvia Molloy: “Lo que me interesa no es escribir en contra de, sino tratar de ver el revés de las cosas”

La escritora y ensayista argentina radicada hace 40 años en los Estados Unidos disertará mañana sobre escritura y lectura en la sede porteña de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.



Sylvia Molloy, escritora y ensayista argentina radicada hace 40 años en los Estados Unidos y que mañana disertará sobre escritura y lectura en la sede porteña de la Universidad Nacional de Tres de Febrero, resiste a las etiquetas que pretenden ubicarla en un lugar y apuesta por el fluir entre géneros, lenguas y perspectivas.

En noviembre los jacarandás en flor tapizan de un tono violáceo las calles porteñas. Desde hace mucho tiempo, esa paleta de colores es la excusa que Sylvia Molloy (1938), investigadora, autora de ficción y crítica literaria, tiene como anzuelo para volver una vez por año al país que dejó hace unas cuatro décadas para radicarse en los Estados Unidos, pero al que nunca abandona.

Además de recorrer los barrios florecidos, la autora de "Las letras de Borges", "Poses de fin de siglo: desbordes del género en la modernidad" y "Vivir entre lenguas" está de visita para participar mañana a las 18 de una charla en el Rectorado Centro de la Untref (Juncal 1319), coordinada por la Maestría en Escritura Creativa con inscripción previa, donde leerá fragmentos de su obra y reflexionará sobre la relación entre escritura y lectura.

"Me importa que los estudiantes tomen conciencia de la tradición literaria y de que lo que escriben necesariamente dialoga con algún otro texto, con recuerdos de lecturas. Aunque escribir es algo muy solitario, ermitaño, en la cabeza suenan ecos que afectan lo escrito", dice Molloy en entrevista con Télam, adelantándose al tema sobre el que disertará mañana, acompañada por Adriana Amante.

Hace cuatro años que Molloy se jubiló pero no perdió el contacto con las universidades donde se desempeñó como catedrática de literatura latinoamericana y comparada (Princeton, Yale y New York University), y todavía sigue dando cursos cuando la convocan. Disfruta de la libertad de los tiempos para escribir y celebra la posibilidad de viajar cuando quiere. De la Argentina viajará a una conferencia en Chile y después a Perú.

Molloy empezó a escribir crítica y la ficción llegó fortuitamente más tarde, sin esperarlo. Su primera novela fue "En breve cárcel" (1981), un relato intimista lésbico devenido en un clásico de su obra. "Estaba investigando sobre autobiografía y me taladraba la idea de aprovechar la experiencia de una coincidencia que experimenté para hacer algo distinto. Decidí escribir una novela en tercera persona desde mi pero sin ser yo".

-Télam: ¿No reniega de lo autobiográfico, entonces?
-Sylvia Molloy: ¡Para nada! Lo que hacés al escribir una autobiografía es construir un personaje que sos vos, pero es como un trabajo de ficción, no es distinto. Una vez, una crítica venezolana especialista en Alejandra Pizarnik me dijo que el personaje de "En breve cárcel" le parecía Pizarnik y a mí me dio un ataque de furia, pero al mismo tiempo no podía decirle "esa soy yo" porque en realidad no era yo sino un personaje literario con pedazos míos.

-T: Dice que estaba investigando sobre autobiografía y que por distintas motivaciones sintió la atracción de escribir una novela, ¿cómo se articulan ambas producciones en su trabajo?
-SM: Para mí se interconectan y, en general, trabajo con dos proyectos a la vez que dialogan. Me interesa esa mezcla, no me gustan las cosas demasiado proljitas: acá la ficción, acá la crítica. Para mí la letra dialoga con la letra. Soy como la golondrina. Me gusta esa soltura, esa movilidad. Por ejemplo, en "Vivir entre lenguas" hablo de mi experiencia de las lenguas pero también me interesa dialogar con escritores que han pasado por lo mismo; no quería escribir crítica sobre bilingüismo o sobre el cambio de lengua en el escritor sino dialogar con ciertos autores que reflexionan sobre el cambio de lengua e interpolarlas con experiencias mías.

-T: Usted es trilingüe: habla español, inglés y francés desde pequeña, de modo que las lenguas también dialogan con las lenguas pero en el caso de la ficción solo lo hace en español, ¿por qué?
-SM: No lo sé. No me siento cómoda escribiendo ficción en inglés o francés, en cambio crítica sí, de hecho hablo las lenguas con toda fluidez. Cuando me pregunto en qué lengua pienso, tampoco lo sé. A veces me encuentro pensando en español y otras, como ayer aquí, en inglés o francés.

-T: Ese lugar como de otredad también aparece en los temas de sus obras, como las disidencias, el género o las sexualidades...
-SM: Todo lo que escribo tiene que ver con un desvío, puede ser lingüístico o en diálogo con otros textos. Lo que me interesa no es tanto escribir "en contra de" pero sí tratar de ver el revés de las cosas, ver que son mucho menos sólidas o estables de lo que parecen. Y eso se refiere tanto a categorías literarias como no literarias. Dejar que el género hable en lugar de silenciar ciertas cosas, no para dictaminar, sino para decir "oiga, lean, acá está pasando algo".

-T: ¿Con qué por ejemplo?
-SM: En "Poses de fin de siglo" retomo una crónica de Jose Martí cuando va a escuchar una conferencia de Oscar Wilde en Nueva York, donde se ve que lo desconcierta cómo está vestido Wilde: con chaqueta de terciopelo y medias blancas. Está posando de manera afectada, dando su conferencia disfrazado como de cortesano y a Martí eso lo desconcierta. Le interesa lo que tiene qué decir pero se confunde, lo ve vestido como afeminado, entonces, escribe: "No viste como todos vestimos".

¿Quiénes son esos 'todos'? ¿Los hombres, los hombres latinoamericanos, el lector de su crónica en La Nación? Está totalmente desconcertado. Es ese el desconcierto que me interesa señalar en el texto, de que ahí está pasando algo. No se nombran las cosas por su nombre, acaso porque no hay nombre, entonces se tapa. Eso me ha interesado en crítica: ver esos tapujos, cómo funcionan las sexualidades en textos literarios o textos médicos.

-T: Tal vez por ese interés la han ubicado como una crítica y escritora con perspectiva queer, ¿acuerda con la etiqueta?
-SM: Alguien decía 'que me llamen lo que quieran con tal de que no me llamen tarde para comer'. Pero sí, me siento cómoda por la fluidez misma del término queer, ya sea escrito con q o c. Me interesa por lo desviado, lo torcido, lo que no cabe, lo que no está del todo asentado, como una categoría no patologizada con significados superpuestos. Apunta a la disidencia sexual pero también a otras disidencias difíciles de clasificar y ubicar en categorías estancas.

-T: Hace 40 años está radicada en los Estados Unidos ¿cree que su producción está atravesada por su situación de migrante?
-SM; Sí, ahora hay resabios de esa otredad en mi. Yo desconfío de la gente que dice estar perfectamente asimilada. En primer lugar hablo inglés con un acento y el acento es lo que te distingue de los demás y esa percepción de que tenés otro acento hace que nunca te sientas del todo en un lugar.

-T:¿Y piensa en regresar a la Argentina?
-M: Pienso que si volviera definitivamente me faltaría el otro polo, a mí lo que me estimula es el vaivén, ese estar aquí y allá. No dejo de pensarlo y fantasearlo. No quiero renunciar, quiero seguir yendo y viniendo.

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