14/10/2016 Poeta, periodista y ecologista

Pipo Lernoud presenta su libro "Yo no estoy aqu" en el CCK

Pionero del rock y del movimiento hippie, este sábado a las 19 hablará de la publicación que compila textos y experiencias vividas entre 1966 y 2016.

 



Por Gabriel Giubellino
“Yo no estoy aquí”, el libro que recopila poesías, textos periodísticos, fotos, divagues, correspondencia, naufragios y otras experiencias vividas por el siempre hippie Pipo Lernoud, será presentado este sábado a las 19 en la sala Federal del Centro Cultural Kirchner. Pionero del rock argentino, creador de algunas de sus primeras canciones -como Ayer nomás o Diana divaga-, ideólogo o partícipe también de publicaciones emblemáticas como Expreso Imaginario, La Mano o Canta Rock, agroecologista, su CV está bien reseñado en la invitación del CCK. En esta entrevista habla de su relación con la militancia política, de la gran movida de agricultura orgánica y asegura que el rock argentino está en uno de sus mejores momentos.
 
En la página 40 del libro editado por Gourmet Musical, hay un manifiesto escrito por un Pipo de 20 años. Era 1966 y decía: “Estoy cansado de la gente que justifica la matanza de otra gente en nombre de la Libertad, la Democracia, el Socialismo o cualquier otra Gran Palabra”.
 -A ustedes, los hippies, los corrían por derecha y por izquierda. ¿Cómo era?
-Era una opción rara, pero ahora parece que la militancia era una opción más popular de lo que reamente era. Si estamos hablando de los años 66, 69, los militantes eran muy pocos, algunos estudiantes universitarios. Claro, estaban los obreros, el Cordobazo. Pero la militancia popular vino mucho después, con los Montoneros en el 72, 73. Antes había más rockeros que militantes. Igual eran prerockeros y premilitantes. Cuando teníamos 16, 17, con Manolo Belloni leíamos Marx. No existían los rockeros, no existía la lucha armada. Existían el Che Guevara y los Beatles. 

-En uno de los textos contás que a los intelectuales les recriminabas que en Cuba estaban prohibidos los Beatles.
-Y los gays. Tuve una discusión muy grande con Manolo cuando me iba a ir a Europa, en el 69. Él me dijo: “igual no me vas a ver más porque voy a entrar en la clandestinidad”. Le dije: “vos estás loco, no sabés a quién vas a matar, por quién vas a morir". De ahí salió ese manifiesto que habla de los que justifican matar por las grandes palabras. Era muy abstracto todo. Calculá que en ese momento había 5% de pobreza, todo el país era clase media.
-¿Qué era el rock?
-El rock era Sandro, no existía La Cueva. Después cuando conocí a Moris, a Javier (Martínez), quedó todo claro. Estábamos en contra de cualquier opción autoritaria, no por un cuestión moral, sino porque no queríamos que nadie tenga autoridad total. Estábamos con la democracia absoluta, la libertad absoluta. Estábamos formados por Huxley, o por Gandhi. Buscábamos una forma de vida alternativa.
-¿La seguís buscando?
-Y… si.
-¿Con la permacultura, la agricultura orgánica?
-Si, viste en el libro que viajé por todo el mundo con eso (como vicepresidente de la Federación Internacional de Movimientos de Agricultura Orgánica).
-Ahí contás la anécdota de escuchar a Bob Dylan en Nueva Zelanda, entre campesinos del mundo que se ponen a cantar Highway 61.
-Si, no sé si está bien escrito ese cuento, pero bueno. Estaba con un hindú, como si te dijera, un chaqueño, de la India, que labura con pequeños agricultores, y todos conocían a Dylan.
-El Nobel de Literatura a Dylan, ¿lo ves como una reivindicación?
Frente a la máquina, en proceso de escribir su novela inconclusa.
Frente a la mquina, en proceso de escribir su novela inconclusa.
-Es algo que hace añares tenía que pasar. Él, personalmente, merece el premio Nobel ampliamente. Es el mejor poeta de su generación, un escritor extraordinario. Si literatura es trabajar con el lenguaje como un escultor trabaja el mármol, Dylan es un campeón mundial. Que sea cantante y rockero es secundario. Y además tiene el plus de que es eso y compone unas melodías impresionantes, es un personaje muy inteligente. El hizo una autocritica de la militancia en el 64. Estuvo en el movimiento de los derechos civiles y luego hizo una canción que se llama My back pages, que habla de que cree que el mundo era blanco y negro y que era un mosquetero luchando por la libertad y después se dio cuenta de que todo es bastante relativo y que lo que veía no era tan blanco y negro. “Era muy viejo entonces, soy mucho más joven ahora”. Después de escuchar eso, empecé a criticarme toda esa cosa política.
-Desde muy chico criticabas el monocultivo cultural o mental, el hecho de tener siempre el mismo alimento informativo. ¿Esto tiene actualidad?
-Siempre fue así. Soy un tipo grande, he vivido 50 y pico de años mirando estas cosas. Un 80% miraba Susana Giménez y el Club del Clan. Un 10% tiene curiosidad. Me gustaría sentarme con tipos de mi generación de distintos palos para analizar si hemos cambiado la conciencia de la gente, más allá de slogans. No es que viene el socialismo y se viene el hombre nuevo. Eso fracasó totalmente, de la misma manera que nosotros pensábamos que si tomábamos un ácido el mundo iba a cambiar.
-Un texto tuyo dice: “los Beatles tapan el rugido de la bomba con canciones furiosas y ropas de colores”. Es de 1966.
-Una de las conclusiones que tengo es que no es muy fácil cambiar y que es un poco una ruleta cómo vemos las cosas. Bueno, influye muchísimo qué educación tenés, los cuidados que tuviste, pero hay una frase que pongo en el libro: “somos todos iguales en que somos todos diferentes, todo lo demás  es ropa”. Cómo se desarrolla nuestra vida es una ruleta. Creo que es una obligación de los gobernantes dar igualdad de oportunidades, pero después hay que dar libertad total.
-A décadas de la Cueva, el rock ¿existe?
-Si, claro. Se volvió muy popular, por ende, muy comercial. Se volvió un vehículo para vender zapatillas o dentífricos. Dentro del rock están estas cosas gigantescas, Lollapalooza, Quilmes, Pepsi… Yo no voy, me parecen poco interesantes, con músicos en corralitos, obligados a tocar en un límite de tiempo y a repetir lo conocido.
-¿Vas a otros recitales?
-A muchos, a ver a grupos chicos. Como leo poesías con músicos jóvenes, vienen los pibes a verme y yo los voy a ver a ellos. Creo que esta época, con la de la Cueva y la de Einstein, a principios de los ’80 con los Redonditos y Soda Stéreo, son las tres mejores épocas del rock.
-¿En qué se transformaron los hippies de aquellos años?
-En algo que mencionaste antes, la permacultura. En el interior hay un movimiento muy grande de agricultura orgánica, con casas de barro. Está lleno de pibes que se van a vivir al interior. Es una movida mucho más grande que la nuestra. Nosotros éramos 20 tipos. Lo interesante es que hay muchos pibes de barrio, que estudiaron, qué se yo, para electricistas, dicen “no me banco mas esta ciudad, convertirme en un electricista de barrio”, y se van. Son tipos técnicos, saben de plomería, no son intelectuales como éramos nosotros, salidos de la facultad. Son de clase media baja o baja, que toman esto como una manera de vivir mejor. Rajarse al interior, que para eso la Argentina es un país maravilloso, más allá de que hay que lucharla en todos lados.
 
Pipo sigue escribiendo y linkeando en su página de Facebook. Mañana a a las 19, en la presentación de "Yo no estoy aquí", Pipo Lernoud estará acompañado por Juan Carlos Kreimer, Martín Graziano (compilador del libro) y Leandro Donozo, con el violín de Sami Abadi