12/10/2016 Malba

Carlos Motta: “Las conversaciones en torno a género y sexualidades se han tornado hegemónicas”

El artista colombiano Carlos Motta presenta "Réquiem", una videoinstalación dividida en tres piezas que indaga la relación entre religión y sexualidades disidentes.



Con "Réquiem", que inaugura mañana en el Malba, el artista colombiano Carlos Motta ensaya una búsqueda estética y política en clave queer a partir de una videoinstalación dividida en tres piezas que indagan la relación entre religión y sexualidades disidentes y desde ahí explora las posibilidades de una reforma social al interior de la Iglesia católica.

En la planta baja del Malba, en color rojo, el color de la liturgia religiosa, de la sangre, del cuerpo despedazado, la instalación del artista radicado en Nueva York inicia su peregrinación con una galería en catacumbas y una estatua de Caín, a través de tres habitaciones donde se proyectan piezas audiovisuales que combinan lo documental con lo artístico.

"En términos prácticos -explica el artista en diálogo con Télam- es una videoinstalación de tres canales y una escultura. En términos conceptuales es una reflexión acerca de la relación entre la sexualidad, en específico la homosexualidad y el homoerotismo, con la religión y las estructuras de dominación impuestas por la Iglesia católica".

Con el objetivo de disparar reflexiones estéticas sobre el vínculo entre los creyentes y las sexualidades no heterosexuales, el recorrido casi subterráneo por la sala del museo de avenida Figueroa Alcorta 3415, que se podrá visitar hasta el 19 de febrero, enhebra discursos narrativos y estéticos en tres actos performativos en los que el cuerpo es politizado y poetizado.


Así, los versos de "Libera Me" en la voz de un cantante con registros tonales distintos y una expresión de género sin límites definidos, como una drag queen, conviven con el análisis teórico de una teóloga feminista noruega que retoma las ideas de la argentina Marcella Althaus-Reid (1952-2009); y con una perfomance en una capilla franciscana del siglo XVI que se inspira en la obra de Caravaggio "Crucifixión de San Pedro".

Acompañando a la instalación, el próximo sábado así como también los días 19 de octubre y 4 de noviembre, se realizará el simposio "La internacional cuir: la indecencia y el futuro de la teología" con la participación de artistas, académicos y teólogos. "Busco acompañar mis obras con seminarios y reflexiones que problematicen mi trabajo", argumenta Motta.

-Télam: ¿Cómo concebiste la instalación?
-Motta: Aquí la palabra "Réquiem" parte de Gabriel Fauré, el compositor francés, y en específico la parte de "Libera Me" de esa misa, en donde el individuo le está pidiendo a Dios que lo libere; trata el tema de la culpa, de la agencia humana en vida para trascender en la muerte. Es decir, la mitología sobre la manera en la que se debe ser en la tierra para tener un espacio trascendental después de la vida. Todo este tipo de historia, si las enmarcas desde la perspectiva de la exclusión de la sexualidad y el género en la religión, resulta un poco contradictoria porque hay ciertos cuerpos, identidades y formas de vivir que han sido condenadas y marginalizadas y por consiguiente también, después de la muerte, eso sería un problema. La idea, entonces, fue pensar en la liberación como algo que tendría que transformarse y efectuarse en vida. No a partir de una acción individual basándose en las normas de la Iglesia, sino a partir de una reforma de la Iglesia para que se acople a la vida de las personas. No invertir la expectativa sino cambiar la institución para que las personas sean incluidas.

-T: ¿Y cómo empezaste a indagar en las sexualidades disidentes?
-M: Empecé trabajando sobre cómo nos relacionamos los ciudadanos con la democracia como forma de vida. A partir de ese interés amplio empecé a acercarme a pequeñas cosas e hice una serie de proyectos sobre intervencionismo americano en América Latina y cómo la idea de democracia que se promovió a partir de esa injerencia estaba condicionada por intereses económicos y militares. Y luego seguí con la inmigración que funciona en forma bastante entrelazada con la democracia. A partir de estas investigaciones llegué a que la sexualidad y el género son también puntos fundamentales para entender el funcionamiento de las sociedades democráticas, aunque muchas veces se ha priorizado clase y raza como los grandes temas de reforma social, y la sexualidad y el género han sido relegados. Y entonces pensé que tenía un espacio poco explorado desde las artes visuales para producir una serie de reflexiones que fueran tanto estéticas pero también políticas y sociales.

-T: Esa priorización de clase y raza sobre sexualidad, ¿crees que la colocó como un tema en los márgenes?
-M: Lo fue antes pero hoy en día las conversaciones en torno a género y sexualidades se han tornado hegemónicas. Eso es algo en lo que pienso mucho y sobre lo que baso las aproximaciones de mi proyecto.

A mí no me interesa promover la agenda de igualdad del movimiento LGBT porque para mí esas agendas están llenas de problemas, replican las exclusiones que se producen desde la sociedad heteronormada. Simplemente cambian los términos, no están cuestionando reformas sociales. Mi aproximación es más queer porque lo que busca no es esa inclusión o tolerancia sino romper con una serie de discriminaciones institucionalizadas.

-T: ¿Y cómo aparece la religión en el cruce con las sexualidades? 
-M: Yo crecí en un contexto católico, no fui criado como religioso en casa pero sí crecí en un país muy católico. Y me parece que la construcción de los imaginarios de marginalización a partir de la diferencia sexual tienen mucho que ver con los imaginarios cristianos en relación al cuerpo de Cristo y la Virgen María. Además hay una ávida condena perpetua de la Iglesia católica a las sexualidades diferentes. Pero no busqué acercarme desde la perspectiva de un ateo o de la filosofía continental, donde las ideas teológicas se ponen de lado porque se termina con la idea de la fe y ni siquiera tiene en cuenta las reflexiones teológicas porque las consideran un punto de diferencia demarcado. Me interesa mucho del trabajo de Marcella Althaus-Reid que a partir de la fe construye una crítica sistémica para reformar esas ideas teológicas. Así llegué no a plantear un ruptura radical con la Iglesia sino a crear esas críticas desde la religión misma y a proponer una serie de cambios en la manera que se percibe tanto la sexualidad como el género.