27/09/2016 literatura y DDHH

Mia Couto: “A diferencia de Sudáfrica, Mozambique eligió olvidar”

Couto es uno de los escritores mozambiqueños más reconocidos de la actualidad y visitó el país para presentar la novela "Un río llamado tiempo, una casa llamada tierra".

"Mozambique es un cementerio de olvido", dice el escritor Mí­a Couto, de paso por la Argentina para presentar la novela "Un rí­o llamado tiempo, una casa llamada tierra", donde aborda la historia reciente de su joven paí­s, que independizado hace 40 años vivió una extensa guerra civil que dejó cerca un millón de muertos y que, dos décadas después "sigue eligiendo olvidar".

Couto es uno de los escritores mozambiqueños más reconocidos de la actualidad y visitó el paí­s en el marco de la cátedra Coetzee de La Universidad Nacional de San Martí­n, donde se refirió a la construcción de la identidad y el ví­nculo memoria-olvido en ese paí­s africano donde fue un poeta adolescente, un joven comprometido con la causa independentista, un periodista que buscó verdades durante la cruenta guerra interna y un escritor polifacético que hoy ejerce como biólogo.

Nacido en Beira en 1955, Couto es heredero de la minoría blanca que ostenta el poder sobre una mayoría negra en Mozambique, pero es además quien a través de la literatura busca reconstruir una historia sangrienta que no encuentra eco en instituciones formales y que en la novela publicada por la Unsam alcanza reminiscencias mitológicas.

Allí, en el viaje que emprende el joven protagonista hacia su tierra natal para confrontar a un ancestro que ha dejado de vivir pero no muere, "el África moderna no alcanza a ocultar al África inmemorial", según detalla el Nobel sudafricano John Maxwell Coetzee; allí, en ese territorio, dice a Télam Couto, "son los muertos los que juzgan, los vivos los que reparan, los descendientes los que olvidan", y los que también perdonan. 

Con una literatura influenciada por el realismo mágico de Gabriel García Márquez y una lengua que remite a los brasileños Jorge Amado y Joao Guimaraes Rosa, sus textos, fieles a la oralidad mozambiqueña, modernizaron la literatura de su país, le valieron traducciones al inglés, italiano, francés y alemán y premios como el Unión Latina de Literatura Romance.

-Télam: Hay algo mitológico y ancestral que atraviesa su novela...
-Couto: Se trata de la cotidianidad de Mozambique. Hay algo fantástico en todo esto, algo relacionado al realismo mágico, pero también es mi experiencia personal de cuando trabajé como biólogo y todas las semanas atravesaba el puente de un río que al otro lado guardaba otro universo. Como otras fidelidades, culturas y creencias, algo más allá de la geografía. 

-T:¿Cómo describirí­a la actualidad sociopolí­tica de su paí­s?
-C: Hay muchas realidades sociopolíticas en Mozambique, el tema es cómo se construye una nación encima de un conjunto de otras naciones; cómo se importa una idea de modernidad construida lejos, traída de afuera; cómo hacerla propia. 

-T: En 1974, cuando Mozambique estaba a punto de independizarse, se unió al movimiento político y guerrillero Frelimo como periodista en el diario Tribuna. Después dirigió la inédita Mozambique Information Agency (AIM) y más tarde la revista Tempo. ¿La crónica periodística ha tenido responsabilidad en los relatos de su país?
-C: Sin duda. Y puede que no esté completamente viva ahora, pero la crónica es un género en la frontera entre el periodismo y la literatura que puede traducir muy bien la realidad y que convive muy bien entre fronteras. Aunque el periodismo que hacía hace 40 años tenía una búsqueda, la intención de descubrir verdades, y ahora gran parte se hace con la intención de vender.

-T: ¿Puede hablarse de un literatura africana?
-C: No existe una literatura africana, siempre tendemos a excluir la región del norte que tiene su propia lengua, escritura y tradición poética. Incluso en el África negra existen más de 1500 dialectos. Pero si algo tiene en común es haber dejado un rol de combate contra el colonialismo para volverse más viva y más abierta. Hoy nuestros escritores no precisan probar que son africanos.

-T: Mozambique se independizó en 1975, cuando usted tení­a 19 años. ¿Cómo impactó eso en su obra?
-C: Tenía una visión ingenua del mundo y pensaba que algo nuevo realmente estaba naciendo cuando izaron por primera vez esa bandera. En principio formé parte del movimiento que buscó la afirmación colectiva, pero avanzada la guerra civil comencé a reivindicar la fuerza individual y la intimidad. Aunque la búsqueda de una identidad y la reconstrucción de la historia de Mozambique conforman mis obsesiones incluso más allá de lo literario. 

-T: La Guerra Civil del 76 al 92 dejó un millón de muertos. ¿Cuál fue su efecto en la literatura mozambiqueña?
-C: La literatura de Mozambique no tenía fuerza, no tenía alma para hablar de la guerra. Recién en los 90 empezó a respirar. Pasa que lo primero que se hizo en la guerra civil fue matar maestros y destruir escuelas, en un país que todavía estaba formando su lengua, el portugués, como oficial. Esto tuvo consecuencias que todavía persisten, hay una generación entera con dificultades para leer y escribir, personas que ahora tienen 40 años, que tampoco leen ni escriben en su lengua. Recién ahora, tras 20 años de democracia, están surgiendo nuevas propuestas poéticas.

-T: ¿Esa tragedia colectiva no alcanzó a la literatura individual?
-C: Casi nada. En Mozambique hay como una amnesia colectiva, casi nadie buscó esclarecer culpas. Contrariamente a Sudáfrica, Mozambique eligió olvidar. El olvido es una construcción tan real como la memoria. Es una opción. No hay vacío posible, a lo largo de siglos pasamos muchas historias de conflictos que también fueron olvidados. Somos un cementerio del olvido. 

-T: ¿Cuál es el valor del olvido?
-C: Al principio pensé que si todos deciden olvidar eso esconde cierta sabiduría, supuse que las personas percibían que convocar la memoria podía generar un nuevo conflicto armado. El punto es saber para qué se recuerda el sufrimiento, si no tienes instituciones fuertes que te escuchen y defiendan, no vas a querer recordar.

-T: ¿La cuestión es la utilidad de la memoria y el olvido, el balance?
-C: Memoria y olvido son dos herramientas y cada una tiene su momento. Tampoco se puede resolver el pasado olvidando y ahí es donde entra la literatura, que en Mozambique tiene como papel revisitar el pasado sin la preocupación de acusar sino de rehumanizar la historia. La memoria en Mozambique estuvo a cargo los jefes locales de aldea, quienes se encargaron de pasar factura por fuera de las instituciones formales y de una forma casi religiosa, porque en ese poder tradicional no hay separación entre religión, política y poder. 

-T: A los 12 años publicó sus poemas en un diario de su país. ¿Como ocurrió eso?
-C: Vivíamos en casa de manera poética. Papá era escritor, los libros ocupaban rincones y estantes y un día me robó un poema y lo publicó en el periódico. Yo me enojé bastante pero fue un buen inicio. 

-T: ¿Cómo afecta a su literatura su trabajo de biólogo?
-C: Me enseña a escuchar mejor a las criaturas que aparentemente no tienen voz.