21/08/2016 fueron reunidos por Télam

Jóvenes de distintas fuerzas políticas se forman en liderazgo con los jesuitas

La escuela ofrece a los alumnos un programa académico -que incluye ciencia política, administración pública y economía- y también encuentros con políticos destacados, recorridas por las villas del conurbano bonaerense de la mano de punteros, entre otras actividades.

Jóvenes provenientes de distintas fuerzas políticas apuestan a la formación en liderazgo en una escuela dirigida por jesuitas, como parte de una experiencia inédita en el país que apunta a recuperar la decencia en la "cosa pública" y a reivindicar la política como herramienta de cambio y justicia social.

"Acá no hay grietas. Buscamos formar una nueva generación de dirigentes políticos con estos jóvenes que ven la necesidad de diálogo, que pueden convivir a pesar de sus diferencias ideológicas y que consideran necesario desterrar los vicios de la vieja política", contó a Télam el sacerdote jesuita Rodrigo Zarazaga, doctor en ciencias políticas y director del Centro de Investigación y Acción Social (CIAS) de la Compañía de Jesús, que está al frente de la escuela de liderazgo.

Reunidos especialmente para Télam, un grupo de alumnos de entre 25 y 35 años -pertenecientes al PRO, el Frente para la Victoria, la Coalición Cívica, el Frente Renovador y el Partido Socialista- contaron su experiencia en la escuela y relataron cómo fueron descubriendo coincidencias en sus ideales políticos pese a las diferencias ideológicas.

Con sede en las instalaciones del Colegio del Salvador, la tradicional escuela de los jesuitas en Buenos Aires donde Jorge Bergoglio fue profesor en la década del '60, la escuela ofrece a los alumnos un programa académico -que incluye ciencia política, administración pública y economía- y también encuentros con políticos destacados, recorridas por las villas del conurbano bonaerense de la mano de punteros y por el monte santiagueño con organizaciones campesinas, y un viaje de fin de curso a la Universidad de Georgetown en Washington.

"En política, uno tiende a agruparse con el que piensa como uno, pero acá se rompe ese esquema. El trabajo interpartidario en el Congreso es bajo y acá se da naturalmente, sin querer perjudicar al que piensa distinto", destaca el cordobés Gregorio Hernández Maqueda -de 24 años- asesor de la Coalición Cívica en la Cámara de Diputados y que fue nominado por Elisa Carrió para realizar el curso.

Para la marplatense Agustina Rodríguez Biasone -de 24- que se define atea y feminista y trabaja junto a la diputada socialista Alicia Ciciliani, la experiencia de la escuela de liderazgo es "muy fructífera" y destaca que son parte de una "generación que vino después del 'que se vayan todos' del 2001 pero igual decidió comprometerse en política".

"La grieta vende en las noticias pero no construye un país. Necesitamos diálogo a largo plazo y nosotros podemos hacerlo porque somos la generación que piensa a futuro", asevera la joven, integrante del Centro de Estudios Municipales y Provinciales (Cemupro).

Desde la vereda del oficialismo, Alejandro Ok -31 años, actual gerente general del puerto de Buenos Aires y militante del PRO- cuenta que mientras cursaba tuvo que decidir si seguir siendo un "técnico, lo que implicaba un techo" o dedicarse verdaderamente a la política para "expandir horizontes y que el trabajo tenga más efectivo alcance" para mejorar las necesidades de la población.

"La política es una aventura para recorrer con amigos. Es un camino largo y tedioso en el que sostener y compartir valores con otros a pesar de las diferencias ideológicas es muy importante", aporta Marcelo Corti -36 años-, integrante del Frente Renovador que lidera Sergio Massa y secretario de bienestar de la Facultad de Economía de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Juan Manuel Cerezo -de 29, proveniente de la Juventud Peronista e integrante de La Cámpora, concejal de General Las Heras- cuenta que en un principio se sentaban separados en el aula y se miraban con recelo pero que poco a poco -sobre todo después de compartir experiencias en los lugares mas pobres del país- se fueron dando cuenta que hasta podrían trabajar juntos, a pesar de estar en veredas políticas opuestas.

"No discrepamos en los ideales. Creemos en la pluralidad. Acá no se busca homogeneizar el pensamiento sino, desde las diferencias, comprender al otro con respeto. Reivindicamos la política como la posibilidad de transformar la realidad y generar políticas públicas que mejoran la vida de la población", expresa.

La más introvertida del grupo es Claudia Cabrera -27 años- egresada de periodismo en la UCA, de familia paraguaya radicada en la Villa 31; que actualmente trabaja en la subsecretaria de Relaciones Internacionales de gobierno de la ciudad de Buenos Aires y llegó a la escuela de liderazgo invitada por un sacerdote amigo.

"De la villa muchos hablan y no la conocen. No quería cometer el mismo error y criticar a la política sin saber de que se trata. Desde la Iglesia se pueden hacer un montón de cosas por la gente que sufre pero siento que desde la política, vivida con corazón y pasión, podes cambiar verdaderamente la vida de otros", reconoce.

Todos ellos forman parte del grupo de 30 alumnos que realizó el año pasado la primera experiencia de la escuela de liderazgo que conducen los jesuitas, después de haber pasado un riguroso proceso de selección que dejó afuera a otros 400 postulantes.

Sin filiación partidaria y buscando tener alumnos de todo el espectro ideológico y sociopolítico, el CIAS diseñó un código de convivencia con pautas sobre cómo dialogar en el aula y los espacios compartidos, aunque no evitó que las chicanas políticas estén presentes durante las clases.

A la hora de enumerar las condiciones que un buen líder político debería tener, los jóvenes plantean un punteo colectivo: no disociarse de la realidad, no perder nunca la cercanía con la gente, saber escuchar y dar espacio a los otros, ser decentes tanto en la vida pública como en la privada, que no lo lleve puesto la 'rosca' política y mantenga sus valores éticos.

Entre sus referentes nacionales, mencionan desde Juan Manuel Belgrano y José de San Martín, pasando por Hipólito Yrigoyen, Juan Domingo y Eva Perón, Arturo Illia, Alfredo Palacios, el cura Carlos Mujica hasta Raúl Alfonsín y Néstor y Cristina Kirchner, todos "líderes que hicieron la diferencias y pusieron el cuerpo a la política", según definen.