19/08/2016 cine

Pablo Csar vuelve a frica para reivindicar la sabidura de los antiguos en "El cielo escondido"

El décimo largometraje del cineasta es una aventura con climas de suspenso, acción y thriller esotérico-político que se exhibe en salas locales y en la que sigue los pasos de Hermes, un antropólogo argentino que busca en los desiertos de Namibia el origen del hombre y el universo, a través del estudio de la sabiduría ancestral de antiguos pueblos africanos.

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Se trata de la tercera parte de una trilogía aún inconclusa que tiene al mismo personaje como protagonista y que César empezó hace dos años con “Los Dioses de Agua”, que filmó en Angola y Etiopía, siguió con esta nueva aventura en la que se cruzan la masonería, el nazismo y experimentos con virus en humanos, y terminará el año próximo con “El día del pez”, que filmará en Senegal y Malí, donde buscará el origen de la pasión de Hermes por el saber.

César usó el formato hogareño de Súper 8 milímetros para describir visiones y sueños en estado de vigilia del protagonista, “porque él busca encontrar la respuesta de las formas del universo creadas a través del sonido. Estamos en un universo de planos vibrantes y resonancias, y él cree que a partir de ellas, a causa de esa vibración del sonido, se produjo la creación del movimiento y la imagen del universo”.

“Evidentemente tenemos mucho que aprender de los pueblos africanos porque ellos fueron los primeros científicos y filósofos de la humanidad, incluso muchísimo antes que los griegos, pero con el tiempo fueron olvidados, vapuleados y puestos en un lugar de degradación. Ahora la ciencia dice lo mismo que ellos dijeron antes con otros lenguajes”, afirmó el cineasta en una entrevista con Télam.

Guíado por los estudios de Marcel Griaule, el único hombre blanco a quien el pueblo Dogón en Malí le reveló los secretos de su conocimiento ancestral, César se abocó a filmar películas con el objetivo de “reivindicar estas culturas y toda esa sabiduría olvidada. Son conocimientos de astronomía que la ciencia occidental conoce desde hace muy poco y que ellos ya conocían desde hace cientos de años”, aseguró.

"Tenemos mucho que aprender de los pueblos africanos porque ellos fueron los primeros científicos y filósofos de la humanidad, incluso muchísimo antes que los griegos, pero con el tiempo fueron olvidados, vapuleados y puestos en un lugar de degradación"

Según el director, el título “El cielo escondido” se refiere a toda esa sabiduría milenaria escondida y dejada adrede en el olvido, ya que, tal como lo dice Hermes en el filme, él también cree que “si a la humanidad se le dijera que podemos haber sido un producto de la manipulación genética de una civilización superior, se podría generar un colapso en el mundo”.

“Desde hace siglos que nos gobiernan con el miedo y la ignorancia. Lo cual permite un dominio total sobre la humanidad”, advirtió.

En su décimo largometraje, la primera coproducción entre Argentina y Namibia, César sigue los pasos de Hermes (Pablo Padilla), que se encuentra en el seno de una aldea de la etnia Damara en Namibia, compartiendo enseñanzas con los niños del pueblo y buscando información sobre los conocimientos que se transmiten hace milenios de forma oral de chamán a chamán.

Después de su atormentado paso por Angola y Etiopía (que César describió en “Los Dioses de Agua”), a Hermes lo guía ahora la convicción de que el hombre -tal como lo indican los sabios de viejas culturas como los Tchokwe en Angola o los Dogón en Malí- es el producto de una creación llevada adelante por civilizaciones altamente desarrolladas en un pasado remoto.

 En los desiertos de Namibia, un país que es piedra y arena en un 90 por ciento de su superficie (en donde se filmaron superproducciones como la última “Mad Max”), Hermes conoce a Lavinia, una joven médica que trabaja en una ONG que asiste a mujeres en situación de riesgo sanitario, y ambos sufren un desafortunado contacto con integrantes de una logia vinculados a un laboratorio de experimentación bacteorológica.

El cineasta establece un paralelo entre esas pruebas científicas realizadas por un laboratorio alemán con los experimentos con humanos que llevó adelante Wouter Brasson durante el apartheid en Sudáfrica (antes de que Namibia se independizara de ese país), en los que buscaba crear un virus que eliminara únicamente a la población negra y que provocaron al menos 229 muertes, por las fue encarcelado, aunque luego recuperó la libertad.

Filmada en 35 milímetros color, con lentes anamórficas, por el director de fotografía Carlos Ferro Gómez, la nueva película de César es una coproducción con la Namibia Film Commission y también transcurre en un gran porcentaje de su metraje en la localidad cordobesa de La Falda, más específicamente en el hotel Edén, que “era habitualmente visitado por nazis o gente vinculada con el nazismo”.

“Son curiosas las salas octogonales del hotel, las típicas salas de reuniones de los miembros de la Sociedad Thule, creada por Hitler y Rudolf von Sebottendorff, una logia ocultista, racista y mística que reivindicaba el origen de la raza blanca. Tuvieron mucho poder y la masonería estuvo muy ligada. Algunos dicen que desparecieron y otros que no, que siguen funcionando en las sombras”, señaló César.

 El cineasta sostuvo que en la película “se colaron el suspenso y el thriller, la acción y la aventura. Aunque no es una película de género, incluye esos climas. Al existir laboratorios experimentando y generando paranoia, o largando virus, la historia me llevaba indefectiblemente por el lado del thriller y la conspiración”.

César aprovechó al máximo las posibilidades visuales que le ofrecían la geografía de Córdoba y especialmente la de Namibia, como las enormes piedras de las aldeas Damara, los misteriosos Círculos de las Hadas que nadie sabe cómo, pero se forman y mueven por el desierto, y que él filmó desde un globo aerostático, además de Kolmanskop, un pueblo desierto y cubierto por arena en el que vivían alemanes que buscaban yacimientos de diamantes.
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