16/08/2016 análisis

El lado oscuro de Black Mirror: “No es la tecnología que hace escalofriante al futuro”, consideró un filósofo

Especialistas abordaron los escenarios que ofrece esta serie surrealista de la plataforma Netflix, surgida en Gran Bretaña y donde se conjugan la hiperconexión y la tecnodependencia de las personas con desafíos morales, éticos y políticos de la sociedad.

Por Melisa Avolio

"No es la tecnología lo que hace escalofriante al futuro", coincidieron especialistas consultados por Télam sobre el porvenir distópico planteado en los capítulos de la exitosa serie.

Una creación de Charlie Brooker

Los especialistas abordaron los escenarios que ofrece esta serie surrealista -surgida en Gran Bretaña y que a raíz de su popularidad estrenará una nueva temporada en Netflix, en octubre-, en los que, según el capítulo, los personajes tienen chips insertados en el cuerpo para grabar toda la realidad, pueden literalmente borrar a quienes quieran o filmar sin parar a una persona para vengarse de un crimen.

"La tecnología no hace escalofriante al futuro en Black Mirror, lo que lo hace terrorífico es la distancia con que la ciencia ficción nos permite observar las desgracias de nuestra sociedad presente", explicó a Télam Rodrigo Illarraga, historiador y doctorando en filosofía (Conicet). 

Esta serie surrealista, que presenta un compendio de historias agudas e intrigantes sobre la "tecnoparanoia", estrenará una nueva temporada el viernes 21 de octubre, a nivel mundial.

"Si construir un futuro mejor no está determinado por la tecnología, tenemos algo de cintura para evitar ser lo que Black Mirror nos muestra. Ahí está la potencia política de la serie, que nos llama a no rendirnos bajo el determinismo tecnológico fácil y cómodo", subrayó Illarraga. 

Esta visión esperanzadora también está implícita en la concepción distópica de la serie, que no debe ser entendida como antiutópica, ya que esta última "cree que la imaginación nos obstruye la acción reformadora y nos crea miedos", describió a Télam Lucas Misseri, doctor en Filosofía (Conicet). 

En cambio, Black Mirror está basada en "una sociedad imaginaria que exagera nuestros defectos actuales con la finalidad de alertarnos sobre un futuro posible que no deseamos que ocurra", aclaró.

Por eso, el filósofo subrayó que "quien ofrece una mirada distópica alberga en su fuero interno la esperanza de que las cosas no ocurran como describe, de que algo se pueda hacer para evitarlo".

Es así que el interrogante que cabe sobre la serie es si la tecnología asume la forma de mero instrumento o tiene alguna forma de moralidad que se puede incluir en su diseño. 

"Los filósofos de la técnica, al menos desde Gilbert Simondon en adelante, cargaron contra lo que el francés llamó 'el mito del robot'. En términos de la serie podríamos decir: ¿la visión distópica desplegada en los episodios de Black Mirror representa nuestra derrota ante las máquinas?", se preguntó Misseri. 

Así, el especialista resaltó que esa visión del robot como el enemigo o de la tecnología como el rival de lo humano es "demasiado simplista", y agregó que en realidad "algunos episodios son más acordes a la idea de que no se trata de una lucha entre lo orgánico y lo inorgánico, sino entre los diseños que concebimos y el lugar que le damos a la tecnología en nuestra vida cotidiana".

A pesar de que la serie implique una visión futurista, se pueden establecer ciertas analogías entre los episodios y lo que ocurre en nuestra sociedad actual en términos de, por ejemplo, las consecuencias de la viralización de videos, las tecnologías de almacenamiento, y la Internet de las Cosas.

En el primer capítulo, denominado "El himno nacional", se presenta la viralización de un video escandaloso protagonizado por el primer ministro británico. En la actualidad, "la viralidad puede aparecer por muchas causas, por ejemplo cuando el atleta de los Juegos Olímpicos se rompió la pierna, era inevitable no ver en Internet todo tipo de posteos para ver el video a minutos del hecho", comentó a Télam Diego Caballero, docente universitario (UBA) e investigador sobre Informática y Datos (UBACyT) 
"Pero también sucede con los videos de 'terroristas' que asesinan soldados de Estados Unidos, por ejemplo, o los videos 'prohibidos' de los famosos. El morbo es uno de sus principales aliados", consideró Caballero. 

El caso de Black Mirror -agregó el docente- "es muy interesante para analizar hasta qué punto un gobierno puede censurar un contenido en Internet, ya que en breves minutos se puede bajar y replicar o subir a otros sitios, por ejemplo". 

Por otro lado, en el episodio “Tu historia completa”, se lleva al extremo el registro de la vida de las personas a través de un chip que se instala en sus cuerpos. En un ejemplo más cotidiano y sencillo, -citó Caballero- los recordatorios de Facebook funcionan en un sentido similar, al recordarle diariamente a sus usuarios qué hicieron y cuándo, en relación a publicaciones que ellos mismos realizaron.

En este sentido, lo que aparece de forma transversal en varios episodios es la concepción de "espectacularización de la vida", que lleva al debate implícito sobre si es más importante la experiencia o la necesidad de registrarla, señaló el docente. 

En el capítulo denominado "15 millones de méritos", se puede vislumbrar la concepción del "mundo que se viene" con Internet de las cosas, llevado a un extremo muy provocativo.

"Es muy interesante pensarlo como un cerebro simulado hecho información de una persona, que vive en una 'galleta' (o cookie) y gracias a la información que se absorbe previamente, quien paga por el servicio puede llevar una vida automatizada con sus propios gustos sin tener que hacer nada", comentó Caballero.

En este sentido, señaló que lo "provocativo" de ese capítulo es "pensar si esa información que habla, sufre, grita, pero no tiene cuerpo es considerado vida, porque si lo fuese sería considerado una especie de esclavitud a pedido de uno mismo". 

En términos generales, "el desafío que parece hacernos consciente la serie está en concebir nuestra relación con la tecnología de un modo más humanizante, potenciando lo que consideramos valioso de nuestro vínculos en lugar de reemplazarlo con el último gadget", concluyó Misseri.