11/08/2016 libro

Michel Nieva: "Herclito era un misntropo, odiaba a todo el mundo, y no admita la autoridad de nadie"

Escritos aproximadamente hace 2.500 años, los textos rescatados de la obra de Heráclito (535-484 a.C.) son publicados en "Los fragmentos", una nueva versión a cargo de Michel Nieva y Zara Benaventos Ceppi, que aborda, por primera vez en castellano, el pensamiento del filósofo griego conocido como "el Oscuro" desde una perspectiva centrada en su valor poético.

Por Juan Rapacioli


Publicado por Nulú Bonsai Editora, el libro se aleja de las traducciones religiosas, académicas y científicas que se hicieron a lo largo del siglo XX de los escritos que se conocen de Heráclito y presenta una versión bilingüe que se destaca por la potencia de la poesía que atraviesa los textos del filósofo griego, conocido gracias a citas de otros autores tomadas de un supuesto libro perdido: "Sobre la naturaleza".

El escritor Michel Nieva, uno de los traductores del libro, habló con Télam sobre la novedosa edición que presenta en clave poética la poderosa obra de un pensador universal -muchas veces abordado por Borges-, cuya obra, como la de otros anteriores a Platón, se cree que fue quemada en el incendio de la Biblioteca de Alejandría, y rescatada a través de las citas de otros autores.

- Télam: ¿Cómo llegaste a los escritos de Heráclito y cómo surgió la idea de traducir sus fragmentos?
- Nieva:
La primera vez que me encontré con un fragmento de Heráclito no lo entendí porque estaba en griego y todavía no había aprendido el idioma. Era el epígrafe de los "Four Quartets" de T.S. Eliot. El fragmento 60, que en nuestra traducción figura "el camino hacia arriba hacia abajo: uno y el mismo". Después me enteré de que en sus "Fragmentos Verticales", el poeta Roberto Juarroz afirma que encontró en ese fragmento el problema central no ya de su poesía sino directamente de la existencia humana, porque, dice Juarroz, hay un camino hacia abajo que abarca desde las hojas de los árboles hasta todo lo que existe en el universo, que es la caída, y que en la vida del hombre es una constante hasta darse por última vez de forma definitiva en su muerte. Pero dentro de esa caída hay una especie de fuerza inversa, que es el rebote, el ascenso, el vuelo, y es el camino que permite al hombre soñar y vivir. Después, como muchos, me encontré a Heráclito en los poemas de Borges. Pero cuando entré a la carrera de Filosofía de la UBA me asombró que todas las interpretaciones que había ahí ignoraban el lugar que Heráclito ocupa en las tradiciones literarias y en las lecturas que muchos autores centrales de esas tradiciones hacen de él. Intentaban conectarlo con el racionalismo ateniense de Platón y de Aristóteles y leyéndolo a partir de la corriente analítica anglosajona que se ocupa mucho del contenido lógico del pensamiento, y poco o casi nada de la forma de escritura, que justamente es lo central en Heráclito y en cualquier texto poético.

- T: ¿Cuáles son las diferencias fundamentales de esta versión de "Los fragmentos" con las anteriores?
- N:
Si nos atenemos a las versiones que se hicieron desde el siglo XIX, que son todas académicas, las diferencias parten de lo que decía antes. En primer lugar, la mayoría cercena la fragmentariedad, convirtiendo los textos en pequeñas unidades de sentido, poniendo al comienzo de cada uno mayúscula y al final punto, cuando en realidad son retazos inconexos de citas en un lenguaje muy hermético y plagado de juegos de palabras. El problema también es que la mayoría de las traducciones parten de lecturas académicas, que quieren dar una versión sin grietas, de sentido atesorable y transmitible, porque la academia en general no se da lugar para lo que asombra o confunde. Pero el centro mismo de cada fragmento es la interrupción, la ambigüedad, la anfibología, y nosotros tratamos de rescatar lo poético que hay en esos juegos, que también se ve agudizado por el hecho de que el texto haya llegado en citas entrecortadas. En resumen, quisimos hacer una versión para los lectores de poesía y de literatura y no para los lectores de papers. No digo que sea mejor que las otras, sólo que es un abordaje distinto.

- T: Hay una insistencia, a lo largo del libro, sobre los elementos de la naturaleza: agua, aire, fuego, que parecen funcionar como la base de las conductas humanas...
- N:
Heráclito toma una serie de elementos entre los que se incluyen el agua, el fuego, el rayo, que siempre sugieren la idea del flujo y de lo que es abrupto, intermitente. Esto me parece interesante porque muchas veces me preguntaron por la actualidad de la filosofía heraclítea, y creo que estas son cuestiones que marcan de manera muy fuerte nuestra época. Por poner un solo ejemplo, a comienzo de año salió en Nueva York y hace un mes acá un libro de Boris Groys, "Arte en flujo", en el que propone que el arte en el siglo XXI se define por la fluidez. La performance, la instalación, los contenidos que circulan por Internet, son manifestaciones que no están hechas para atesorarse y transmitirse sino para desaparecer en su expresión misma. Esta cuestión es central en la forma fragmentaria en la que se preservan "Los Fragmentos" y que los resignifica. Malén Denis, una poeta amiga, me dijo que Heráclito es el primer tuitero de la historia de la humanidad, porque todos sus fragmentos entran en la extensión de un tuit. Si bien es un comentario que tiene más de ingenioso y de gracioso que de cierto, creo que es síntoma de que hay algo de la escritura heraclítea que se actualiza y sigue vigente en muchas de las producciones discursivas actuales.

- T: Otra cosa que sorprende es cómo Heráclito lanza críticas a Homero, Pitágoras, Hesíodo, entre otros clásicos a los que mira con cierta desconfianza...
- N:
Bueno, esto lo acercaría todavía mucho más a un tuitero o al gesto de las vanguardias del siglo XX. Heráclito era un iconoclasta, un misántropo, odiaba a todo el mundo, y no admitía la autoridad de nada ni de nadie. En la mesa de presentación del libro, Lucas Soares dijo que si Heráclito reviviera y se enterara de que en el siglo XXI alguien afirmaba que él era un poeta, lo hubiera negado y hubiera publicado, como Gombrowicz, un libro titulado "Contra los poetas". Heráclito disentía con todos, hasta consigo mismo, y creo que ahí está lo más interesante de su pensamiento.