10/08/2016 opinin

La universidad intercultural debe ser nuestro objetivo

Este año, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se celebró ayer, está dedicado al derecho a la educación y al respecto opinó para Télam Aníbal Jozami, rector de la Universidad Nacional de Tres de Febrero.

Por Aníbal Jozami (*)

La cultura y el conocimiento son el motor de la evolución humana e indudablemente el primer antídoto para, al menos, contener el temor atávico a lo diferente, una diferencia que también está presente en los niveles del sistema educativo, en los que los pueblos indígenas enfrentan dificultades que solo podrán abordarse concibiendo la educación desde una cosmovisión intercultural.

Es desde este pensamiento que la Universidad Nacional de Tres de Febrero ha venido trabajando en jornadas y libros; como el que se presentó la semana pasada "Educación Superior y Pueblos Indígenas en América Latina. Experiencias, Interpelaciones y Desafíos", en un coloquio sobre la temática realizado en nuestra institución.

Este año, el libro y el coloquio se desarrollaron un mes y medio después de la aprobación de la Declaración Americana sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas en la Organización de Estados Americanos (OEA), un hito esperado desde 1999.

En el prólogo de este último texto, realizado con el aporte académico de especialistas de toda la región, abordo la cuestión de la otredad y el miedo a lo desconocido y planteo justamente que la diferencia, el temor al otro, no puede sino también estar presente en los diferentes niveles del sistema educativo. Se materializa en formas tales como la exclusión, rechazo o simplemente desconfianza hacia estudiantes, docentes, visiones del mundo, lenguas y modos de conocimiento que son la esencia cultural de los pueblos indígenas.

Las luchas políticas y sus consiguientes avances legales de los pueblos indígenas tienden a hacerles justicia en los hechos, luego de siglos de estigmatización. Sin embargo, la sustancia de la desconfianza pervive en el vínculo cotidiano. La eventual dilución entre un "ellos" y un "nosotros" se me hace más una esperanza de largo plazo que un proyecto de realización.

Sin embargo, una universidad intercultural debe ser un objetivo. Tal institución debería enmarcarse en el contexto de una sociedad en el que en el futuro ya no haya que pensar en la diferencia de culturas, ni en instrumentos legales que tiendan a una suerte de acción afirmativa para los colectivos indígenas. Sólo luego de transitar este camino podrá de una comunidad decirse que es equitativa.

Las iniquidades sufridas por los sujetos que la visión del hombre blanco, por decirlo de manera frontal, invisten al "otro" con el ropaje del extraño. Una suerte de choque de civilizaciones, tomando prestado el concepto proclamado décadas atrás por Samuel Huntington, quien alertaba en realidad sobre el avance del Islam sobre Occidente.

El de Huntington es un programa político basado en la existencia de un peligro y la perentoria necesidad de tomar medidas de protección. El riesgo constante es el choque con el otro. Mi planteo es exactamente contrario ya que el objetivo debe ser, creo, el diseño de una educación multicultural y una sociedad equitativa. Creo que tenemos que caminar por otra vereda, que es la que nos mostró aquél gran intelectual palestino que fue Edward W. Said. Si lo seguimos a él, podríamos insistir en que la política es indisociable de la cultura y de la práctica del intelectual.

Dejar oír la voz de la cultura y las prácticas indígenas en todas sus dimensiones en la universidad es un mandato que no podemos obviar. Pero hay que ir más allá del concepto de integración de la cultura indígena, porque se puede correr el riesgo de subalternizarla, y lo que se debe buscar es la resolución de las desigualdades que padecen los pueblos indígenas en el ámbito de la educación superior. Nuestro objetivo, el de la universidad, no debe ser el de contener a una minoría, sino el acortamiento de las distancias entre personas de orígenes diversos.

La producción de conocimiento es específica de la educación superior. A ella llegamos con un acervo particular, heredado de nuestra nación y cultura. La indígena también es parte de la cultura indisociable de lo político y de la actividad intelectual. Toda la cultura es un pilar de la academia y de la actividad intelectual, y la porta y la transforma el sujeto de manera cotidiana.

La cultura como campo de batalla no es algo que pueda obviarse. El ámbito académico está inscripto y se desarrolla en ese mismo campo. Nadie deja su cultura al ingresar a los claustros y se los vuelve a cargar cal retirarse. La alternativa es tener en cuenta la diferencia sin transformarla en otredad definitiva, y en consecuencia pretender anularla a la hora de producir y transmitir conocimiento.

La diferencia no debe ser un problema a solucionar, sino una realidad; y la aproximación a la diferencia no puede derivar ni en la construcción de un ghetto ni tampoco en medidas de acción afirmativa que terminen anquilosándose una vez que haya recibido el impulso político necesario para subsanar la segregación.

(*) Rector de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF).