07/08/2016 teatro musical

Roberto Peloni y Melania Lenoir, brillantes en "The Rocky Horror Show"

Ambos confirman el lugar de privilegio que ocupan en el panorama del musical argentino con sus composiciones en "The Rocky Horror Show", la pieza de culto de Richard O'Brien, versión dirigida por Andie Say, en el Maipo.

Por Hctor Puyo

Obra "interactiva" que instruye al espectador sobre qué hacer en varios pasajes de su transcurso -taparse la cabeza con el programa de mano, encender los celulares en "modo linterna", arrojar papel picado, gritarle "boludo" a un personaje, etcétera-, viene antecedida por tres versiones porteñas y, sobre todo, la increíble permanencia de la película original de 1975 en viejas funciones de trasnoche y, ahora, acompañada por un nuevo público que la conoce a través de los medios electrónicos.

Con una estética de cine Clase B, la obra tiene un prólogo a cargo de la deliciosa Lenoir como una vendedora de pochoclo que parece escapada de "American Graffiti" (1973), de George Lucas, y luego inicia la acción en un camino apartado donde unos noviecitos (Walter Bruno, Sofía Rangone) pinchan una goma del auto y deben pedir ayuda en un castillo cercano.

En una evidente traslación del "Frankenstein", de James Whale, sobre Mary Shelley, los chicos son recibidos por un astroso servidor (Federico Coates) y luego por el dueño de casa (Peloni) y su lasciva hermana (Lenoir, en su personaje principal), más una corte de los milagros donde se hacen presentes todas las variantes de género y de apetitos.

Mezcla de marionetas y vampiros, los personajes se solazan con el rock and roll y van mostrando conductas que sorprenden a la parejita, que durante la canción "The Time Warp" comprende que la perversión es la moneda del lugar y que por el momento no podrá escapar de allí.

Con la aparición del doctor Frank N. Furter y su criatura (Ignacio Pérez Cortes), un musculoso mancebo artificial fabricado por él, el desquicio llega a su mayor expresión, porque además de servir los deseos de su creador, ese Frankenstein que exhala testosterona despierta en la concurrencia resonancias inesperadas.

En la apuesta estética de la obra, que se desliza entre el glamour y el feísmo, en cierto instante Furter mata de un hachazo a un personaje indefinido (Maia Contreras) que sale de un refrigerador e interpreta un rock desaforado y, ya en la segunda parte, seduce tanto a la chica como a su novio, cuyas percepciones de la vida no serán las mismas.

El disparate incluye alienígenas transexuales, drag queens y la aparición de un profesor en silla de ruedas (Contreras, otra vez) que busca a los chicos, en une espectáculo que necesita de modo constante la complicidad del espectador, sobre todo el del segmento "teen".

Con un equipo actoral desparejo y gran empeño en vestuario (Javier Ponzio), maquillaje (Santiago Castro) y peinados o pelucas (Adrián Llamosas), en su estreno la obra tuvo la aplaudida presencia de Marcos Mundstock como el Narrador, papel que en las próximas semanas estará a cargo de Aníbal Pachano y otros famosos.

Dentro de una empresa voluntariosa más afín al teatro El Cubo, tiene un buen trabajo de Alejandro Lavallén como coreógrafo, del quinteto musical a cargo de Lorenzo Guggenheim -aunque en algún momento el sonido impidió disintinguir las voces, en el estreno- y de Martín Rebello como iluminador, aunque se nota que es la primera vez de Andie Say como director general.

La pieza tuvo su primera versión en 1975 en el ya inexistente teatro Pigalle, con actuaciones de Ana María Cores, Valeria Lynch y Linda Peretz, que debió ser levantada por atentados incendiarios contra la sala; otra con Jean-Pierre Noher, Natalia Lobo y Juan Manuel Tenuta como el Narrador, en 1994, y otra "muy off", según el especialista Pablo Gorlero, dirigida por Claudia Naser, que con el título "Rockyhorror (el show)" estuvo dos años en cartel entre los escenarios de El Vitral y La Fábula.

"The Rocky Horror Show" se ofrece en el teatro Maipo, Esmeralda 443, los martes a las 21.