06/08/2016 selección

El filme del director Matías Piñeiro “Hermia & Helena” compite en Locarno

El cine argentino entró en la competencia oficial por el Leopardo de Oro del 69no. Festival Internacional de Cine de Locarno, Suiza.

El cine argentino entró  en la competencia oficial por el Leopardo de Oro del 69no. Festival Internacional de Cine de Locarno, Suiza, con “Hermia & Helena”, un nuevo acercamiento de Matías Piñeiro al universo shakespereano, esta vez a través de la historia de una joven traductora de inglés que fuga de Buenos Aires a Nueva York para asistir a una beca, encontrarse con un viejo amante y conocer a su padre biológico.

Hasta el 13 de agosto próximo el cine argentino estará presente en Locarno en la sección oficial, donde además del filme de Piñeiro compite “La idea de un lago”, la nueva película de Milagros Mumenthaler (ganadora del Leopardo de Oro en 2011 con “Abrir puertas y ventanas”), y en la sección Cineastas del Presente, donde compiten “El futuro perfecto”, de Nele Wohlatz, y “El auge del humano”, ópera prima de Teddy Williams.

Protagonizada por Agustina Muñoz, la nueva película del autor de “El hombre robado”, “Todos mienten” y “Viola” -que será proyectada hoy, mañana y el lunes en Locarno- está libremente inspirada en “Sueños de una noche de verano” y sigue los pasos de Camila, una joven traductora de inglés que viaja de Buenos Aires a Nueva York, sumida en un vaivén permanente de textos, recuerdos y emociones.

En ese sentido, el filme expresa un poco la situación personal del propio Piñeiro, quien desde hace cinco años vive un ida y vuelta constante entre Buenos Aires y Nueva York, ciudad a donde viajó acompañando a su pareja, y que aquí registra sin mostrar sus espacios turísticos característicos, para convertirla en un espacio propicio donde poder explorar nuevas búsquedas humanas, estéticas y narrativas.

“La protagonista tiene tres excusas para la fuga: Shakespeare y la traducción, buscar a su amante y conocer a su padre biológico, a quien nunca vio personalmente. Ahí hay un vacío que es interesante de ver. Se expresan sentimientos un poco más explícitos y quizás también un poco duros. Esto se contrapone a cierta ligereza propia de mis personajes, que permite un entendimiento más ambiguo de la realidad”, expresó el cineasta.

En una entrevista con Télam, Piñeiro -que además de espacios mezcló actores argentinos y de otras nacionalidades como María Villar, Mati Diop, Keith Poulson y Julián Laskier- sostuvo que en cada nueva película intenta abrirse hacia otros terrenos, algo que en “Hermia & Helena” se expresa en el uso de fundidos encadenados, sobreimpresiones y la inclusión de un cortometraje realizado en base a antiguas imágenes fílmicas en blanco y negro.

“En el fundido encadenado hay algo muy retórico que me aburría, pero luego lo pensé como una herramienta más. Me pareció interesante exagerar la retórica de ese recurso, porque permite encontrar una imagen sorpresiva y azarosa, y ese mínimo de experimentación me gusta”, afirmó el director, quien recordó que “ya lo había experimentado muy mínimamente en 'La Princesa de Francia'”.

Pero además de la belleza poética de esas transiciones generadas por los fundidos encadenados entre imágenes de Buenos Aires y Nueva York, o entre imágenes, textos impresos y manuscritos, Piñeiro siente que existe “un efecto de rebote con las marcas que la traducción van dejando sobre los libros. Las marcas de una imagen que se resiste a ir y en las que el personaje además se integra o se encuentra”.

“Me interesan mucho el cine y el texto. En mi película anterior estaba muy presente la palabra dicha, todos hablaban e intercambiaban diálogos, mientras que acá está más presente la palabra impresa. Quería investigar cómo juega el texto y la palabra puesta en la pantalla. Si multiplica algo de la trama, si es sólo una decoración o si funciona simplemente como una provocación”, expresó Piñeiro.

En relación a su profundo interés por la obra de William Shakespeare, el director señaló que entró a su universo “por tener un contacto con la palabra. Me interesa leerlo y volver a leerlo, no entender, releer una y otra vez. Ese contacto más directo con el texto es lo que más me interesa. Siempre me pareció que un tema no se agota en una sola película. Y Shakespeare puede tener muchos matices, pero para mi es un material más, como Nueva York o Agustina Muñoz, a partir del cual puedo expandirme”.

“Sus comedias me sirven como estímulo para la escritura. Es una fuente de trabajo, la materia prima con la que puedo ponerme a trabajar. Y en el caso de esta película ese trabajo lo llevo a un grado muy directo, ya que el libro y las páginas de Shakespeare están fotografiados y aparecen en pantalla”, agregó Piñeiro, que en “Hermia & Helena” decidió narrar con “menos conversaciones, más silencios y más soledad”.

“Esta película es hermana de 'El hombre robado', por cierta voluntad narrativa y porque es mucho más tranquila, menos ansiosa y barroca que las anteriores”, señaló el director, que aquí explora una estructura temporal asincrónica, que va y viene en el tiempo de manera lúdica, y se luce además con una puesta en escena donde reina el movimiento continuo, tanto de la cámara como de los personajes.

“Me interesaba capturar la imagen fugaz del movimiento. Quería ver cómo lograr el registro del movimiento de una ciudad o el movimiento de una persona. Había algo del arrojo, de ponerse a hacerlo, para lograr que esa realidad entrara. Quizás la lección mayor de esta película fue la integración del azar a la puesta en escena y la posibilidad de dinamitar mis prejuicios sobre querer controlarlo todo”.
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