05/08/2016 estreno

"Patria (Irak ao cero)" muestra en primera persona la destruccin de un pueblo y su cultura

La invasión estadounidense a Irak en 2003, y la destrucción de un país, su cultura, su memoria y su esperanza, es mostrada en primera persona por el cineasta iraquí Abbas Fahdel.

Por Paulo Pcora

"Patria (Irak Año Cero)" es un valioso documental que registra -en imperceptibles seis horas- sus vivencias, las de su familia y las de un pueblo entero en los momentos previos y posteriores a los bombardeos y el ingreso de las tropas extranjeras.

Escrito, dirigido, producido, filmado y montado por el propio Fahdel, este documental (que se verá en el Malba los domingos de agosto, a las 19.30, y se exhibe desde el jueves en el Cineclub Municipal Hugo del Carril, en Córdoba) revela sin caer nunca en sensacionalismos ni golpes bajos el modus operandi que Estados Unidos llevó -y lleva- adelante para bombardear e invadir a Irak, como a otros países.

Sin subrayados, la película muestra la demonización estadounidense de una cultura y una religión enteras en base a propaganda y mentiras, y alude a una seguidilla de agresiones previas, como el embargo comercial y financiero que destruyó la economía iraquí, o como la agitación de intrigas internas y la manipulación mediática, todo eso con el objetivo obsceno de apropiarse de sus riquezas naturales, en este caso de su petróleo.

Premiado en numerosos festivales del mundo, Fahdel realiza una crónica cotidiana en cámara en mano, íntima, casi hogareña, de la vida de sus parientes, amigos y vecinos durante los meses previos a los bombardeos, capturando la idiosincrasia de los iraquíes, un pueblo digno y alegre, que no pierde nunca la sonrisa ni el humor a pesar de la ansiedad, el estrés y el temor generados por la cercanía de una amenaza cada vez más palpable.

Detrás de la propaganda estigmatizadora en contra de un pueblo y su cultura, la película descubre -y muestra por primera vez al mundo occidental- la vida doméstica, las diversiones, la comida y las formas de relacionarse de seres humanos sensibles, interesados por el saber, generosos y solidarios, que disfrutan y se esperanzan al igual que cualquier otra persona del planeta, demostrando así que no son ni serán únicamente cifras en frías estadísticas de víctimas y destrucción.

De ese modo, casi sin quererlo, Fahdel visibiliza la ignorancia que estadounidenses y gran parte del mundo occidental tuvo y tiene en relación a los iraquíes en particular, y a los musulmanes y el Islam en general, pero desde una perspectiva lo más objetiva posible, sin glorificarlos ni eludir sus propios defectos, como el conflicto religioso entre sunitas y chiitas o el grado de responsabilidad en la caída de Irak del gobierno represivo y autoritario de Saddam Hussein.

La película está dividida en dos partes de tres horas, separadas por un intervalo, en la primera de las cuales Fahdel registra sutilmente un proceso in crescendo de miedo y ansiedad, disimulado entre bromas y cierta indiferencia, donde las condiciones de vida de sus parientes y vecinos se van deteriorando, sus rostros alegres se modifican y todos empiezan a acumular comida, combustible, agua y remedios en vistas de lo que vendrá.

Uno de los protagonistas del filme es su sobrino Haidar, un joven de 12 años que morirá semanas después de los bombardeos, baleado en una emboscada, y a quien el director retrata en toda su energía y curiosidad, observando cómo sus mayores compran armas para defenderse, bromeando con sus hermanas o haciendo preguntas y sorprendiendo a propios y extraños con reflexiones sobre la vida que, en su ingenuidad, no dejan de ser agudas y profundas.

Fahdel retrata a la gente común y revela el daño psicológico que les provoca la cercanía de la guerra, y en algunos momentos pone el foco en los menores, en sus juegos de guerra con armas de juguete o en una conversación entre dos amiguitos que se preguntan si su ciudad será bombardeada y si deberán combatir cuando les llegue el turno, a lo que uno de ellos responde que lo harán cuando sean mayores, porque todavía siguen siendo niños.

Sin embargo, en su segunda parte, cuando los estadounidenses ya bombardearon, invadieron y derrocaron a Hussein, el documental demuestra que la candidez no es propiedad exclusiva de los niños, sino que muchos adultos iraquíes -quizás por incomprensión e incredulidad frente a tanta devastación- se preguntan ingenuamente por qué los invasores destruyeron sus hogares, sus museos y la infraestructura de su país, o por qué asesinaron a sus amigos y vecinos, civiles inocentes que no les habían ofrecido ninguna resistencia.

Entre las ruinas y escombros de lo que alguna vez fue un país unido y próspero, algunos iraquíes recuerdan la primera invasión estadounidense, impulsada por George Bush durante la Guerra del Golfo en 1991, y otros no dejan de notar la "casualidad" de que fuera justamente otro Bush, su propio hijo, el presidente estadounidense que ordenó -en base a la mentira de la existencia de armas de destrucción masiva- este nuevo ataque.

"Resulta revelador cómo desde la presencia estadounidense en adelante toda una forma de vida es arrasada mientras cunde la corrupción, la destrucción de la historia y sus archivos (incluyendo un instituto de cine y todas sus películas) y la instauración de una especie de Lejano Oeste", escribió el crítico Roger Koza, quien -movido por la conmoción que le generó el filme- se convirtió de manera amateur en su distribuidor en la Argentina.

Aunque no sea su objetivo, "Patria (Irak Año Cero) es una obra imprescindible para comprender mejor un mundo cada vez más caótico y violento, donde la propaganda y la manipulación mediática son usados para demonizar, agredir, aislar, perjudicar o incluso invadir países soberanos que no se subordinan a una mirada unívoca del mundo ni aceptan a la "democracia" como la única forma posible de gobernarse.
etiquetas