29/07/2016 Aniversario

Un ttulo de la revista Primera Plana para el cierre histrico de la Universidad

Hacía rato que había llegado la noche el 29 de julio de 1966 cuando en la redacción de Primera Plana, ubicada en Perú 367, escucharon el ulular de las sirenas policiales y los chirridos de los frenos de los patrulleros, por lo que el periodista Sergio Morero creyó que podría tratarse de algún incidente en la facultad de Ciencias Exactas de la UBA, a escasos 200 metros de donde cerraba una nota sobre la problemática universitaria.

Por Eduardo Barcelona

Corrió hasta el lugar y observó el operativo que marcaría el fin de una época brillante de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el inicio de la intervención que terminó con la autonomía en las ocho casas de altos estudios nacionales del país.

"Se puede decir que la universidad fue toda una época del '55 al '66", reflexionó Ludovico Ivanissevich Machado, quien fue secretario de la UBA durante el rectorado de Hilario Fernández Long.

Ludovico añadió que "nosotros creíamos en la libertad de cátedra y tribuna, en la apertura de la universidad a todas las clases sociales y, por eso, éramos partidarios de la gratuidad de la enseñanza. Lo grave fue que los profesores que se fueron eran los que estaban a la vanguardia y de todo lo que tenía de novedoso la universidad. Esa fue la época de esplendor de la universidad", señaló.

Según Manuel Sadosky, vicerrector de la UBA hasta la intervención, "cuando se produjo la caída de (Juan) Perón, los militares en el poder reconocieron el aporte del estudiantado universitario a esa tarea, dejando prácticamente en sus manos la orientación posterior. En 1956, nuestro objetivo era crear una universidad moderna teniendo como modelo los países más avanzados."

La transformación en la universidad sucedió en los rectorados de José Luis Romero, Risieri Frondizi, Julio Olivera y de Fernández Long.

Luis Quesada, biólogo, explicó que "en ningún momento vi tanto horizonte ni posibilidades de crecer con la gente de mi país y con el país entero. En toda la facultad se vivía una mística global, pero Exactas era la facultad que más se prestaba porque se estaba viviendo el boom de la ciencia, que había aparecido después de la II Guerra Mundial".

Sigue: "Se estaba compitiendo y se les estaba ganando a investigadores norteamericanos, australianos, etc. Se estaban haciendo cosas muy importantes".

Durante los dos grandes debates de la presidencia de Illia, los estudiantes intervinieron en forma activa. Esto es, en la cuestión del presupuesto universitario y en el intento de envío de tropas a Santo Domingo, en 1965.

Quesada contó que los de Exactas participaron en el acto del Congreso Nacional contra el envío a Santo Domingo y algunos de ellos tiraron bolitas al piso para que los caballos las pisaran y cayeran junto con el jinete al entrar los objetos en el vaso de los equinos. Esta treta de autodefensa se repitió con éxito en la protesta del Cordobazo, en 1969.

Días después del acto en el Congreso, Rolando García, decano de Exactas, fue a verlo al presidente Arturo Illia y pidió disculpas por las marchas, pero el jefe del Estado respondió: "Yo estoy muy agradecido a la universidad por lo que ha hecho, porque yo estaba acosado por los militares para que mandara una fuerza a Santo Domingo. Después que murió el estudiante les dije: 'Yo sobre cadáveres de estudiantes no mando tropas'".

Fernández Long sostuvo que no creía que Exactas "fuera la facultad más politizada, sino Filosofía y Letras. En Exactas estaban los mejores profesores y los mejores investigadores, lo que daba como resultado un nivel muy alto. Entonces, eso era lo importante, no la politización".

Cuando Morero regresó a la revista, el jefe de redacción tiró la nota que había dejado y subió la crónica de la represión. El periodista le dijo al responsable periodístico que los hechos le recordaban a los de la noche alemana, de 1938, que se conocía como la de los 'Cristales rotos y cuchillos largos', empuñados por los korps de Adolfo Hitler. Ramiro de Casasbellas no dudó un instante cuál debía ser la frase del artículo que inmortalizó la revista.

"Así fue como nació el título, luego tan popular: La Noche de los Bastones Largos", recordó Morero tres décadas después.