12/07/2016 libro

"Pobre cerebro", un libro que indaga en la influencia de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo

El investigador y neurobiólogo Sebastián Lipina analiza la incidencia de la pobreza sobre el desempeño cognitivo durante la infancia, a la vez que restaura la dimensión ética del campo científico con la proposición de una "agenda neurocientífica de la pobreza", para contrarrestar el empobrecimiento del sistema nervioso por efecto de situaciones de carencia y maltrato.

Por Julieta Grosso


La hipótesis central de este psicólogo e investigador del Conicet se despliega sobre un escenario inquietante pero no concluyente: la falta de una nutrición y un ambiente adecuado impacta negativamente en el cerebro de manera temprana y provoca angustia y estrés, pero el cuadro puede ser revertido o atenuado a partir de estrategias cognitivas que operen a nivel comunitario y escolar.

A partir de una perspectiva que integra la sociología, las neurociencias y la ética, desde hace dos décadas Lipina estudia los efectos de la pobreza sobre los desempeños cognitivos de niños nacidos y creados en contextos de bajos recursos con el propósito de diseñar estrategias de intervención que permitan elaborar políticas públicas para estimular el aprendizaje y mejorar el desempeño académico.

"La ciencia debe cuestionarse a sí misma para delimitar su lugar en las transformaciones culturales y morales que hoy en día requiere nuestra civilización y también debe interpelar de manera constructiva a quienes diseñan las políticas públicas. Cualquier agenda científica que apunte a estos esfuerzos contribuirá a construir una sociedad más igualitaria y justa", señala el investigador en "Pobre cerebro" (Siglo XXI).

-Télam: ¿Cómo un científico llega a interesarse por la pobreza como objeto de estudio?
- Sebastián Lipina: En 1995, mientras era becario en la facultad, se formó un equipo de investigadores para empezar a explorar el impacto de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo temprano en bebés. Un año después se hizo el primer estudio en la Casa Cuna y desde entonces las preguntas se fueron hilando una detrás de otra en torno a este tema. No es original haber empezado con estas preguntas. En áreas como la educación y la psicología del desarrollo se trabaja en la vinculación entre pobreza y desarrollo cognitivo desde hace más de cien años. Lo original fue empezar a preguntarse si los paradigmas cognitivos y neurocognitivos podían aplicarse a la comprensión y ver de qué manera podemos ayudar en ese conocimiento. Uno de los estudios sobre los alcances de la pobreza en los procesos cognitivos demuestra que los chicos que provienen de un hogar con bajos ingresos tienen una activación diferencial respecto de otros que vienen de hogares de mayores ingresos. Aun así, creo que no se podría hablar de niveles de irreversibilidad e inmutabilidad. Con una intervención adecuada estos efectos se pueden revertir, excepto cuando hay un extremo de privación cultural, alimentaria o de estímulos desde los primeros años de vida.

-T: ¿Qué herramientas y recursos introdujeron la neurociencias para avanzar en el estudio de la incidencia de la pobreza sobre la evolución del sistema nervioso?
- S.L: El fenómeno del estrés que provoca la pobreza viene siendo estudiado desde hace varias décadas. En el proceso adaptativo al ambiente uno puede encontrarse con situaciones de estrés que activan un sistema de respuesta regulatoria en todos los mamíferos. Las tecnologías actuales de las neurociencias son muy útiles para agregar explicación y profundizar la exploración de fenómenos que antes no podían ser analizados, por ejemplo qué pasa a nivel epigenético, cómo se expresan los genes en el proceso adaptivo de un individuo y cómo eso se traslada durante el desarrollo. La distancia entre las teorías sociales y las neurociencias son todavía extremas. No se pueden responder muchas preguntas porque todavía falta unir las implicancias éticas de los estudios que estamos realizando a nivel neurocientifico con respecto a la pobreza infantil.

-T:¿Cuáles son concretamente los efectos de las condiciones de vida precarias sobre el desarrollo cognitivo?
- S.L: El ser humano necesita cierto tipo de cuidado en el inicio de la vida. Eso implica nutrición y que la genética que uno trae esté preparada para adaptarse al ambiente. Los componentes biológicos interactúan de entrada con lo ambiental. Todo eso va dando forma al sistema nervioso y a la adaptación posterior a medida que uno va creciendo. Si hay mucha falta de los elementos esenciales en cualquiera de esos niveles de análisis, desde el molecular hasta la conducta, obviamente puede haber un impacto mayor sobre la organización del sistema nervioso y eso alterar posibilidades a futuro. Cada nutriente tiene un impacto específico en un momento determinado del desarrollo. Pero no sabemos qué ocurre específicamente con cada uno de ellos. Sí conocemos el aporte del hierro, por ejemplo. Que tiene que estar presente durante la segunda mitad del embarazo y hasta el año de vida porque si falta puede haber un problema de organización porque es esencial para el armado del cerebro. La neurociencia permite detectar en niveles de organización molecular, celular y sistémicos algunos fenómenos y mecanismos de mediación, abordar de una manera complementaria y productiva los fenómenos de pobreza que también son estudiados a nivel conductual, filosófico, educativo y sociológico.

-T: - El libro trabaja en dos direcciones: por un lado fundamenta la influencia de las condiciones ambientales sobre el crecimiento y por el otro busca restaurar un sentido moral de la ciencia ¿Es inusual para la ciencia contemporánea esta imbricación con la ética? ¿Por qué sostiene en el prólogo que se ha perdido "el interés por el sufrimiento de los demás"?
- S.L: Siempre me pregunto cómo podría separarse la ciencia de su sentido social, aunque es algo que ocurre con frecuencia. Creo que esto tiene que ver con dos cosas: primero creo que está sobrevaluada. La ciencia es hoy como una vedette. Ese es el mejor lugar para potenciar el narcisismo de los individuos. En una época donde la cultura es exitista e individualista, la ciencia adquiere esas características. Pertenezco a una tradición muy distinta. Tengo claro que soy un eslabón de milenios, tratando de entender un 0.1 por ciento de algo. Y sé también que la investigación en ciencia produce un discurso entre otros varios en la humanidad. No hay que olvidar que las neuroimágenes son una construcción como lo puede ser un coeficiente intelectual. Arrojan interpretaciones y no análisis causales. Uno puede, de hecho, manipular una imagen para sostener una idea.
Si uno entiende los límites de la metodología y acepta que forma parte de una secuencia enorme de individuos tratando de fabricar en un contexto adverso donde lo que se promueve es el individualismo y el éxito, con mucha más razón tenés que ser responsable por la consecuencia de tu dato.

-T: Por otro lado, su texto coloca de una manera novedosa a las neurociencias en el espectro izquierdo de las ideologías, cuando en general ocurre lo contrario, en especial cuando se acompañan las conclusiones con nociones como las de déficit o irreversibilidad...
- S.L: Sí, creo que se puede leer así. Yo no coincido con esos parámetros que suelen acercar a la disciplina al espectro de la derecha. Lejos de esas lecturas, creo que la evidencia nos dice que somos muy libres y dependemos del ambiente. Y el ambiente sí podemos organizarlo comunitariamente de manera de no excluir a lo chicos cuando no se adaptan. No concibo una sola clase de alumno adentro de aula. La neurociencias te permiten entender que cuando uno toma la epigenética con el nivel conductual se da cuenta de que los sistemas de procesamiento cognitivos asumen diferentes identidades para distintos contextos, lo que sugiere la evidencia es que depende del contexto el chico va a autorregular de una u otra manera. Con eso no estoy diciendo que haya que generar uno para cada niño. Lo que sostengo es que si pensamos en una perspectiva de derecho en la infancia entonces tenemos que ver las diferencias en lo cognitivo, en la valoración personal y en la manera en que un chico se relaciona con sus pares y a partir de ahí pensar alternativas múltiples. En eso ayudan las neurociencias cuando estudian la pobreza.