02/07/2016 40 aos

Un sobreviviente y un testigo evocan a las vctimas de la masacre de San Patricio

El sacerdote Rodolfo Capalozza y el laico Rolando Savino, integrantes de la comunidad Palotina, fueron, hace 40 años, testigos directos de la Masacre de San Patricio, y hoy reclaman justicia por los cinco religiosos de esa orden, martirizados por represores de la última dictadura.


En la casa parroquial donde asesinaron a sus hermanos, Capalozza y Savino dialogaron con Télam y revivieron esos días de horror, muerte y silencio.

Sin embargo, ambos evocaron con alegría las enseñanzas de esos hombres de fe, comprometidos con un evangelio capaz de hacer posible la transformación de la vida en la tierra.

“En esos días, era un seminarista. Estudiaba y me preparaba para ejercer el sacerdocio. Lo que me pasó fue providencial. Tenía que estar esa noche en San Patricio, pero me quedé en lo de mis padres y me salvé”, apuntó Capalozza.

La noche anterior a la masacre del 4 de julio de 1976, Capalozza salió a ver una película junto con Salvaor Barbeito Doval y Emilio --los dos seminaristas que fueron asesinados en San Patricio--, pero decidió ir a la casa de sus padres, donde tenía previsto pasar el día.

“En un principio, mi intención era iba a ir después de la misa que se celebraría en San Patricio, pero como era tarde, decidí quedarme en el centro y de ahí viajar a lo de mis padres. Recuerdo que ellos me cargaban, y me decían que tenía que “cortar el cordón umbilical”, rememoró.

A esa decisión, el religioso le otorgó un carácter providencial, y sintió que en función de ello debió llevar una vida destinada a honrar la memoria de sus hermanos.

“Esos días, después de los que los mataran fueron muy duros. Pero conseguimos salir adelante. Recuerdo incluso la paz con la cual los familiares de las víctimas tomaron la noticia. Nunca hubo rencor. La madre de Barletti me dijo que prefería ser la madre de una persona asesinada que haber parido a un asesino”, subrayó.

Ese sentimiento es el que guía el pedido de justicia que hoy impulsa la Congregación palotina, que decidió presentarse como querellante en la causa de lesa humanidad por la masacre que instruye el juez federal Sergio Torres.

“La comunidad quiere justicia, es lo que reclamamos hace años. No pedimos venganza ni nos lleva el rencor. Tenemos, como cristianos la necesidad de conocer la verdad, para liberarnos y reencontrarnos en la fe”, observó el sacerdote.

La Comunidad Palotina tiene su sede en Irlanda; está radicada en más de 50 países y más 2400 integrantes, entre religiosos y laicos.

En Argentina, la orden tiene templos y establecimientos educativos en Capital Federal, Castelar, Mercedes, San Antonio de Areco, Mercedes y Córdoba.

En la casa parroquial, que 40 años atrás se convirtió en escenario de una matanza, se conserva la alfombra sobre la cual fueron alineados y luego ejecutados los sacerdotes Alfredo Leaden, Pedro Dufau y Alfredo José Kelly, y los seminaristas Barbeito Doval y Barletti.

En la casa parroquial de San Patricio, decorada con mapas y cuadros de la verde Irlanda, Savino reconstruye esa luctuosa mañana de domingo, en la que encontró los cuerpos ametrallados de los cinco religiosos.

“Llegué poco antes de las 8, para tocar el órgano en la misa. Tenía 16 años hacia tres que tenía asignada esa tarea. Toqué varias veces la puerta, pero los padres no me abrieron. Pensé que se habían dormido. Hasta que logré ingresar con una señora y nos encontramos con los cuerpos y la sangre. Fue algo terrible”, describió.

Savino contó que se trasladó a la Comisaría 37, comunicó lo que había visto, y minutos después varios efectivos policiales llegaron a San Patricio.

“Al principio no querían entrar. Hasta los convencí y una vez adentro, uno de ellos empezó a gritar: ‘Tomaron la casa, tomaron la casa’. Después empezó a llegar la gente de la congregación, los vecinos y el Ejército”, remarcó.

Y con emoción, Savino, que aún oficia como músico en las misas que se celebran iglesia de San Patricio, enfatizó: “Desde ese día procuro seguir las enseñanzas de esos hermanos que me dejaron tantas cosas. Que vivieron como murieron: juntos.

Capalozza y Savino salen de la casa parroquial junto con los trabajadores de Télam; la idea es que se retraten en un mural pintado ubicado en el pasaje Padres Palotinos, a unas pocas cuadras de San Patricio.

Mientras caminan por las veredas de Belgrano, y la evocación del martirio de sus hermanos parece acompañarlos en cada paso que dan.

“Algunos todavía dicen que se los mataron por error, que buscaban a unos curas pasionistas que también eran irlandeses. Todos sabemos que no, los militares sabían a quiénes eran y lo que hacían y pensaban. Por eso los fusilaron”, sostuvo Savino.

Y Capalozza puntualizó: “Nos enseñaron a vivir en comunidad. Por eso, esta vez, como todos los 4 de julio, vamos a estar todos juntos. Para recordarlos y pedir justicia”.