22/06/2016 la Usina del Arte

Liliana Vitale se reencuentra con su hermano Lito para visitar "Uanantú"

La estética movediza e inconforme que Liliana Vitale cultiva con pasión, la lleva esta vez a “Uanantú”, un espacio imaginario de su pasado, para el que se reencontró musicalmente con su hermano Lito después de 20 años en un viaje que tendrá su única versión en vivo el domingo a las 18, gratis, en La Usina del Arte.


Liliana y Lito recogen a voz y piano un repertorio y, más que eso, una respiración cultural que también es marca registrada de una familia liderada por soñadores gestores y productores como Donvi y Esther Soto, padres de ambos músicos.

Por eso, en “Uanantú” Liliana propuso “el fruto de una búsqueda en los primeros registros sonoros que el oído atrapó y con los cuales uno se conectó. Un poco es volver a ese panorama de limpieza en la mirada y en la escucha, a ese primer impacto con el que uno conectó con las voces”.

Durante una entrevista con Télam, la compositora, cantante y docente sostuvo que “uno está mostrando un mundo y convida a visitarlo y eso resuena porque el repertorio atraviesa los tiempos como sucede con las grandes canciones populares”.

“Uanantú”, que incluye un libro con textos de Patricia Pagola ilustrados por Liliana Vitale, se reúnen 14 canciones de los primeros 70 que son interpretadas desde un presente que esquiva la melancolía.

“Zamba”, de Arco Iris; “Tengo la piel cansada de la tarde”, de Piero; “A una paloma”, de Idea Vilariño/Daniel Viglietti; “Zamba del grillo”, de Atahualpa Yupanqui; “Plegaria para un niño dormido”, de Luis Alberto Spinetta; “En el país de Nomeacuerdo”, de María Elena Walsh; “Trasnochados espineles”, de Cholo Aguirre; y “Cuando llegue el alba”, de Waldo Belloso/Abel Figueroa, forman parte del registro.

La reciente grabación -concretada entre enero y mayo de este año- se completa con “Nocturno”, de Rafael Alberti/Paco Ibáñez; “Oye niño”, de Miguel Abuelo; “Canción para cantar desnuda”, de Griselda Gambaro/Alberto Favero; “Vete de mí”, de Homero y Virgilio Expósito; “Soneto a mamá”, de Joan Manuel Serrat; y “Toma dos blues”, de Charly García.

“La generación que me tocó y nos tocó está atravesada por el boom del folclore, por las primeras cosas del rock, por tener la gloria del tango ahí nomás y también por la canción política”, repasó Vitale al explicar el tenor del cancionero plasmado.

En el mismo tenor acerca del territorio que implica “Uanantú”, reveló que “esto sucedió cuando yo tenía entre 12 y 14 años y Lito era un poco más chico, antes de conocer a (el psicólogo, poeta, dramaturgo y actor) Alberto Muñoz que fue quien marcó como el fin de la infancia”.

Y en ese viaje, se produjo el reencuentro musical de los hermanos después de poco más de 20 años, ya que el último antecedente entre ambos había sido “Mujer y argentina”, un disco de 1995.

Liliana justificó esa reunión a partir del hecho de que “la infancia está llena de expresiones e impresiones y todo me condujo muy naturalmente al lugar ese de compartir y de coincidir con Lito para volver a hacer un disco juntos”.

Capaz de visitar esa renacida convivencia desde un repertorio común, apuntó que “es parte de nuestra intersección, del lugar donde coincidimos. Y si bien a mí me tocó conducir el repertorio y aposté a lo casero de la sonoridad porque buscaba esa desnudez en mí, Lito hizo unos aportes impresionantes”.

Sobre el expresivo piano despojado de Lito, una manera de tocar que lo aleja de otros proyectos más recargados, su hermana proyecta una interpretación vocal que vuelve a disfrutar de salirse del canon.

“La generación que me tocó y nos tocó está atravesada por el boom del folclore, por las primeras cosas del rock, por tener la gloria del tango ahí nomás y también por la canción política”


“Lo mío es una búsqueda, pero de tanto seguir buscando ya me dí por perdida”, sostuvo la vocalista entre risas y enseguida consideró que “todo parte de una pregunta muy permanente sobre dónde está el hilo que conduce todas las edades, sobre dónde está el alma que canta”.

Para precisar ese andar, añadió que “siempre estuve rompiendo aquello que había quedado como una afectación porque eso de hacer covers de uno mismo a mí no me da.Esa limpieza de máscara es la búsqueda de toda mi vida”.

Aunque “Uanantú” es la versión grabada de una propuesta que Vitale viene bosquejando hace tiempo en la intimidad de “La voz de la infancia”, el hecho de ajustar un programa y sumar a su hermano, tendrá una cita extraordinaria el domingo desde las 18 en la sala sinfónica del complejo sito en Agustín R. Caffarena 1 del barrio porteño de La Boca.

A modo de balance de este tiempo que visita un pasado desde el presente, Liliana consignó que “revaloriza el lugar de la confianza primera ya que fue surgiendo como un efecto colateral benéfico que frente a lo que estamos viviendo a mí me permite tener un lugar donde poner las manos en el fuego y, también, las patas en la fuente”.