13/06/2016 aniversario

Borges en España: los años poco conocidos de un joven ultraísta, rebelde y osado

Entre los muchos "otros" Borges que el autor se encargó de desplegar en su notable obra, reencontrándose y volviéndose extraviar en sueños y laberintos metafísicos, existió el poeta joven, vivaz, rebelde y osado, atraído por la bohemia, la experimentación literaria de la vanguardia europea y las ideas socializantes de la época.

Por Jorge Boccanera

No se trata sólo de un asunto escasamente frecuentado por la crítica -con excepciones como la del escritor peruano Carlos Meneses, autor del libro "El primer Borges"- sino que fue el propio Borges el encargado de omitir esta etapa de su vida, corrigiendo o suprimiendo sus primeros ensayos y libros de poesía, mucho de lo escrito en Europa y de algunos libros publicados en los años '20, como "Fervor de Buenos Aires" y "Luna de enfrente".

El tamiz del autor de "Cuaderno San Martín" no sólo dejó por fuera de su obra pasajes que evaluaría luego dentro de un "falso" color local y "mitología del arrabal" -una escenografía de patios, calles, barrios, naipes, mate curado, el almacén rosado y la guitarra- y sus poemas iniciales alineados con el movimiento Ultraísta español, sino además sus convicciones, sus amigos y sus experiencias de vida.

Ese Borges adolescente, estudiante de bachillerato en Europa, que viaja con su familia por Francia, Inglaterra y Alemania y queda anclado en Suiza por el estallido de la Primera Guerra permanecerá en el Viejo Continente hasta 1921, conmovido por la Revolución Rusa y las escuelas innovadoras de poesía.

Cuando a fines de 1918 se desplace a España, donde vivirá dos años intensos, ya está imbuido de una corriente estética poderosa, el expresionismo alemán, y le falta poco para convertirse en un protagonista entusiasta y vehemente del Ultraísmo.

Si Madrid es la capital de las expresiones innovadoras, será esencial para Borges su paso por Sevilla y Mallorca; en Sevilla conoce al poeta Pedro Garfias, su primer amigo español, quien lo introduce en los círculos literarios, especialmente en el movimiento Ultra del que es fundador; y le presenta a su líder, Rafael Cansinos-Asséns.

En Mallorca vivirá 6 meses y tendrá otro amigo cercano; el poeta Alfredo Sureda, con quien mantendrá un vínculo fraterno durante una década. En esa isla, señala Menéndez, ese "joven vivaz, juguetón, sociable, entretenido, al que le gusta nadar, beber alcohol, visitar el prostíbulo y el casino, se siente sin ninguna duda muy feliz". Por ese tiempo se enamora de Elvira, hermana adolescente de Sureda, a quien le dedica el poema "Distancia" publicado en un diario local; ya en Buenos Aires le escribe a Sureda: "Ante Elvira, mis arrodillados saludos".

Pero será Sevilla donde Borges acusó los remezones del Ultraísmo y trató entre otros poetas vanguardistas a Adriano del Valle y José del Vando Villar, director de la revista "Grecia" en la que vería en 1919 su primer poema publicado, "Himno del mar": "Yo estoy contigo mar/ Y mi cuerpo tendido como un arco/ lucha contra tus músculos raudos...Constelado de imágenes rojas, lumínicas".

Ese mismo año, en un texto en prosa sobre el prostíbulo mallorquín "Casa Elena", escribe: "Los carteles borrachos saltan de los balcones...Otro sombrero, decapitado, se desangra en las perchas", pasa luego a "las combas fáciles de una moza" que acepta "la oxidada moneda de nuestros verbalismos... Después- la trabazón carnal".

El joven escritor ha conocido en Madrid la tertulia de los ultraístas en el café Colonial con Cansinos-Asséns a la cabeza y en el Café Pombo al inventor de las greguerías, Ramón Gómez de la Serna, y convertido en "adalid de polémicas"; ahora está pronto a convertirse en un asiduo colaborador en las revistas de avanzada: "Ultra", "Gran Guignol", "Cervantes", "Tableros", "Baleares", con textos críticos, traducciones y numerosos poemas.

Casi todos -salvo tres que rescatará para "Fervor de Buenos Aires"- quedarán en el olvido a su regreso a la Argentina. Se cree que Borges destruyó un libro de prosa y otro de poesía con osadía e imágenes de vanguardia titulado "Salmos Rojos", que incluía los poemas "Trinchera", "Gesta minimalista", "Rusia" y "Guardia roja".

En Borges persiste el ideario político: en una carta de 1921 desde Buenos Aires le comenta a Sureda: "No sé si te hablé de un tal Macedonio y de un muchacho Dabove con los cuales proyecto urdir una novela fantástica...El argumento ideado por mí y todavía muy esquemático y fragmentario trata de los medios empleados por los maximalistas para provocar una neurastenia general en todos los habitantes de Buenos Aires y abrir camino al bolcheviquismo".

Ya es un vanguardista probado: en 1920 responde en forma individual a una nota que llama a los ultraístas "catálogo de personalidades locas", con una réplica exaltada en un diario local: "Los literatos nos brindan el deplorable espectáculo de una cuadrilla de gimnastas ejecutando...la serie de trucos consagrados por el tiempo"

Un año después une su nombre a los de Sureda, Alomar y Fortunio Bonanova para rubricar el "Manifiesto del Ultra", en el cual se definen como "iconoclastas"; en tanto Vando-Villar aviva la polémica con su texto "El triunfo del Ultraísmo", en el cual describe al grupo como "los granaderos italianos que siguen a D'Annunzio".

Los textos de la polémica se suceden con virulencia; una de las réplicas de los ultraístas va firmada con el seudónimo "Dagesmar", formado con la última sílaba de sus apellidos y embiste contra lo "carcomido, viejo y ruinoso"; un tono belicoso en el que insiste Borges en carta a Sureda: "Conviene unificar fuerzas y aniquilar al enemigo con artículo blindado".

Ya cerca del viaje de regreso el poeta argentino añora la peña literaria de Mallorca, donde, dice: "Discutimos el retorno eterno de Nietzsche, el dadaísmo, la revolución social e, inevitablemente el Ultra", y le confiesa a Sureda estar escribiendo el poema "Judería" en la cuerda del salmo bíblico, y un poema "ultraísta", "Crucificción", que "no ha cristalizado aún, pero algunas metáforas nadan en mi cabeza".

Con un pie en el barco un día de marzo de 1921, le habla de su partida a Sureda hacia la tierra "de los poetas que no acogieron aún en sus hangares el avión estrambótico del Ultra", como deslizando su misión de difundir el ideario de los poetas de la revuelta literaria, llevando en alto la antorcha de "la estética de los prismas".

Pero esa llama durará apenas dos años, tiempo en el que el joven poeta junto a algunos de sus pares como Eduardo González Lanuza y Francisco Piñero publican la hoja mural "Prisma", la revista "Proa", con el mismo formato que "Ultra" y difunden en la revista "Nosotros" los ejes programáticos del movimiento. En especial, la "Reducción de la lírica a su elemento primordial, la metáfora".

Cuando pisa de nuevo España, en 1923, el ultraísmo está en franca declinación y Borges lejos de aquel joven beligerante; sobre esa experiencia señalaría luego: "Escribí en esa época algunos de mis poemas infectados de ultraísmo que ahora me parecen deplorables". ¿Pero qué fue de los amigos de juventud unidos por la creación, las ideas y hondas vivencias? El ocaso de las vanguardias innovadoras, las búsquedas políticas y estéticas disímiles, la contingencia social -en especial la Guerra Civil Española-, quizá hayan dispersado esos intereses.

Queda una estela de preguntas: ¿se habrá enterado que su amigo el poeta Fortunio Bonanova se dedicó a la actuación iniciándose en el cine mudo con "Don Juan tenorio" en los Estados Unidos y filmó numerosas películas, algunas tan populares como "El Ciudadano Kane"?.

En "Borges, una vida" el biógrafo Edwin Williamson señala que quedó "muy impresionado por la obra de García Lorca", debido a cómo fundía motivos del folclore español con la vanguardia. ¿Pero conoció en alguna de sus estadías en España al poeta que en 1921 ya había publicado "Libro de poemas" y "Poema del Cante Jondo"?.

Y de los muchos escritores que trató, ¿se habrá preguntado por la suerte de su primer amigo español, Garfias, quien lo introdujo en los círculos literarios y firmó con él un poema automático para que Tristán Tzara lo publicase en su revista? ¿Le habrá contado alguien que Garfias combatió en la guerra civil española, fue Premio Nacional de Poesía, escribió uno de los libros más notables del exilio, "Primavera en Eaton Hastings", y murió desterrado en México?.

Para Carlos Meneses, el Borges que posteriormente rescataba de las letras españolas los nombres de Quevedo, Pío Baroja, Cansinos Asséns y Gómez de la Serna "se alejó pronto de esas ideas y esas emociones y llegó a esconderlas en la maleta del olvido".