12/05/2016 teatro

"Bufarra", un visitante que remueve oscuridades durante un asado al aire libre

La obra "Bufarra. Carne a la parrilla", con dramaturgia y dirección de Eugenio Soto, es una interesante experiencia teatral que introduce lo monstruoso en un ambiente cotidiano. Se puede ver en Espacio Polonia los domingos a las 21 y los lunes a las 20.30.

Por Hctor Puyo


Todo parece normal en ese patio suburbano donde un padre de familia (Facundo Cardosi) asa chorizos y bifes de bondiola en una parrilla real, a la espera de un amigo (Leo Espíndola) que acaba de salir de la cárcel.

El encuentro es muy mal mirado por la mujer del primero (Lielén Araudo) porque el ex convicto fue acusado por la violación de una menor de edad y la pareja tiene un hijo en edad de tomar la Comunión (Martín Mir), que en algún momento entrará en escena.

El diferendo entre los esposos va creciendo hasta que hace su ingreso el "bufarra" del título, un personaje que podría haber compuesto Luis Brandoni en su juventud, arrollador, invasor, con momentos de simpatía y otros de vileza, que lleva su universo en un bolso de mano.

Al tiempo que avanza sobre la resistencia de su anfitrión con el argumento de que fue encarcelado injustamente y descerraja una sarta de opiniones sobre la amistad, el amor, la militancia armada del pasado y sus deseos de venganza contra el mundo, extrae del bolso varias cosas, entre ellas una botella de whisky, un vaso, regalos para el chico y un arma de fuego.

Todo eso, en medio del asado con su amigo, introduce un elemento de pesada amenaza de violencia -que el personaje matiza con turbias caricias y chistes procaces- que irremediablemente conducirá a la locura; la propia y la del dueño de casa.

Entre la autoinculpación y la amenaza, la cosa se espesa cuando le toca dialogar con el chico a solas -aprovechando la ausencia de los mayores-, en un momento escénico que el dramaturgista y director Eugenio Soto maneja con gran tino, en esa realidad tan palpable atravesada por lo oscuro.

Lo concreto es que de a poco se va descubriendo que no sólo el huésped ejerce conductas ambiguas, sino que en ese hogar en apariencia tan normal, de clase media y con vínculos estables, hay un subsuelo que se mueve.

El dueño de casa, gerente del Banco Nación en un pueblo bonaerense, imagina o sabe que su mujer lo engaña con un carnicero (Darío Pianelli), y el chico, que sufre "bullying" en el colegio por su gordura, es avisado en forma intempestiva de que no es hijo sanguíneo del matrimonio, sino que fue recogido por lástima al nacer.

Toda esa sarta de crueldades huele a ciertos textos de Fernando Arrabal y la empresa está muy por encima de las promocionadas "familias disfuncionales" que pululan por la escena local desde hace más de una década -como si además existieran las verdaderas "familias funcionales"- y propone, debajo de su humor sombrío, una particular visión de los vínculos.

En ese planteo colaboran un elenco potente, que transita un texto de recorrido inteligible, y un diseño escénico de Félix Padrón que aprovecha la arquitectura de ese patio abierto y lo transforma en un perfecto ámbito de acción, aunque la representación al aire libre obliga al espectador a concurrir bien abrigado y a los artistas a suspender la función en caso de lluvia. 
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