21/04/2016 literatura

Una historia oral de la cerveza a travs del montaje literario de Francisco Bitar

Concebida como una conversación fragmentada, la nueva nouvelle de Francisco Bitar traza un recorrido poético por las relaciones sociales a través de la cerveza, la bebida más consumida en Santa Fe, donde se van entrelazando diálogos, voces, imágenes y registros que configuran un novedoso experimento literario.

Por Juan Rapacioli

Bitar (Santa Fe, 1981) publicó los poemarios “Negativos”, “El olimpo”, “Ropa vieja: la muerte de una estrella”, “The Volturno Poems”; la nouvelle “Tambor de arranque” y los volúmenes de cuentos “Luces de navidad” y “Acá había un río”. Además, fue incluido en la antología “1.000 millones. Poesía en lengua española del siglo XXI”.

El escritor, que tuvo a su cargo la edición de “El junco y la corriente” de Juan L. Ortiz, entre otros volúmenes, habló con Télam sobre el origen de este libro, realizado gracias a una beca del Fondo Nacional de las Artes y publicado por la Editorial Municipal de Rosario.

- ¿Cómo nació la idea de armar este libro tan particular?
- De un fracaso. Me habían dado la beca del Fondo Nacional para que escribiera un libro sobre la cervecería de Santa Fe pero, después de tres arranques en falso, pensé en largar el proyecto. Fue entonces, de entre las cenizas, que surgió la idea de montar el material existente, sumado a nuevos registros de conversaciones que grabé desde el celular, en un nuevo entramado de voces. Fue entonces cuando se impuso la idea de una ‘Historia oral’, aquel proyecto demencial y nunca hallado del legendario Joe Gould. Así es como yo me imagino la "Historia oral" que Gould perdió o nunca escribió.
Una de las voces que le dan forma al libro y que define, de alguna manera, su espíritu, dice: “El descubrimiento de que una conversación de borrachos es más proclive a brillar que ninguna otra, sugerís en tus notas. Pero, sobre todo, el descubrimiento de que todo diálogo sin excepción entraña un amague narrativo”.


- La conversación, el taller de escritura, el laboratorio creativo se mezclan bajo una respiración poética... ¿Con qué criterio pensaste la historia?
- Un criterio fue la alternancia: traté de dar con el lugar exacto en que cada voz debía sustraerse y el próximo lugar donde volvería a aparecer. El otro criterio aparece enunciado en el libro a la manera de una advertencia del propio narrador: toda conversación -reitera- supone un amague narrativo, por lo que vamos a encontrar en el libro algo así como pequeñas historias o espejismos de historias. Todo dependía de la astucia con que se ejecutara el montaje.


- ¿Por qué te importaba trabajar con la oralidad como hilo conductor?
- Yo soñaba con escribir un libro donde las conversaciones parecieran nunca haber empezado y que, una vez ahí, en el libro, pareciera también que nunca se extinguirían. Un libro donde las conversaciones asomaran, dirían lo que tienen para decir y quedaran colgadas en el aire. Para eso, tenía que trabajar con un material para nada excepcional, desde que la excepción es una forma de irrupción un poco dura. Las conversaciones de todos los días, que casi nunca son simples ni sencillas, merecen a veces, si no la inmortalidad, al menos la posibilidad de seguir con vida.


- Voces, registros, saltos temporales atraviesan el libro que también se puede pensar como una breve historia de las relaciones entabladas por la cerveza en Santa Fe…
- Es imposible pensar en un objeto más ajustado a la vida diaria de los santafesinos que la cerveza. Acá la cerveza no representa una nota grave, de dolor o postración, sino que equivale a un dato de la realidad. Todos tomamos cerveza todo el tiempo. Es la única variable con la que igualamos los estándares europeos.


- Hay algo musical, urbano, nacido en el mundo de las amistades… ¿Tiene que ver con la nostalgia de una época?
- Absolutamente. El oído está educado para separar la paja del trigo. El asunto es que siempre nos vamos a inclinar por escuchar las conversaciones que parecen hablarnos directamente. En el caso de la ‘Historia oral de la cerveza’, se puede escuchar a todo un mundo que parece a punto de desvanecerse. Me gusta pensar que el libro entra justo ahí, un segundo antes de que estas historias se pierdan para siempre.


- El libro se adentra en un universo de borrachos que habitan distintos niveles de realidad y de lectura, como si la cerveza fuera una sustancia subterránea que propone otra vida dentro de la vida…
- Claro que sí. Es la exacta definición de la borrachera, la de una vida dentro de la vida. Eso respondía Faulkner cuando le preguntaban por qué se daba con whisky como lo hacía. Porque me hace más alto, más bello y más fuerte, respondía él. Sí, hace todo eso, y te vuelve además verborrágico, gracioso, bardero, desconsolado, seductor, mejor bailarín, mejor amante, etcétera. O, al menos, eso te parece.


- ¿Cómo hacer literatura con la cerveza después de, por ejemplo, Bukowski?
- Como decía Pound: volviéndolo nuevo.
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