21/04/2016 entrevista

Greg Scarlatoiu: Corea del Norte, una tierra de esclavitud moderna y supervivencia

Corea de Norte es conocida por su excéntrico líder, sus ensayos militares y armas nucleares y por ser uno de los gobiernos más represivos, pero el especialista Greg Scarlatoiu revela otra realidad, más escondida y escalofriante.

Por Mara Laura Carpineta

"Oficialmente todos deben estar empleados en Corea del Norte. Estar desempleado es ilegal y hasta puede ser penado. El Estado le asigna un trabajo a cada persona y la asignación depende del sistema de estratificación social Song Bun, es decir, del nivel de lealtad al régimen", comenzó a explicar Scarlatoiu, director ejecutivo del Comité por los Derechos Humanos de Corea del Norte, una organización con sede en Washington.



"El acceso a una buena educación, un buen trabajo, inclusive a buena comida, depende de la clase a la que uno pertenezca. La clase central o leal representa a un 20-25% de la población, la clase vacilante a un 40-60% y la clase hostil a un 20%", agregó el especialista en una entrevista con Télam durante su breve visita a Buenos Aires.

Pyongyang niega que exista esta suerte de sistema de castas; sin embargo, innumerables desertores y refugiados norcoreanos lo han confirmado a lo largo de las últimas décadas.

Las familias que pertenecen a la clase central son aquellas que descienden de miembros de la resistencia contra la ocupación japonesa que comenzó en 1910 y terminó al final de la Segunda Guerra Mundial, y de aquellos que pertenecían a la clase trabajadora al fundarse el país, en la posguerra.

Son el partido, el régimen, los leales.

En el otro extremo están los llamados hostiles. Estos provienen de familias que antes de la creación del régimen comunista eran terratenientes, comerciantes, profesionales o tenían algún vínculo con el cristianismo.

Pyongyang niega que exista esta suerte de sistema de castas; sin embargo, innumerables desertores y refugiados norcoreanos lo han confirmado a lo largo de las últimas décadas

"Todos los que ocupan una posición o hacen un trabajo significativo deben pertenecer a la clase central. Hay poca movilidad social. Uno de los pocos ejemplos de esto son los miembros de la policía especial. Vienen de la clase vacilante, pero como ocupan posiciones muy importantes, ascienden", explicó

En Corea del Norte no existe la propiedad privada. Oficialmente el Estado es el único empleador y el único proveedor de educación, alimentos, salud y vivienda.

Desde el poder se decide qué jóvenes estudian y quiénes no, dónde trabajarán después de cumplir los 10 años de servicio militar -obligatorio para los hombres- y, por ende, dónde vivirán.

Pese a ser tratado como un paria internacional, en los últimos años muchas empresas, entre ellas varias europeas, han tercerizado parte de sus operaciones en el país asiático, aprovechando los bajos costos y la preparación técnica de su juventud, en industrias como la tecnológica y la animación.

Scarlatoui sonrió, asintió ante el dato y recordó que parte de la famosa película de Disney, El Rey León, fue realizada allí.
Pero inmediatamente aclaró que la mayoría de los norcoreanos necesitan recurrir a todo tipo de mercado informales para poder satisfacer sus necesidades más básicas desde la llamada gran hambruna de mediados de los años 90.

La caída del bloque socialista y, en consecuencia, el fin de las importaciones subsidiadas, una temporada de masivas inundaciones y los fallidos intentos del gobierno por crear un modelo económico autárquico y de reemplazar completamente el dinero por cupones, exacerbaron la crisis de principio de los 90 hasta un nivel dramático. No hay cifras oficiales, pero se estima que fallecieron entre 600.000 y 3 millones de personas.

El país salió del pozo, pero todos los pilares socialistas quedaron resentidos, entre ellos la educación.

Scarlatoui habla coreano, es un profundo conocer de la península coreana y ha entrevistado a muchos desertores y refugiados norcoreanos. Sin embargo, una y otra vez se refiere a su propia experiencia detrás de Cortina de Hierro en Europa para explicar qué pasa en Pyongyang.

"Nací y me críe en la Rumania comunista, la educación era algo muy importante allí. Sólo había dos clases: los trabajadores que tenían un diploma universitario y los que no. Era algo que potencialmente cambiaba tu vida", recordó.

"Esto no pasa en Corea del Norte, según me contaron muchos refugiados -continuó. Hoy los jóvenes están más interesados en conseguir ser parte de trueques y ser comerciantes en los mercados negros, algo que les permitirá sobrevivir y hasta crecer, en vez de estudiar".

"Ya no hay una expectativa de crecimiento ni de conseguir un buen trabajo por medio de un diploma universitario, excepto que uno provenga de la clase central", agregó.

Una de las consecuencias más dramáticas de este cambio se ve en el sistema de esclavitud moderna que explota el gobierno comunista norcoreano.

Desde los años 60, el gobierno de Kim Il-sung, el abuelo del actual líder, Kim Jong-un, envió a miles de personas a trabajar fuera del país en condiciones de completa indefensión y luego se apropió de la mayoría o la totalidad de sus sueldos.

Entonces, las personas eran forzadas a abandonar sus familias y trabajar fuera del país. Sin embargo, desde la gran hambruna muchos trabajadores se presentan como voluntarios y algunas veces, según Scarlatoui, hasta sobornan a funcionarios para ser elegidos.

Los hombres deben estar casados y tener hijos; las mujeres, ser miembros de la clase central. El sistema es simple: si escapan, sus familias en Corea del Norte pagan el precio.

"Conocí a un joven universitario que se propuso para ir a trabajar afuera del país y aceptó un empleo como leñador en Rusia. El no recibía dinero, pero a su familia le daban cupones, con los que podían comprar comida y productos electrónicos. Me dijo que su sueño era trabajar tres años en Rusia para ofrecerle una mejor vida a su familia y que ellos puedan comprar una televisión a color", relató.

"Pero mientras estaba en Rusia -continuó- el sistema de los cupones colapsó, la familia dejó de recibirlos y, eventualmente, le llegaron noticias de que no tenían ni para comer. Logró escaparse del trabajo, pero se perdió en Rusia durante más de ocho años, no sabía a dónde ir ni tenía plata para viajar demasiado lejos".

"Finalmente llegó a un consulado surcoreano y, tras dudarlo mucho, pidió asilo allí. Hasta el día de hoy no sabe si su familia sobrevivió a la hambruna y está viva. Todo por una televisión a color", concluyó.

Actualmente entre 50.000 y 60.000 norcoreanos trabajan en 16 países, todos ellos miembros de la Organización Internacional del Trabajo. La mayoría tiene empleo en la construcción o la industria maderera en China y Rusia, respectivamente, pero la lista también incluye los territorios europeos de Malta y Polonia.
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