30/03/2016 lecturas

A diez aos de su publicacin, la escritora Ana Arzoumanian reedita "Juana I"

Se trata de un experimento poético-narrativo sobre la vida de Juana I de Castilla, la "Loca", para configurar un trabajo que explora, con una potencia demoledora, los límites del cuerpo, la ausencia y un habla femenina que resignifica el concepto de locura.

Por Juan Rapacioli

 A diez años de su publicación, la escritora Ana Arzoumanian reedita "Juana I", un experimento poético-narrativo sobre la vida de Juana I de Castilla, la "Loca", para configurar un trabajo que explora, con una potencia demoledora, los límites del cuerpo, la ausencia y un habla femenina que resignifica el concepto de locura.

Arzoumanian (Buenos Aires, 1962) es autora de los libros "Del vodka hecho con moras", "Káukasos", "Cuando todo acabe acabará", "El ahogadero", "Debajo de la piedra", "Labios", "La granada", "Mía", "La mujer de ellos", "Mar Negro" y "Hacer violencia", entre otros. Tradujo obras de autores como Bonaventure des Périers, Susan Gubar y Levón Khechoyan.

En diálogo con Télam, la autora habló sobre el origen de este libro publicado ahora por Nahuel Cerrutti Carol Editor. "Es en el cuerpo de la mujer donde se dirime un campo de batalla entre el padre, el amado, el hermano y el hijo. A la luz de la construcción de un habla femenina, el concepto de 'locura' es revisitado".

Juana I de Castilla, "la Loca" (1479-1555), fue reina de Castilla, España, desde 1504 a 1555, y de Aragón y Navarra, desde 1516 hasta 1555, pero no pudo ejercer ningún poder ya que a partir de 1509 vivió encerrada en Tordesillas por orden de su padre Fernando el Católico y, después, por orden de su hijo el rey Carlos I.

- ¿Cómo nació este libro y cómo se lee a diez años de su publicación?
- En una primera instancia "Juana I" se produce como un acontecimiento del cuerpo. Escuché su historia, el deambular con el cuerpo muerto de su amado por toda España, su reclusión durante cuarenta y seis años y su imposibilidad de ejercer un poder que le correspondía y sentí una resonancia física. La historia de Juana me tocó. Y entre la primera y la segunda edición se encuentran puntos de la vida política del mundo que me hacen doblemente sensible a la "cuestión Juana".
Juana I de Castilla es hija de los reyes católicos, Isabel de Castilla y Fernando II de Aragón, forma parte de una época de los reinos en expansión, de una Castilla que apuesta por la hegemonía de una lengua y de una moneda, no sólo en el continente europeo sino también en su desplazamiento hacia América. En ese sentido se puede argumentar que esa España fue el primer indicio de una construcción política global. Allí también la historia de Juana I tiene algo para decirnos, ya que la Juana de Castilla aunó en su tiempo una lengua para un territorio bajo una soberanía que todavía no tenía acuñada el concepto de Estado-Nación, porque como concepto nace más tarde, aunque tenía todos los elementos que albergaron la nacionalidad española.

- El libro se puede leer como un largo poema, un experimento poético-narrativo o una poesía en prosa en capítulos: ¿Cómo lo concebiste?
- El libro es un poema largo. De todos modos soy reticente a la clasificación poema-verso/ prosa-narración. Sigo el pensamiento de Henri Meschonnic quien, inspirado en el texto bíblico, se distancia de la tradición griega para la cual hay versos y hay prosa. Para el lenguaje de la Biblia no podemos hablar ni de verso, ni de prosa, sino canto. La palabra "shir" en hebreo quiere decir canto y, bajo la influencia de la poesía árabe, tomó el sentido de "poesía". La música, el acento, la velocidad hacen a la voz de Juana.

- ¿Qué materiales utilizaste para la construcción del libro? ¿Cómo te documentaste?
- Por un lado, el saber de tipo enciclopédico: historia de España y de América, las Cartas de relación de Bartolomé de las Casas, su libro "Brevísima relación de la destrucción de las Indias", textos sobre la Inquisición, la Ley de las Siete Partidas y las Leyes de Indias que pude recopilar de incunables que encontré en una librería jurídica de Buenos Aires y sobre las cuales el librero me permitió trabajar. Por otro lado, una serie de materia sensible que comprende música española de capilla y cancioneros, las diversas representaciones en imágenes de Juana, entre ellas la reproducción de la pintura de Francisco Pradilla llamada "Doña Juana la loca" que se encuentra en el museo del Prado y que me acompañó en el escritorio durante todo el tiempo de la escritura. Además fui a aprender baile flamenco. Si bien el flamenco es posterior a Juana, necesitaba el pesar y el dolor del cante jondo, necesitaba su respiración y su taconeo para adentrarme en la expulsión de los moros de los días del reinado de los reyes católicos.

- El cuerpo y la ausencia del otro cobran una dimensión demoledora que explora los límites de la realidad...
- La violencia en sus diversas manifestaciones mueve mi escritura. Cuando decía que la historia de Juana me tocó, quería decir que los hechos violentos alrededor de su vida provocaban en mí un deseo de buscar los retazos de una justicia hecho trizas. La ausencia del cuerpo del amado en la erótica de Juana me llevó a indagar en los límites de la necrofilia. Allí, no sólo trabajé con el cadáver como territorio del deseo sino como escenario político. En ese sentido el retener un cuerpo vacío, vacío porque muerto, se dispone como una especie de dominio.

- ¿Cómo se entiende hoy la "locura" de Juana I de Castilla? ¿Cuál fue su verdadera relación con el poder?
- Hay una revisión histórica en torno al nombre "loca" de Juana. Los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, la casaron con Felipe "el Hermoso", el único hijo del emperador Maximiliano, soberano de Flandes y Borgoña. De tal manera Fernando se aseguraba el dominio español más allá de los límites de sus principados, además de las tierras de ultramar. En ese período, el hermano de Juana, Juan, muere. Felipe, su esposo, muere tempranamente. La sucesión masculina del trono queda vacía y solo resta Juana para asumir el reinado. Fernando, el padre, quiere retener el poder y, en ocasión del duelo, implementa un proceso llevado a cabo por las Cortes, un proceso donde le imputan el cargo de locura según el cual Juana retendría la corona pero no el poder. Encierran a Juana. Si bien hubo una rebelión denominada de los comuneros no alcanzó para liberarla de un encierro que duró el resto de su vida.
Este relato evidencia el contrato matrimonial y el amor romántico, más tarde, como una geografía donde se dirime un poder, donde se distribuyen relaciones de potencia e impotencia. Y es en el cuerpo de la mujer donde se dirime un campo de batalla entre el padre, el amado, el hermano y el hijo. A la luz de la construcción de un habla femenina, el concepto de "locura" es revisitado. A medida que la voz-mujer toma espacio, ese término es re-significado: el poder se resiente, reacciona y redobla su violencia. En la actualidad, lo primero que se dice de una mujer en el gobierno para desarticular su decisión y su discurso es: está loca.