16/03/2016 Brasil

Lula ser ministro de Casa Civil, en medio de denuncias y con el fin de comandar la crisis

El ex presidente, salpicado los últimos días por denuncias de corrupción, asumirá en la cartera más importante del gobierno, informó el Palacio de Planalto, sede del Ejecutivo de Brasil.

El nombramiento había sido anticipado por el jefe del grupo del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) en la Cámara de Diputados, Afonso Florence, en declaraciones a periodistas y luego fue confirmada por una nota oficial de la Presidencia de Brasil.

Lula ser ministro de Rousseff

El ex presidente aceptó ser ministro de la presidenta Dilma Rousseff -que ocupó este mismo cargo durante su segunda presidencia-., con quien acordó su incorporación al gobierno, en una reunión que ambos mantuvieron este miércoles y que continuó al extenso encuentro de este martes, lo que termina con la serie de versiones sobre la inminente llegada del ex jefe del Estado al Palacio del Planalto.

Luiz Inácio Lula da Silva, uno de los mandatarios más populares que tuvo Brasil, desde este miércoles también figurará en la historia del país como el único político que, tras alcanzar la cima en el Ejecutivo, acepta un cargo de ministro que cataliza mucho poder.

Su nombramiento como ministro en el Gobierno de la presidenta Rousseff, su ahijada política y sucesora, se anunció en medio de una crisis política que tiene a la mandataria bajo una amenaza de destitución que el nuevo miembro del gabinete intentará sofocar.

Como ministro de la Casa Civil o de la Presidencia, a Lula le recaen grandes responsabilidades políticas. Según fuentes consultadas por Télam, es el principal funcionario del equipo de gobierno y su tarea es equivalente a la de un Primer ministro.
También podría comparáselo con un jefe de Gabinete con poderes, pero no se ajusta a ese cargo dado que en Brasil quien ocupa el puesto de jefe de Gabinete no comanda a los ministros sino que más que nada “sigue y cuida” la agenda de la presidenta.

 Lula, quien según el presidente del PT, Riu Falcao, tomará posesión del cargo el próximo martes, asumirá un ministerio desde el que se controlan todos los resortes del poder, lo cual le permitirá influir en las decisiones de su sucesora y en las de su base parlamentaria, a la que intentará unir de cara al eventual juicio contra Rousseff que el Congreso puede retomar en los próximos días.

La crisis empeoró ayer cuando la mandataria fue acusada por el ex jefe del oficialismo en el Senado Delcidio Amaral, detenido por el caso Petrobras, de haber estado al tanto de la red de corrupción en la estatal y hasta de haber maniobrado para intentar liberar a algunos de los detenidos por ese asunto.

Días atrás cuando ya había trascendido esa declaración, Rousseff negó de manera tajante las acusaciones, se declaró indignada y recordó sus días en la prisión durante la dictadura, cuando fue torturada, al afirmar que "nunca" respetó "a los delatores".

En paralelo, siguen las causas abiertas en contra de Lula, en las que es sospechoso de enriquecimiento ilícito, blanqueo de dinero y falsificación de documentos, cargos por los que la Justicia aún no se ha pronunciado pero que llevaron a la Fiscalía de San Pablo a pedir su detención preventiva.

El pedido de detención aún no fue decidido debido a que el Tribunal paulista pidió unificar causas y transferir la solicitud de los fiscales al juez federal Sérgio Moro de Curitiba, Paraná, que lleva adelante el caso Petrobras.

Sin embargo, con su incorporación al gabinete de Rousseff, Lula pasará a tener foro privilegiado y todas las causas en su contra deberán pasar a manos de la Corte Suprema, lo cual deberá dilatar todos los procesos.

Debido a ello, la oposición ha considerado su nombramiento como una tentativa de Rousseff de ayudarlo a "escapar" de la acción de la Justicia.

El Ministerio de la Presidencia es una cartera de la que varios de sus titulares han salido salpicados en los últimos años por grandes escándalos de corrupción.

José Dirceu, quien ocupó ese cargo durante los primeros años del primer mandato de Lula, está en prisión acusado de participar en la red de corrupción de Petrobras. Dirceu fue sucedido por Rousseff, quien salió indemne del cargo, pero su sucesora Erenice Guerra es investigada por asuntos que incluyen el caso Petrobras.

Ya con Rousseff en el poder, ese ministerio estuvo primero en manos de Antonio Palocci, destituido por denuncias de enriquecimiento ilícito y sospechoso ahora de haber participado en el caso de corrupción en la estatal, al igual que su sucesora, la senadora Gleisi Hoffman.

El cargo fue ocupado por Aloizio Mercadante, actual ministro de Educación y acusado ayer por el ex senador Amaral de haber intentado sobornarle a cambio de que no cooperara con la Justicia.

Lula reemplazará a Jacques Wagner que dejará el cargo sin sospechas, desde que la propia Rousseff lo hizo en marzo de 2010.
Por otro lado, los inversores están expectantes para saber cuáles son las cartas que moverá el ex presidente como ministro y temen que su presencia en el Gobierno pueda dar un giro a la izquierda en lo económico.

Hoy la bolsa de San Pablo caía un 0,72 % y el real brasileño se depreciaba un 0,53 % frente al dólar, que era negociado a 3,784 reales para la venta sobre las 14.20 horas. Los rumores sobre la posibilidad del nombramiento ya habían sacudido al parqué brasileño ayer, cuando la bolsa cayó un 3,56 %.

El mercado expresó así su recelo ante la idea de que Lula, quien gobernó Brasil entre 2003 y 2010, pueda interferir en la política fiscal, a la que el Gobierno le había dado un giro ortodoxo en el último año para intentar equilibrar las cuentas públicas del país, consignó la agencia EFE.

En esa línea, Brasil247 citó fuentes del círculo más cercano de Lula quienes confirmaron que el ex presidente exigió contar con un equipo propio (se menciona al ex presidente del Banco Central Henrique Meirelles y al ex canciller Celso Amorim) y poder para dar un viraje que estimule la economía y que permita aumentar la distribución de subsidios a la población de menores recursos.