11/02/2016 lecturas

El imperio que no fue: un libro que desmonta los vnculos entre el nazismo y el franquismo

Bajo la hipótesis de que el nazismo y el franquismo estuvieron relacionados de manera mucho más estrecha de lo que retrata la historia oficial, el economista Pierpaolo Barbieri disecciona en su libro las razones que empujaron al líder nazi a colaborar con Francisco Franco.

Por Julieta Grosso

 Bajo la hipótesis de que el nazismo y el franquismo estuvieron relacionados de manera mucho más estrecha de lo que retrata la historia oficial, el economista Pierpaolo Barbieri disecciona en su libro "La sombra de Hitler" las razones que empujaron al líder nazi a colaborar con Francisco Franco con recursos económicos que resultaron cruciales para el triunfo del dictador en la Guerra Civil Española.

El personaje central de la hipótesis que plantea el ensayista en esta obra es Hjalmar Schacht, artífice de un plan que Barbieri define como un modelo de imperialismo informal con el que Hitler buscó, en la primera etapa de su ascenso al poder, disciplinar a gran parte de Europa a través de una estrategia de dominación económica.

"Mi investigación intenta como una reevaluación de todo el período nazi y especialmente de la estrategia económica y geopolítica que llevó adelante Hitler. El propósito es trascender la historia de la Guerra Civil Española como algo estrictamente español. En ese contexto se puede detectar que lo que llevó a los alemanes y a los italianos a financiarle la guerra a Franco no fue un tema ideológico sino económico", destaca Barbieri.

"Lo que trata la obra es de contrastar la intervención de las potencias fascistas de Mussolini y de Hitler con la falta de acción de las democracias, que no apoyaron la República española. Así, un conflicto que era esencialmente español se internacionaliza", acota.

Barbieri es un joven argentino que presenta en este libro las conclusiones a las que llegó tras los cinco de años de investigación que le demandó su tesis de grado en la Universidad de Harvard -galardonada con el Premio Thomas Hoopes-, en la que refuta la idea de que los alemanes hayan cooperado con Franco durante la Guerra Civil Española por razones ideológicas para argumentar en cambio que ese pacto tuvo un disparador económico.

"Hitler quiso convertir a España en parte de un imperio económico que dictara las prioridades desde Berlí­n. En realidad no le importaban ni la economí­a ni las finanzas: su propósito fue estratégico", destaca Barbieri en entrevista con Télam desde el hotel donde se aloja durante su estancia en Buenos Aires, ciudad en la que nació y a la que vuelve cuando le da un respiro su labor como director ejecutivo de Greenmantle, una consultora macroeconómica y geopolítica con sede en Nueva York.

"Con esta estrategia, Alemania logra una hegemoní­a que se puede definir desde la perspectiva de lo que constituye un imperio informal por el cual los españoles les conceden a los alemanes todo lo que piden. Con el tiempo, en España se impuso la idea de que todo lo que intentó Hitler con Franco fue un fracaso, pero la verdad es que el proyecto alemán de dominación que nace de la decisión de intervenir en la guerra española, fue un éxito", apunta el ensayista.

¿La contribución de logística y recursos que realizó Hitler a las fuerzas de Franco durante la Guerra Civil Española funcionó para el dictador nazi como un tubo de ensayo para medir el alcance de sus fuerzas? "Uno de los problemas que ha tenido la historiografía oficial del nazismo es que consideraba una línea recta desde la llegada al poder en 1933 hasta el genocidio de Auschwitz que culminó en 1945: no fue precisamente un recorrido lineal ya que los alemanes no tenían el programa de un imperio formal definido cuando llegaron al poder", precisa Barbieri.

"España constituye para Alemania la primera intervención extranjera militar. Es la primera vez que los alemanes se sienten listos para enviar tropas a otro conflicto. Por ende, había alguna intención de testear nueva estrategias. Durante ese tiempo, no sólo se analizó y midió el uso de las armas sino un concepto de imperio", sostiene.

En "La sombra de Hitler" (Taurus), Barbieri perfila la tensión entre dos paradigmas de imperialismo encarnados en dos figuras afines a Hitler: por un lado la idea defendida por Schacht que postula una dominación ejercida a través de la economía y por el otro la pretensión de una hegemonía lograda a través de la conquista bélica, postura defendida por Hermann Göring que termina seduciendo al Fhurer y desactiva finalmente los proyectos del imperialismo informal.

"Se produce como una suerte de guerra civil en el interior del gabinete alemán a través del enfrentamiento entre dos facciones. Una, que creía en la belle politique, es decir, en una estrategia de control informal por influencia y hegemonía -muy a lo inglés- y otra que creía en la conquista racial, formal y hacia el este, esa línea que asociamos con la Solución Final y la Shoá. Hitler a partir de 1938 ya se perfila hacia esta segunda opción", analiza.

"El imperio informal es más frágil que el imperio formal. Cuando Hitler lanza su apuesta por el imperio formal destruye el dominio económico y geoestratégico que mantiene con España, lo mismo que ocurre con los Balcanes, ya que la ambición estratégica alemana consistí­a en lograr más proyección económica en paí­ses subdesarrollados para poder dominarlos con el comercio", explica el autor.

Según Barbieri, este programa de imperio informal que documenta en su libro como el objetivo perseguido por Hitler en su primera etapa expansiva, "alentaba la idea de que a los países de la periferia era mejor controlarlos por la economía y la política y no por la invasión, que era una vía mucho más difícil, caro y logísticamente complicado".

En el caso de la relación con España, el ensayista - colaborador habitual de periódicos como El País, The New York Times y The Wall Stret Journal- ilustra su hipótesis con datos elocuentes, como la constatación de que en sólo tres años, el gobierno alemán al mando de Hitler logró redireccionar el 70 por ciento de las exportaciones españolas a la Alemania nazi en detrimento de Gran Bretaña y Francia, los principales inversores extranjeros que tení­a la España de los años treinta.

"Lo que mi trabajo intenta además del recorrido histórico es instalar una serie de preguntas sobre el proceso actual de integración europea, en el cual se lo acusa a los alemanes de imponer su economía sobre el resto de Europa. En la historia contrafáctica, hay que pensar que la integración se iba a realizar de una manera dictatorial y genocida de la que se hizo. Para bien o para mal, el proyecto de integración europea es plural, es democrático y contempla derechos y libertades. Es mucho mejor de lo que podríamos haber tenido si se perpetuaba el nazismo", concluye Barbieri.