03/02/2016 ensayo

Esther Díaz reivindica el robo de ideas en su último libro

En "Ideas robadas al atardecer", la ensayista argumenta sobre diversas cuestiones de actualidad (y no tanto) y diferencia el robo de ideas de la copia, como un sistema del cual los creadores se nutren, aunque la operación es legítima sólo si borra los rastros de la víctima del robo.

El libro, publicado por la editorial Biblos, estará en la calle en pocos días más y acaso pertenezca a esa suerte de género en el cual conviven la reflexión, la autobiografía y la varia invención, a la que no es ajena la autora.


Díaz es doctora en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires (UBA), y ha escrito libros sobre Michel Foucault, Gilles Deleuze, Gilles Lipovetsky y Juan Samaja y sobre epistemología, psicoanálisis y posmodernidad.

- ¿Cómo entender la idea de robo para la construcción de este libro: como una variante vicaria de la intertextualidad, del alimento afectivo, de la afinidad electiva o nada de eso?
- El robo de ideas es indispensable para la creatividad. Como eufemismo se le dice inspiración o insumo. Si el compositor no escuchara música ajena no podría crear nada, esto se hace extensivo al escritor que necesita leer a otros autores, así como el arquitecto, el pintor o el coreógrafo que, aunque tengan talento, necesitan nutrirse del talento de los demás.
El concepto de robo de ideas - tal como lo concibo- no tiene nada que ver con la copia, que replica lo hecho sin agregar elaboración propia. Sin embargo el robo de ideas solo es legítimo si hace desaparecer los rastros de la víctima del robo. Tomar una idea de otro y reelaborarla hasta asesinar la autoría anterior. Eso no solo motoriza al arte y a la filosofía, sino también a la ciencia. Newton decía que logró desarrollar sus innovadoras teorías gracias a que estaba montado sobre espaldas de gigantes, es decir sobre las ideas de sus antecesores.

- En cualquier caso, ¿por qué el título del libro alude al atardecer?
- Porque hace veinticinco años publiqué un libro titulado "Ideas robadas" en el que ya desarrollaba el concepto de robo creativo como contrario a la copia o a la utopía romántica de que se puede crear desde la nada. La historia no da pistoletazos, decía Hegel al referirse a la imposibilidad de crear sin beber de fuentes anteriores, estudiarlas y re-elaborarlas. En el libro actual rescato nuevamente la metodología del robo creativo (y del auto-robo). Pero estoy ya en el invierno de mi vida, de ahí la metáfora del atardecer.

- Puntualmente, ¿cómo articular empresa y belleza?, o mejor: ¿esa dupla no se excluye mutuamente? Lo pregunto pensando, por ejemplo, en el concepto de psicopolítica, del escritor Byung-Chul Han.
- Entiendo que más que excluirse se complementan, porque el autor surcoreano parte del concepto foucaulteano de biopolítica y lo crítica por incompleto con el argumento de que el francés pensó en los cuerpos y excluyó la psiquis. Suponiendo que esta crítica fuera adecuada sería una buena herramienta para analizar el tema de empresas como Helena Rubinstein o L'Oreal que trafican (o traficaron) con la promesa de una belleza corporal que, como lo demuestran las investigaciones históricas, se sostiene desde la explotación, la mentira y la corrupción. No obstante su éxito se basa en apuntar a la psiquis de una población que aspira a la belleza física casi como sinónimo de éxito en nuestras sociedades consumistas.

- Y se llega a la micropolítica y la disciplina ¿Es posible una micropolítica en la era de las disciplinas de vigilancia?
- Además de posible la micropolítica es cada vez más necesaria. Ante disciplinas o vigilancias poco democráticas, los ciudadanos pueden apelar a manifestaciones micro. Organizarse para tratar de resolver problemas comunitarios de manera local, acotada, mínima. Estas acciones no agresivas puede impactar en lo macro y lograr cambio en el estado de las cosas.

- ¿Qué quiere decir intimidad en el estado actual de la técnica?
- En la época en que la técnica ha borrado varios límites entre lo público y lo privado, queda aún un reservorio del orden de la intimidad. Nunca los videos ni las fotos ni los realitys muestran realmente todo. Existe en cada ser humano un reservorio de secretos inconfesables y pensamientos incomunicables, eso es más íntimo que desnudarse o hacer el amor públicamente. Mis recónditas vergüenzas son mi intimidad.

- Al respecto, el pornoterrorismo, ¿sería algo así como el forzamiento de la positividad enmascarado en un imperativo social más general? Si fuera así, ¿en qué otro espacio podría apreciarse ese efecto?
- El pornoterrorismo es una respuesta indignada y militante a la pornografía tradicional, machista y mercantilista obsesionada con los genitales femeninos como objeto, y la erección-eyaculación masculina como finalidad. Uno de los objetivos pornoterroristas es denunciar ese tipo de porno llevándolo a sus últimas consecuencias: mostrar vaginas en vivo y en directo (en performances artísticas), o erotizar el cuerpo entero y el entorno (no solamente los genitales). En fin, erotizar todo a su paso, por ejemplo, mediante masturbaciones colectivas. Creo que otro espacio para apreciar ese efecto son las juntadas autoconvocadas por motivos políticos.
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