20/01/2016 festival de cine

“Oscuro Animal”, ópera prima de Felipe Guerrero, compite en Rotterdam

La coproducción colombiano-argentina “Oscuro Animal”, ópera prima del colombiano residente en Buenos Aires Felipe Guerrero, que narra el drama desolador de tres mujeres víctimas del conflicto armado que desangra a su país desde hace décadas, participará de la Competencia Oficial del 45to. Festival Internacional de Cine de Rotterdam, Holanda.

El festival, que se celebrará entre el 27 de enero y el 7 de febrero en esa ciudad holandesa, incluirá otros dos títulos latinoamericanos en competencia: “La última tierra”, ópera prima del paraguayo Pablo Lamar, que narra la historia de un anciano que debe afrontar la muerte de su mujer, y “A cidade onde envelheço”, de la brasileña Marília Rocha, quien previamente participó de Rotterdam con “Acácio” y “A falta que me faz”.

El trailer.

Coproducción entre Colombia, Argentina, Holanda y Alemania, “Oscuro Animal” sigue a tres mujeres que, por distintos motivos, son víctimas directas del conflicto armado en Colombia, la violencia asesina del paramilitarismo, el machismo generalizado y la necesidad forzada de dejar su tierra y emigrar a la ciudad, para poder escapar del horror que les producen las matanzas e injusticias indiscriminadas.


En una entrevista con Télam, Guerrero -que desde hace varios años trabaja como montajista en Buenos Aires- explicó que la película “empieza en el momento posterior a algo que pasó y termina proponiendo un comienzo de algo que va a pasar. Te deja un sinsabor y una duda profunda. Pero le tiende la mano a las protagonistas y les da una mínima esperanza de reconstruir sus vidas, aunque como desplazadas”.

-¿Directa e indirectamente, la película aborda el tema de la violencia en Colombia?
-Sin dudas. Violencia es una palabra que toda una generación de colombianos ha escuchado. De hecho, algunos le dicen La Violencia, con mayúsculas. Para mi generación es una palabra que significa muchas cosas. Sin embargo, la película no tiene intenciones de reproducir esa violencia de manera realista, sino que intenta una apropiación de esa palabra. La violencia en Colombia es historia y es presente también. De lo que habla en el fondo la película, más allá de los sucesos concretos, es de cómo afecta esa violencia a las tres mujeres protagonistas

-¿Entonces no es una representación explícita de la violencia, sino una reapropiación simbólica?
-Es algo parecido a lo que logra la artista plástica colombiana Doris Salcedo. Ella trabajó mucho el tópico de la violencia. Sus obras son una reapropiación parecida a la de 'Oscuro Animal', porque trata de sentir la violencia y los gestos violentos que han pasado en Colombia en los 80 y 90, la época pesada, e intenta hacer una interpretación artística de eso, con una emoción de aproximación frente a ese dolor y una cercanía muy grande con las víctimas. 

-¿Cómo te aproximaste al tema?
-Hay una combinación de diferentes búsquedas que venía trabajando en mis películas anteriores. La impronta es siempre la misma. La película tiene un tono duro, porque te exige como espectador estar dispuesto a enfrentar una tendencia de la propia película a no dejar las cosas fáciles. Es algo innato en mí, porque en el fondo para mí se trata de una composición. Y tratándose de mi primera ficción sabía que debía contar una historia, pero no quería dejar de plantear cuestionamientos y preguntas.

-¿A esos cuestionamientos se añade también una intención de omitir información y generar dudas?
-Me interesa eso que se queda reverberando y que también afecta a los cuerpos. Algo latente que espera el zarpazo para volver en circunstancias traumáticas e inesperadas. En ese sentido, la omisión plantea una aproximación a la representación para entender el lugar desde dónde ponerme para narrar, lo que me involucra a mí como persona, cineasta, artista y colombiano que no vive en Colombia hace 20 años. La omisión se conecta con la necesidad de mostrar la resonancia: no el golpe sino la resonancia. La pregunta es cómo representar algo inasible que son las consecuencias de la violencia en estas personas. 

-¿Por qué elegiste el silencio y la ausencia de diálogos?
-La ausencia de palabras vuelve sobre el cuestionamiento de la representación. Toca cosas formales como esta ausencia casi radical de diálogos y textos. Cuando hacía la película quería siempre quitar, quitar y quitar, recomponer, deconstruir y reordenar. Un trabajo previo en función de representar la emoción que queda en las víctimas después del impacto violento. Es también una llave para buscar las emociones a través del lenguaje cinematográfico. 

-Se puede decir que le otorgás al sonido un gran valor narrativo y expresivo...
-Mis trabajos intentan darle al sonido un nivel protagónico. Esto proviene de mi profesión de montajista. A mi me interesa mucho la relación no forzadamente sincrónica entre la imagen y el sonido. Siempre he trabajado a partir de rupturas de esta relación sincrónica. Eso me permite una libertad y frescura al momento de componer el sonido que disfruto mucho y me otorga un abanico de herramientas dese lo narrativo y lo expresivo. Encuentro ahí una partitura donde disponer elementos sonoros variados que hago funcionar de diferentes maneras, como si estuvieran en una partitura musical.

-¿Cómo y cuándo nació la idea de hacer la película?
-El proyecto nació en épocas donde en los '90 la violencia era muy actual. Ese embrión fue una investigación profunda, porque en ese momento se sabía mucho menos que ahora. Leí reportes de Human Right Watch y Amnesty Internacional, donde las víctimas contaban su drama y las cosas que pasaban en ese tiempo con sus propias palabras. También entrevisté a algunos desplazados. Es inabarcable como tema porque es de magnitudes mayores, una hecatombe. 

-¿Se puede decir que el paramilitarismo es uno de los ejes temáticos del filme?
-Me molesta mucho la representación que se hace de los paramilitares en la TV y el cine colombianos. Es un problema que debemos reflexionar como artistas, por el peligro de caer en un grafismo vacuo o en una estilización del paramilitarismo. No me interesa el paramilitarismo en sí mismo, sino eso que ellos generan, ese oscuro animal, esa sensación que tiene que ver con violencia de género, violencia explícita y masacres. Me interesa lo que queda después de eso: un aire espeso y enfermo.