07/01/2016 importacin de libros

Luces y sombras sobre la entrada de libros importados al pas

El levantamiento de las restricciones a las importaciones de libros "es volver a la normalidad", una medida que permitirá "empezar a hablar de otras posibilidades que enriquezcan al sector y que no pudieron ser incorporadas estos últimos años", dijo hoy Trinidad Vergara, presidenta de la Cámara Argentina de Publicaciones, al tiempo que otras voces editoriales manifestaron sus acuerdos y disidencias.

"No es un gran logro, es más bien lo que nunca debió dejar de ser, el escándalo fue en octubre de 2010, cuando muchos volvimos de la Feria de Frankfurt -una época muy intensa para los editores- y nos encontramos de un día para el otro con todo el material bloqueado en el puerto e imposibilitado de retirar, sin ninguna explicación ni asidero legal", rememoró la editora en diálogo con Télam

Y explicó que, después de ese golpe tan inesperado e injustificado, sufrieron durante estos años una gran incomprensión: "No nos atendían en la Secretaría de Comercio, no nos daban explicaciones como mucho logramos unos acuerdos casi extorsivos en los cuales teníamos que justificar, al igual que en otras industrias, cada dólar importado con un dólar exportado". 

"La nuestra es la industria de los contenidos del libro, en cambio la gráfica es una industria proveedora y no se le puede aplicar la misma lógica. El valor nuestro es más que nada cultural, educativo, de difusión, un bien intangible de alto valor simbólico y un negocio con muchas dificultades: no hay editores millonarios", sentenció Vergara.

"Los funcionarios de la secretaria de Comercio cuando se ponían a hablar se daban cuenta y admitían que se trataba de una medida para arancelaria con el objetivo de frenar la salida de dólares, sumada a un lobby de la industria gráfica", agregó.

Por otro lado, prosiguió la editora, "resultaba inexplicable porque la industria gráfica nacional es importante pero la parte que puede hacer libros es una franja muy pequeña, apenas el uno por ciento. Toda esta medida fue un daño y un perjuicio enorme que se ve en las curvas de importación y exportación de estos últimos años. En especial para los libros argentinos que se exportaban porque muchos venían primero a la Argentina y desde aquí iban a otros países". 

"Al poco tiempo de comenzadas las restricciones subieron los costos argentinos, había una cantidad pequeña de imprentas con muchísimo trabajo y desmejoraron los plazos de entrega, estaban todas sobrepasadas y el perjuicio mayor lo tuvieron los editores más chicos: Un verdadero castigo para una industria con más peso en lo simbólico que en lo económico", estimó Vergara. 

Hay cantidad de libros que se publicaron en el mundo en este lapso "que acá no llegaron teniendo en cuenta que la industria editorial en castellano está muy vinculada entre sí. Los editores argentinos estamos acostumbrados a tener trato con editores españoles, mexicanos, colombianos, chilenos y siempre ha sido protagónico nuestro rol proveyendo esos mercados".

"Cuando Argentina se encierra deja de lado sus posibilidades de tener derechos para el mundo y los libros que se compran afuera no pueden entrar aquí. Esto nos ha traído mala fama, no quieren firmar contratos con nosotros hasta que cambien las cosas", evalúo la editora.

En un comunicado la Cámara que dirige Vergara y que agrupa el 70 por ciento del mercado editorial del país celebró el levantamiento de las restricciones a las importaciones de libros. 

"Desde 2010, la industria editorial sufrió ese verdadero cepo al ingreso de publicaciones", que "perjudicó a editores, lectores y libreros por igual", con decisiones como "la medida para arancelaria del control de plomo en tintas", considerando que "las tintas para imprimir libros han dejado de ser tóxicas hace más de 50 años en todo el mundo", enfatizó la institución. 

El cepo, se añadió en el texto, "incluyó a la Argentina en la vergonzosa lista de los pocos países que le ponen frenos a la libre circulación de los productos de la cultura, el arte y la ciencia; algo incompatible con un estado democrático y que lesiona garantías constitucionales y la libre expresión de las ideas como derecho humano básico". 

Sin embargo, Débora Yánover, dueña de la Librería Norte e hija del poeta y librero Héctor Yánover, explicó en una entrevista previa a esta medida -en coincidencia con pequeñas editoriales como Mansalva, Blatt y Ríos, Paradiso y Gog y Magog- que la sustitución de importaciones significó el nacimiento de muchas editoriales independientes en los últimos diez años, que publicaron y tradujeron títulos que solo se conseguían en ediciones españolas de los 90. "Fue un renacimiento de la industria editorial argentina". 

Por su parte, Pablo Braun, fundador de la editorial Eterna Cadencia, manifestó a Télam que como lector está "totalmente de acuerdo", es una medida para festejar. Como librero no influye tanto pero si las librerías independientes vamos a tener acceso a más libros, mientras que con respecto a la editorial se abre un camino más competitivo. Puede haber una baja en la venta, pero si uno hace bien los deberes esto no va a ser significativo". 

Joaquin M. Gil Paricio, presidente de la Librería Cúspide, opinó que con esta medida "se va a volver a fomentar la diversidad, había un montón de libros que no tenían una venta anual muy alta pero que hacen al fondo de librería y tenían sus limitaciones, porque los importadores no los estaban trayendo. En nuestro caso hemos bajado en más de un 15 por ciento en los dos últimos años. Por esta razón, a la hora de elegir, ganaban los bestsellers".

"Hay un gran nicho en el mercado en aquellos que necesitan material especializado por estudios y perfeccionamientos. No se estaba trayendo y si se lo pedía por Amazon era parado en la aduana.

También Antonio Santa Ana, editor 'free-lance' y consultor de varias editoriales, indicó que "es una medida positiva al garantizar, sobre todo, el ingreso de libros en pequeñas cantidades, como libros universitarios, poesía, libros de cocina... cuando uno mira la totalidad de la industria del libro es mucho más vasta que la literatura o la no ficción periodística".

"Si una gran multinacional tiene un lanzamiento, el libro lo va a lanzar de cualquier manera. Los que se quedan afuera son los bienes de importación. En general la diversidad va a ayudar a una oferta mejor en los nichos, y no me parece para nada que compita con las editoriales pequeñas", expresó Santa Ana.

Lo peor que produjo el cepo fue el encarecimiento de los libros argentinos y es común que los libros españoles aquí cuesten un 50 por ciento más que en España. 

"Hay un montón de medidas más que se pueden tomar para favorecer a la industria del libro -añadió- el gobierno kirchnerista ayudó mucho con el Mercado de Industrias Culturales Argentinas (MICA), con las grandes compras del Estado, con la presencia en las ferias internacionales, acciones para continuar y que potencian el sector".