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La Batn de Dbora Mundani

Batán (Bajo la luna, 2012), es la primera novela de Débora Mundani. En ella, cuenta la historia de una familia de clase media en un período de veinticinco años, período que comienza con un exilio familiar, un suicidio provocado por la Guerra de Malvinas y esa bomba que es Fabián, el Gordo, que estalla cada cierto tiempo y va hiriendo, de a poco pero sin pausa, a los seres queridos que lo rodean.

Por Leonardo Huebe

Mi viejo se hundió el mismo día que el Belgrano. Así comienza Batán. Paula, la narradora, es la única mujer de tres hermanos y es quien cuenta las alegrías, tribulaciones y vicisitudes de una familia porteña. Sus hermanos son Fabián y Gabriel, y sus padres son una psicóloga y un profesor de literatura aficionado a los trabajos de electricidad.
 
Fabián asiste a un Colegio Industrial y tiene una banda de rock pesado junto a sus amigos el Negro y Richo. Pero un día los ensayos deben cancelarse. En plena Guerra de Malvinas, Richo fue sorteado para hacer el Servicio Militar en la Armada. Fue alistado en el ARA General Belgrano. La vuelta de un Richo mutilado a su casa, el no poder reinsertarse en la sociedad y su trágico fin, son los disparadores de la contundente historia que se cuenta en Batán.
 
Débora Mundani no deja nada librado al azar en la historia de los Benavente. Cada avance en la narración, cada cambio en la relación de los personajes, cada alteración provocada por el paso del tiempo, están realizados por la autora con avezada sutileza (sin demorar la acción, pero tampoco apurándola), lo que hace de Batán una novela profunda, cargada de sentimientos humanos, de los buenos y de los malos.
 
Así, el lector es testigo de la admiración infantil de Gabriel hacia su hermano mayor, admiración que en la adolescencia se convierte en fastidio; de la pérdida de la inocencia y del paso a la vida adulta de Paula, así como de su amor incondicional hacia El Gordo; de la vejez de los padres (ella harta de aquel hijo incorregible, él escuchando a Alfredo Zitarrosa y esperándolo cada vez que desaparece); y es, ante todo, testigo de la dualidad de Fabián, que a veces, cuando carga con la bronca incontrolable que lleva guardada se vuelve insufrible, pero que otras veces, “cuando estaba bien”, podía ser cariñoso y hasta divertido, querible. Es el Gordo, ni más ni menos, que una víctima de su propio dolor, de ese dolor que lo enoja y lo lleva a la calle, a la marginalidad, a los excesos. Y a volver a su casa, con lo que ello implica para el resto de la familia.
 
Para describirlo, quizá sea acertada una línea de diálogo escrita por Osvado Soriano en Una sombra ya pronto serás: – ¿Sabe qué? No se ofenda, pero usted es un hombre cansado de llevarse puesto.  
 
La autora
Débora Mundani nació en Buenos Aires en 1972. Se graduó en el año 1998 como Licenciada en Ciencias de la Comunicación en la Facultad de Ciencias Sociales, en la Universidad de Buenos Aires, lugar donde actualmente dirige un grupo de investigación sobre Políticas e Industrias Culturales y enseña Teorías y Prácticas de la Comunicación. Integra el Área de Escritura en dicha facultad. Es columnista literaria de Radio Sur. Formada en el taller de Guillermo Saccomanno, obtuvo varias distinciones en concursos internacionales. Desde hace unos años coordina talleres de narrativa y de lectura.
 
Su primera novela Batán, obtuvo el 2º Premio del Fondo Nacional de las Artes y el 2º Premio Clarín Novela (2010). Participó en distintas antologías de cuentos, entre ellas Las dueñas de la pelota (Editorial El Ateneo, 2014). Su nouvelle Por cuarenta mil años integra de la Cuarta edición de autores de la Exposición de la Actual narrativa rioplatense (Alto Pogo, Milena Caserola y El 8° Loco). En enero de este año, obtuvo el 2º Premio de novela Casa de las Américas 2015 (Cuba) por su novela El río, que integrará la colección Narrativas al Sur del Río Bravo, de Ediciones Corregidor a fines de este año.
 
Así describe la Paula de Débora Mundani los primeros momentos de su visita a la cárcel de Batán:
Documentos, me dijo el cana que estaba del otro lado del mostrador. Sí, no pude dejar de responderle mientras le pasaba la cédula. ¿Primera vez? No llegué a contestarle cuando el cana ya estaba dándome el pésame, no sé si va a poder pasar, hay que ver si tiene permiso. Por un segundo maldije al Gordo, ¿habrá avisado?, pensé mientras miraba la oficina que estaba del otro lado. Las paredes manchadas de humedad, ninguna ventana, dos escritorios de madera oscura y un armario en la pared donde iban a parar con un número todos los bolsos, carteras, mochilas. ¿Nombre y apellido? Paula Benavente, le dije a tiempo, antes de decirle está ahí, en el documento que acaba de pedirme y ahora sacude con su mano derecha. Pero dentro de un penal, aún en el pabellón de visitas, todo da miedo. Bien, está en la lista de visitas, tiene que dejar la mochila. Tome, le dije al cana antes de habérmela descolgado. ¿Nada para el interno? Ya lo dejé allá, y señalé hacia fuera, donde estaba la otra fila. Bien. Muchas gracias, señor. En la mano tenía todavía el pasaje del micro. Estaba todo abollado y no había ningún tacho a mano. Disculpe. ¿Qué pasa?, me dijo de mal modo mientras alguien que tenía al lado le pasaba un mate. Y en el mismo momento en que iba a pedirle si podía tirar el papel abollado, mire alrededor. El piso estaba lleno de basura, papeles por todos lados, goteras atajadas por baldes de chapa, chicles pegados, manchas de aceite. Nada, es esa fila, ¿no?, le respondí y me metí el pasaje abollado en el bolsillo del jean. Atrás de esa piba. Muchas gracias, señor.



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