25/11/2015 arte

Lipovetsky, arte, hiperindividualismo y prcticas asesinas

El sociólogo francés Guilles Lipovetsky, consideró que el yihadismo en Francia, paradójicamente, es una expresión lejana a lo colectivo y religioso, consecuencia de una sociedad hiperindividualista donde jóvenes como los que se inmolaron hace dos semanas en París buscan sentido y pertenencia en la aniquilación.

Por Dolores Pruneda Paz


De visita en Argentina adonde participó de las primeras acciones de cara a la I Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de la Unasur 2017, el filósofo nacido el 24 de septiembre de 1944 en un París recién liberado de la ocupación nazi, se refirió a los ataques ocurridos en su país 71 años después, los más trágicos desde la Segunda Guerra Mundial, con un saldo de 130 muertos.

"El hiperindividualimo liquidó marcos tradicionalistas: familia, ideología y religión existen pero ya no dirigen las conciencias y eso genera una pérdida estructural que deja un vacío muy duro en los individuos, quienes buscan definir su identidad porque ya no son de un pueblo, ni de una iglesia, ni de un partido político", puntualizó Lipovetsky.

En esa escena social "la gente no sabe quién es y hasta el acto más elemental se complejiza, como comer o no comer carne, y entre los nuevos medios para reconstruir la personalidad surgen formas horribles de identificación que paradójicamente muestran su existencia en la aniquilación", graficó el autor de "La era del vacío".

"Quienes acceden a estas prácticas asesinas -reflexionó el académico-, a menudo no logran insertarse en la sociedad y, en formas rígidas como el yihadismo, encuentran una razón de ser y reconocimiento. En cierto modo es la reconstrucción de la personalidad en un universo que se deshizo del todo".

"La respuesta del gobierno de Francia es adecuada pero insuficiente, reforzar la idea de nacionalidad no hará retroceder esas actitudes y no hay respuesta rápida a este drama", consideró quien escribió "El lujo eterno: De la era de lo sagrado al tiempo de las marcas".

A su entender, ahí es donde surge lo estético como presunta solución, "hay que repensar el lugar que ocupan arte y creación en las escuelas porque la gente busca formas de valorizarse y el arte puede ser ese medio".

Así, "lo artístico encuentra una significación como herramienta de integración social: tenemos que facilitarle a niños y adolescentes los medios para expresarse -dijo-, invertir en escuelas, ciudades y regiones para que esos comportamientos asesinos no se perpetúen".

"La belleza ahora tiene que ver con la calidad de vida, hay que repensar el sentido del arte como algo más profundo que el entretenimiento, considerarlo un instrumento para generar algo diferente al hiperindividualismo", postuló.

El autor de "El imperio de lo efímero" describió las características de un escenario contemporáneo donde el arte funciona como mercancía y fuerza especulativa en la cual el valor económico devora todo y lo más indiscutible es el precio, lejos de la bohemia de Modigliani y los artistas suicidas y donde Koons, uno de los contemporáneos mejor pagos del mundo, "es un gran publicitario".

"La actividad estética se expande a lo cotidiano mediada por el mercado, en tanto que la profundización del capitalismo cambió el significado del museo: de la vocación política de preservar obras maestras trocó a una vocación económica", delineó Lipovetsky.

"Hoy hasta los pequeños pueblos usan a los museos como instrumento para atraer el turismo y ese es el gran cambio de los últimos 30 años, el arte debe servir: el MoMA, el Guggenheim, el Louvre funcionan como multinacionales diferentes a las galerías de principio de siglo XX, que eran más bien locales artesanales".

Lipovetsky señaló la subvención como principal situación dentro de la sociedad global: "Contrario al modernismo revolucionario cuya vanguardia no estaba en los museos; hoy son esos centros los que piden a los artistas ser subversivos, por lo cual la subversión se ha vuelto institucional y ya no molesta a nadie".

Su interés se centra en "analizar la narrativa actual fuera de categorías antiguas como la crítica y a partir de fenómenos como el de los curadores con vocación de artista, que a menudo creen ser creadores de un movimiento", ironizó.

Ese arte contemporáneo que comenzaba cuando Andy Warhol declaraba si intención comercial -"quiere ser una estrella como Marilyn Monroe, fama y dinero"- es además "un universo sin centro donde todo es posible con gran diversidad, una obra puede ser a la vez abstracta, figurativa y conceptual, en una confusión de categorías que atrae tanto como expulsa adeptos".

Lipovetsky sumó a esto un "discurso hipercrítico" que intuye impostado, "no digo que artistas y curadores no crean lo que dicen, pero no hay nada subversivo en eso, a todo el mundo le encanta escucharlo".

"El 'revolucionalismo' tuvo su último apogeo en los 60 y ya era retórica en el 68 del Mayo Francés, una revolución cultural que no tuvo su equivalente en el arte, más allá de expresión de estéticas y culto de 'lo nuevo por lo nuevo', sin la guía de un gran proyecto y con cada artista explicando su propio universo", concluyó.
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