21/11/2015 Libro

"Y tu no regresaste", un libro autobiogrfico de una sobreviviente de los campos de concentracin

En el libro de Marceline Loridan-Ivens compone un texto desgarrador en el que se dirige a su padre, víctima del holocausto como ella, y narra sin rasgos de autocompasión la vida en un campo de concentración en el que estuvo cautiva, en un intento por recuperar a ese hombre al que amó profundamente.



La muerte, la soledad y el desamparo atraviesan el libro de esta mujer, nacida en 1928 en la ciudad francesa de Épinal, que a los 15 años se unió a la resistencia contra el nazismo, fue detenida y enviada junto a su padre a campos de concentración en Auschwitz y Birkenau, localidades separadas solo por tres kilómetros, una distancia suficiente para no volver a verse jamás.

Con este libro, de tono autobiográfico, Loridan-Ivens, cineasta y documentalista, además de dirigirse a su padre, al que evoca en segunda persona y le cuenta qué ocurrió con ella y con su familia luego de esa separación forzada, intenta explicarse esos años de horror y aislamiento.

El libro, de editorial Salamandra, se inicia con una nota que su padre le hace llegar desde Auschwitz, donde le vaticina: "Tú sí volverás porque eres joven, pero yo no regresaré". Y así, la autora se confronta con la realidad encerrada en el título de la obra, que actúa como una respuesta a ese designio: "Y tu no regresaste", una frase que encierra además el profundo dolor de una hija adolescente por la pérdida de su padre y una despedida de ese hombre.

"En tu mensaje seguramente me suplicaste que viviera, que aguantara. Ésas son palabras comunes, son las que dicta el instinto, las únicas que les quedan a los hombres sensatos que no entreven un mañana. Debiste conjugar los verbos en imperativo...Yo incluso había olvidado el rostro de Mamá. Así que tal vez tu nota trajera demasiado calor de golpe, demasiado amor, que yo engullí conforme leía...", dice la escritora en el libro.

La obra también aborda la vida en el campo de concentración en el que estuvo, por lo que el texto adquiere un gran valor testimonial y de denuncia: "cada mes nos enviaban a todas a un baño de vapor para evitar las pulgas y el tifus. Nos daban la ropa de otros muertos, que nunca eran de mi talla, siempre demasiado anchas y demasiado largas para mí...".

La muerte roza constantemente a quienes viven allí como una amenaza o un destino seguro, y en el caso de Loridan-Yvens la convierte en una cómplice involuntaria de la parca al intentar ayudar a otra niña que no se sostiene en pie por su debilidad y con la que debe trasladar cajas de madera, bajo la vigilancia de los nazis.

"... La caja chocó contra la espalda de la pequeña, cada golpe en mi nuca me obligaba a hacerle daño a ella; al final se cayó, no se levantó y el nazi la remató de un culatazo. He dicho "la pequeña", pero no era ni más joven ni más pequeña que yo, sí más frágil, más flaca, una niña en mi recuerdo, creo que era griega y que yo la maté", dice.

Por eso, en otro tramo del libro dice sentirse "al servicio de la muerte" y confiesa que ante la deshumanización a la que es sometida en el campo "era necesario que la memoria se desmigajara, si no, no habría podido vivir".

El horror alterna con la desolación y el amor hacia su padre, a quien espera ver al llegar a la estación de trenes de París, cuando la liberan al finalizar la guerra. "El único reencuentro posible era contigo. Sólo contigo podía hablar, sólo contigo podía compartir.

Regresé a casa con el cuerpo repuesto, ellos nunca me vieron flaca, y con el pelo creciéndome, de pie en un vagón abarrotado, afortunada, según algunos, pues aún tenía una familia. Pero yo estaba en otra parte. Aferrada a ti, es decir, a la nada...Mamá no me esperaba en el andén".

El relato, como una forma de catarsis, aborda además su supervivencia al reencontrarse con la familia, sus intentos fallidos de quitarse la vida y el destino fatal de sus hermanos, pese a que no estuvieron en los campos de concentración.

"Ahora que la vida se termina, ¿crees que hicimos bien en regresar de los campos?" le pregunta en el final del libro a su cuñada, quien le responde: "Yo creo que no, no deberíamos haber regresado" y ella agrega: "No estoy lejos de pensar como tú. Sin embargo, si justo antes de que me vaya me hacen a mí esa pregunta, espero decir que sí, que valió la pena", concluyó.
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