20/11/2015 entrevista

Un filósofo alemán sostiene que el accionar de fondos buitre se basa en la "extorsión"

Joseph Vogl (1957), uno de los pensadores más heterodoxos y radicales de la filosofía contemporánea, afirmó que la Argentina se encuentra bajo "extorsión" de los fondos buitre, y aseguró que la solidaridad entre países es una "condición necesaria" para enfrentar los cambios geopolíticos que enfrenta el mundo en la actualidad.

Por Alfredo Jaramillo

De visita en Buenos Aires para presentar su último libro, "El espectro del capital", editado en Argentina por la editora Cruce, Vogl dialogó con Télam sobre el funcionamiento irregular de los mercados financieros internacionales y los desafíos de la deuda externa.

A continuidad los principales tramos del reportaje:


- Télam: Usted llega al país en medio de las elecciones presidenciales y uno de los aspectos más debatidos es si el país debe volver a los mercados financieros internacionales a tomar deuda. ¿Que posición tiene usted al respecto?

- Joseph Vogl: Quisiera decir dos o tres puntos. En primer lugar, la actual situación en la que se encuentra Argentina podríamos calificarla de una situación de extorsión. Eso significa, como en todos lo países que se encuentran en una situación similar, debe hacer todo lo que esta a su alcance para salir de esa situación en la que está sujeta a la extorsión. Eso significa que ante esta situación solo hay dos caminos posibles: el primero es el camino neoliberal, y eso significa la Argentina regresa los mercados financieros internacionales y en adelante entonces estará fuertemente dependiente de estos mercados. Con todas las consecuencias que eso significa, en particular las privatizaciones; léase también específicamente la privatización de los sistemas sociales. El otro camino es más difícil de transitar y ha sido introducido por una serie de medidas que nosotros podríamos calificar de imperfectas: cómo es posible minimizar la dependencia de los Estados y sociedades de los sistemas financieros internacionales. Hubo ya algunos intentos, el más conocido, que no llegó a buen puerto, fue la creación del Banco del Sur. El segundo camino fue por otra parte un camino muy consecuente; fortalecer a la economía argentina con medidas proteccionistas. Ese camino puede funcionar siempre y cuando se lo lleve adelante en forma consciente. Una condición para ellos sin embargo es que esto no sea un camino que recorra únicamente la Argentina, sino que busque la solidaridad de otros países que la acompañen en este camino.


- T: La ONU sancionó una serie de lineamientos para dar consistencia a los procesos de reestructuración de deuda: ¿cree que es una iniciativa que puede prosperar y ser útil?

- JV: No puedo decir si es promisoria, pero sí se que es útil y necesaria. Porque nosotros tenemos una asimetría fundamental dentro de la administración de las deudas. Si nosotros pensamos en las empresas privadas para ellos rige una ley de insolvencia, en ese caso por ejemplo si una empresa quiebra está en condiciones de destruir la deuda que ha contraído. Porque es el interés de la empresa privada que la deuda no actúe de forma permanente sobre ella, sino darle la posibilidad de un nuevo comienzo. Pero esa regla no es aplicable a Estados y tampoco para particulares en situación de debilidad. Por ejemplo, si tomamos el caso de Estados Unidos, los dueños de propiedades inmobiliarias no tienen una ley de insolvencia de esas características en las que puedan ampararse. Y tampoco los estados pueden ampararse en una ley de esas características. Es decir, tanto para particulares como para estados en realidad nosotros podríamos decir que rige una ley drástica, una suerte de cárcel. Por lo tanto es racional es lógico y consecuente aspirar a encontrar soluciones como las que va tratando de aplicar Argentina.


- T: Cree que las quitas o las reestructuraciones de deuda son una buena solución para el corto o mediano plazo, o son un problema a largo plazo en tanto representan la reproducción del sistema?

- JV: Creo en primer lugar que la deuda pública tiene un carácter totalmente diferente a la deuda privada, porque las deudas privadas están definidas por intereses privados, pero las deudas públicas están definidas por cuestiones que hacen al bien público. No es ni económica ni políticamente correcto igualar la deuda privada a la deuda pública. En segundo lugar, las deudas en sí no son un problema. Porque por un lado los deudores pueden comprarse tiempo con créditos. Por otro lado, los créditos para los acreedores son un lucro. De lo que se trata en definitiva es de verificar y controlar cuáles son las finalidades que se persiguen en las deudas. Para darle un ejemplo, un objeto fundamental de la deuda pública es, en épocas de crisis, por un lado posibilitar inversiones, por el otro fortalecer en forma sostenida la infraestructura pública.


- T: Lo que ha pasado con Grecia en Europa nos ha recordado la situación que atravesó Argentina 15 años atrás. ¿Por qué cree que pasó eso?

- JV: -La decisión dentro de Europa fue muy clara: fue un dictado en última instancia de Alemania y Francia. Pero no solamente por Alemania y Francia sino por los llamados "bancos del Norte". Los bancos alemanes y franceses fueron los mayores acreedores de Grecia. Por eso es que se dio máxima prioridad al servicio de la deuda contraída con los bancos acreedores por parte de Grecia. Eso significa, en primer lugar, que hasta un 90% del dinero que ingresó en las arcas griegas retornó inmediatamente a los bancos. En segundo lugar, el endeudamiento de Grecia aumentó más, casi se duplicó. En tercer lugar, aumentó la desocupación en Grecia. Y en cuarto lugar, se produjo el colapso del sistema de seguridad social. Pero nada de eso fue un accidente: fue una consecuencia que se basaba en la voluntad de la política alemana. Al final de esa política hubo una redistribución radical de activos y patrimonios, y eso desde los sectores más vulnerables, en particular en Grecia, en beneficio de los más ricos.


- T: En su último libro habla del reemplazo de una vieja cosmovisión religiosa por una nueva denominada "oikodicea", en la que la economía de mercado reemplaza el papel de la Divina Providencia como garante de un orden social justo. ¿Advierte algún tipo de fisura en esta visión?

- JV: El concepto de "oikodicea", que es de mi autoría, proviene del concepto de la "teodicea", por ejemplo, si hablamos de Leibniz. Significa que pese a todas las guerras, emergencias, catástrofes, el mundo existente era el mejor de todos. Esa teoría de la "teodicea" se vio conmocionada en 1755: fue el sismo de Lisboa el que lo produjo. Porque ese sismo fue acompañado tanto por un incendio como por un tsunami. Y Europa supo a partir de eso que la "teodicea" no era el modelo correcto para interpretar el mundo. La "teodicea", en el mejor de los casos, sobrevivió como una suerte de sátira, como en la novela de Voltaire, "Cándido". Algo similar ocurre con la "oikoicea", y estoy hablando de la crisis financiera de 2008. Incluso alguien como Alan Greenspan, ex jefe de la Reserva Federal, dijo “colapsó todo nuestro edificio intelectual”. Y creo que desde entonces, en particular en lo que se refiere a las ciencias económicas, la situación se ha puesto muy confusa, poco transparente.
Desde entonces en Alemania, pero también en Estados Unidos, se observa que la ortodoxia prevaleciente está contra las cuerdas.


- T: ¿Cree que la aparición de China en el escenario internacional con tanta fuerza va a trastocar el balance de poder en el mundo, sobre todo ante el retroceso de Estados Unidos como potencia dominante?

- JV: No soy profeta por lo tanto no lo puedo decir, pero está claro que China ha encontrado el vacío existente en el actual sistema. Y lo que no han logrado los estados latinoamericanos con el Banco del Sur, por ejemplo, lo ha logrado China con el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB, por sus siglas en inglés). Es decir, China es muy consciente de que sí puede lograr una alternativa al sistema norteamericano, pero no estoy seguro de que sea mejor. Es un proceso que por ahora no está definido y convoca a países entre los que se cuenta Argentina, de alto endeudamiento, a solidarizarse y no transitar ni el camino norteamericano ni el chino.
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