13/11/2015 salas

Lumerman se inspira en Chejov para presentar su nueva pieza teatral

Inspirada en la pieza Tío Vania de Antón Chéjov, "El amor es un bien" está escrita y dirigida por Francisco Lumerman, crea su propio universo poético, solidario con el del dramaturgo ruso, signado por los silencios y el entramado oscuro de los vínculos.

Por Laura Ferr

Cinco personajes perdidos en un hostel de Carmen de Patagones, paraje de los veranos infantiles de Lumerman, viven su desconcierto, vacíos de esperanza, aunque determinados a aferrarse a cierta ilusión, por más confuso que resulte su contenido.
El amor es un bien


Desde la dirección, se percibe una mirada compasiva hacia las criaturas, no exenta de toques de humor en reducidos momentos, al narrar la vida de Sonia (Rosario Varela) y su tío Iván (José Escobar), mientras ensayan como pueden para presentarse en el festival musical del pueblo.

La obra puede verse los sábados y domingos, en el teatro Moscú del barrio porteño de Villa Crespo

La visita del padre de la protagonista (José María Marcos), acompañado por su bella y joven esposa (Manuela Amosa), cargados de las peores intenciones, perturba esa tranquilidad breve, pero calma al fin, de intimidad compartida entre tío y sobrina.

La figura del único huésped del hostel (Diego Faturos) un eterno seductor, limitado a la hora de comprometerse con los sentimientos, termina de alterar la frágil dinámica de los vínculos para sacar a la luz los secretos familiares.

Unas sencillas estructuras de hierro y madera demarcan el reducido espacio escénico de la sala para transformarse en lo poco que los personajes necesitan para desplegar su historia, a veces ofician como gradas, en otras ocasiones se transforman en mesas, o superficies de descanso.

Esas líneas rectas y firmes parecen contrastar desde el planteo escenográfico con los vaivenes de esos seres enroscados en sus soledades y a la vez tan deseantes de un encuentro (aunque sea fugaz) con los otros.

Las canciones en vivo y los acordes de la guitarra iluminan con algunos destellos los dolores de la trama y parecen abrir una rendija a cierta quimera para el destino de estos seres tan reconocibles, torpes para la esperanza aunque empecinados en no perder la ilusión.

Una textualidad paralela, el relato de una suerte de sueño realizado por cada personaje, casi confesiones al público desarrolladas junto a la trama principal construyen una dinámica narrativa minuciosa, escondida tras una aparente simpleza.

El elenco entrega trabajos exquisitos dentro de esa lógica de la precisión, donde cada gesto y cada movimiento de los cuerpos se corresponden a la sonoridad y a los silencios de ese cuento donde se ingresa con la distancia de un espectador cualquiera, pero al terminar la función resulta difícil no empatizar y sentirse un poco como alguno de los personajes.

“El amor es un bien” se compromete con la estética y las tensiones latentes de aquellas “escenas de vida de campo”, como definió el dramaturgo ruso Chéjov a su obra a "Tío Vania" (1899), pero al mismo tiempo el director construye otro universo.

Un mundo marcado por la nada aparente de Carmen de Patagones, geografía donde todo puede suceder (la obra menciona como al pasar la Masacre escolar ocurrida allí en 2004), sin alterar la siesta de la llanura, un acabado clima de tensiones latentes y distancias que Lumerman construye con acierto.

Las funciones se realizan los sábados a las 23 y domingos, a 18.30, en el teatro Moscú, Camargo 506.