12/11/2015 literatura

Jutta Bauer sugiere ponerse en la piel de un nio al escribir literatura infantil

La escritora e ilustradora alemana de literatura infantil Jutta Bauer considera fundamental ponerse en la piel de un niño a la hora de escribir y adhiere a la idea de que "más que original" es importante "ser auténtico" en ese proceso de creación.

Por Claudia Lorenzn

 


Galardonada con el premio Hans Christian Andersen de ilustración, en 2010, llegó a la Argentina invitada por el Instituto Goethe para participar del Festival de Literatura Infantil y Juvenil (Filbita), donde dará un taller sobre las distintas maneras de acercarse a la ilustración en la literatura para niños y, con la ilustradora argentina Isol, premio Astrid Lindgren, disertarán sobre qué lugar ocupan el juego, la literatura y el dibujo en sus vidas.

Entre los libros que Bauer publicó se destaca Selma, un cuento en el que aborda la felicidad de una manera llana y a la vez esencial tanto en la historia como en la ilustración, caracterizada por dibujos de trazos sencillos. 

En esa obra, la protagonista es una oveja a la que entrevistan y le preguntan cómo hace para ser feliz y responde que comiendo pasto, durmiendo, hablando con un pájaro vecino. Cuando le preguntan qué haría si gana la lotería, responde que comería pasto, dormiría y hablaría con el pájaro vecino. Una metáfora sencilla y profunda, al mismo tiempo.

La escritora cuenta que este relato surgió de escuchar a una campesina de 100 años a la que le preguntaban cómo influye la salud psíquica en la física. 
"Cuando la escuché dije aquí tengo una historia. Le preguntaban qué harías si tuvieras más dinero, y ella siempre respondía que haría lo mismo. En general las historias están en la calle, solo hay que encontrarlas", asegura en diálogo con Télam.

¿Se escribe para un niño de la misma manera que para los adultos?
Los niños se ven agobiados por muchos temas todo el tiempo, creo que no hay una regla de cómo escribir para un niño, sino que la palabra clave es empatía, es decir: cómo sentiría yo si fuera un niño. Creo que algo importante a tener en cuenta es la consigna "menos es más", porque a veces hay tanta información que impide a los niños extraer un mensaje. Hay que ser más esencialista en cómo se presenta la información a los niños.

En este sentido, ¿cuál es el rol de escritores e ilustradores?
Creo que hay que alentar a los ilustradores a que retraten su experiencia personal, para centrarse en la individualidad, no tratando de ser especialmente originales, sino auténticos, buscando la forma más chiquita para lo que quiero expresar. Otra vez digo que siempre menos es más, y cuando uno realmente se involucra, lo que surge nunca puede ser aburrido, y cobra alma.

Las cosas que se ven en la televisión no tienen alma: muchos colores, orejas en punta, cabezas cuadradas, para qué me pregunto. Hay dibujos donde un personaje tiene siempre la ceja levantada y el otro, siempre baja. Posiblemente el ilustrador pensó que tenía una idea genial, pero la realidad es que ese personaje no tiene posibilidades de mostrar distintas expresiones. 

¿Qué relación hay entre juego y literatura? 
La literatura es un juego y hay juegos basados en tener que contar historias. Por ejemplo cuando doy workshops para adultos parto de algo que hizo el italiano Gianni Rodari, que sugería tomar dos conceptos que no tienen nada que ver entre sí como "ángel y calzoncillo" o "armario y burro" y la consigna es desarrollar a partir de eso. Creo que esas son las cosas que permiten desarrollar la fantasía y la creatividad y salir de ese pensamiento más lineal que bloquea. Es un juego que entrena la fantasía.

¿Cómo considera que están educando hoy los padres a los niños en relación al tiempo que les dedican y al tiempo de juego que comparten?
Creo que los padres dejan muchas cosas libradas a otros. Tuve una experiencia durante una huelga de trenes que hubo en Alemania en la que estuvimos una hora sentados y la gente no sabía qué hacer con los chicos, porque algunos padres han perdido la capacidad de cantar, de jugar con las manos, sobre todo con los más chiquitos.

Me gustaría que volviéramos a la época en que no era necesario ir a comprar algo para estar con los chicos, que se puedan hacer cosas sin comprar nada, que podamos divertirnos incluso sin el celular. 

¿Cree que la tecnología fue quitándole tiempo de disfrute a la lectura?
Creo que no necesariamente sucede eso. Se trata solo de un método. Bien se podría leer y hacer cosas con la tecnología, tenemos que saber cómo hacerlo. La tecnología es nuestra esclava y no nosotros esclava de ella. Tendría que estar a nuestro servicio y no al revés. Estamos muy pendientes de la tecnología, siempre tenemos un dispositivo delante. En una oportunidad vi a una pareja frente a un atardecer y no lo estaban mirando, le sacaban fotos, no lo disfrutaban. Estos dispositivos están alterando nuestro acceso a la realidad.

¿Y cómo afecta esto a nivel vincular y de creación?
En una oportunidad acompañaba a una familia en un parque y los chicos no podían jugar descalzos en el pasto por temor a que los pique una avispa, y tampoco pueden tener la experiencia de sentir el pasto con los pies descalzos. Entonces si los chicos ya no pueden sentir el dolor de una picadura, ¿la literatura debería ocupar ese lugar y explicarles lo que es el dolor por una picadura?
A medida que los chicos tienen menos experiencia con la realidad, están más encerrados en su casa leyendo historias de fantasy, superaventuras y peligros con las cuales no van a tener nunca ningún contacto. Lo mismo ocurre con los adultos: cuanto menos cocinan más programas de show de cocina ven por la televisión.
Ese es un tema importante para niños y adultos: cómo la literatura se vuelve más artificial. ¿Hablamos de experiencias que compartimos o de cosas alejadas de nosotros?

¿Usted observa eso más en Europa que en países de Latinoamérica?
Es una observación general. Por supuesto que hay condiciones de riqueza o pobreza, de las vidas en las ciudades donde la gente vive apretada que posiblemente propicie situaciones como las que estuvimos hablando.

En Perú, hicimos talleres de dibujos y escritura para niños y la mayoría hablaban y dibujaban sobre sus familias, sus miedos, expresaban más sus emociones. 
En Perú las familias están más integradas y los niños viven con sus abuelos. Por ejemplo un niño escribió: amo a mi abuelo con mucho amor, repitiendo la palabra amor dos veces en la misma oración. Mientras que los niños de Hamburgo decían: ese es mi abuelo, se pone nervioso cuando no encuentra donde estacionar.

Otra característica es que en Alemania, los niños desde el principio de la actividad quieren saber y preguntan, lo que da cuenta de su emancipación, y en Perú esperan a ver qué pasa, porque quizá no están acostumbrados a preguntar y aceptan las cosas tal como vienen.