09/11/2015 Natalia Zuazo

“Hay una concentración de empresas que domina la infraestructura de internet”

En Guerras de internet, la politóloga y periodista Natalia Zuazo pone blanco sobre negro la política de distribución de las empresas de internet, cómo es el acceso a la red, cómo la misma ha transformado los modos y las costumbres de lectura y qué es lo que se entiende por intimidad (o pérdida de intimidad) en la era de los medios digitales.

Por Pablo E. Chacón

El libro, publicado por el grupo Random House Mondadori, es el trabajo de una especialista en la materia que trabaja esta cuestión en los centros neurálgicos de la Argentina del siglo XXI y algo más.
 
Zuazo se recibió de licenciada en Ciencia Política con especialización en Relaciones Internacionales en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y realizó el Máster en Periodismo del diario La Nación y la Universidad Torcuato Di Tella.
Trabaja en periodismo, estrategia y contenidos digitales desde hace más de 10 años. Fue editora de noticias online en Clarín.com, Crítica de la Argentina y Perfil.com. Coordinó los proyectos digitales de la Revista Anfibia (Unsam/FNPI) y la Fundación Proa, entre otros. Es directora de comunicaciones de una agencia digital y consultora en comunicación y proyectos online.
Esta es la conversación que sostuvo con Télam.
 
T : ¿Cuál es la definición de internet que considerás más adecuada, teniendo en cuenta sus virtudes y sus defectos?
NZ : No hay una definición de internet unívoca.  Internet es el sistema nervioso de la humanidad. Como digo en la introducción del libro, es una tecnología que ya no podemos evitar, es la electricidad de nuestra época y la usamos para todo, desde el trabajo, el entretenimiento, los trámites de gobierno o las compras online. Se transformó en algo tan esencial que está presente en cada actividad. Por eso es tan importante el acceso a internet como un derecho que nos mantiene del lado de adentro del mundo. Y por eso un problema político a resolver en el mundo es garantizar el acceso a internet para el 57% de la población mundial que todavía no lo tiene. Ahora, aunque nos conecte a todos, para cada actor con sus distintos intereses internet significa cosas distintas. Para algunos gobiernos puede ser un arma de control de la libertad de expresión o de persecución. Para otros, de estar más cerca de los ciudadanos. Pero para algunas empresas, por ejemplo, puede ser una forma de recabar datos de los usuarios y para otras, de ofrecer servicios de diferentes maneras. Y para los usuarios tampoco es lo mismo, porque con la diversidad de ciudadanos e intereses del mundo necesariamente no puede serlo. ¿Qué definición me interesa a mí? Una que se asuma diversa. Pero también una donde haya más acceso y en donde internet siga siendo, aún con la tendencia a la concentración actual, una herramienta para compartir poder, conocimiento, información, o para demandarla.
 
T : El título del libro, Guerras de internet, y no sólo el título, resultan vagamente inquietantes. ¿Cuál es tu opinión acerca de la democratización que ese dispositivo fomentaría respecto de la información, y cuál sobre su supuesta oscuridad?
Z : La idea de la democratización de internet es una idea que estuvo bastante de moda sobre todo cuando a principios de los 2000 se hablaba del 2.0: de la posibilidad de que todos produjéramos y subiéramos y compartiéramos contenidos en internet. Está relacionada con la posibilidad de producir y distribuir -sobre todo distribuir a un costo menor- ciertos contenidos. Ahora: que eso necesariamente contribuya a la democratización y nos ponga a todos en un mismo lugar de poder es una simplificación. Primero porque no todos acceden a internet. Segundo, porque para hacerlo se necesita dominar herramientas digitales. Y tercero porque hay ciertas empresas, pocas empresas, que dominan cada vez más la palabra, la producción y el poder en internet. Y eso también es lo que busca mostrar mi libro, mi investigación: que lejos de ser democrática existen pocas empresas que dominan el ecosistema digital. Hay una concentración de las empresas que domina la infraestructura de internet. Y también en las que controlan los contenidos. En Argentina, y en réplica al panorama mundial, el mayor porcentaje de las visitas cotidianas a internet lo tienen un grupo muy reducido de empresas, que también concentran la publicidad: Google, Microsoft, Facebook, Yahoo y los dos grupos de mediosde comunicación dominantes: Clarín y La Nación.
 
T : ¿Cuánto afecta el uso de la red a la atención y a la concentración, habitualmente asociadas a la lectura?
Z : Le dejo esa respuesta a los expertos que estudian ese tema, que de hecho es de gran actualidad: cómo la era digital está cambiando nuestra forma de pensar. Más que afectar prefiero el verbo modificar, porque sino caemos en ciertas demonizaciones y mitos repetidos sobre los males de internet, y lo que hay en realidad son cambios. Hace unos años rondaba el mito de la inexactitud de Wikipedia, que luego resultó falso, incluso contrastando con la Enciclopedia Británica. También existió el mito de que a partir de internet leemos menos. Pero no es cierto tampoco. Lo que sucede es que leemos en distintos soportes (cosa que también siempre pasó pero ahora se extendió a lecturas en espacios intersticiales como los viajes al trabajo o al baño).
 
T : ¿Se articula internet a las nuevas tecnologías de vigilancia? Si es así, ¿de qué manera?
Z : Internet puede ser usada para el bien o para el mal. Y en su versión negativa, la Red puede ser un arma de vigilancia extremadamente potente a través de diferentes formas porque todo lo que realizamos diariamente en cualquier actividad se concentra en los datos que vamos dejando en internet. Esos datos los manejan principalmente las corporaciones que usamos, desde búsquedas en Google, hasta lo que publicamos en Facebook, hasta nuestras compras online en Mercado Libre, Amazon, en cualquiera de los sitios que compramos online, hasta nuestras comunicaciones vía mail o nuestras búsquedas. Todos esos datos en manos de poderes, gobiernos, corporaciones, otras personas que nos quieran espiar pueden ser una herramienta de vigilancia. Pero también porque a través de distintas aplicaciones, por ejemplo los mapas, la geolocalización, es posible tener un rastreo de lo que hacemos diariamente. Y eso permite la vigilancia. Por eso es tan importante que nosotros, como ciudadanos, conozcamos cómo funciona internet para demandar leyes que nos protejan antes de que esto suceda. Las leyes que protegen nuestros derechos humanos son absolutamente relevantes para evitar que internet se transforme en un arma de vigilancia.
 
T : En tu opinión, ¿existiría una pérdida de la intimidad desde la popularización de las redes sociales?
Z : La popularización de las redes sociales no es la causa de la pérdida de intimidad. La idea de lo privado es contextual a la época y hoy tenemos una idea de intimidad distinta a la que teníamos hace 5, 10 o 15 años. Seguramente, yo que tengo 35 años no tengo la misma idea de intimidad que una persona que tiene 20. Hay que salir de las posturas de que el mundo hoy es peor por estas cuestiones. También sostengo firmemente que la decisión sobre mantener qué idea de intimidad queremos es personal y la culpa de eso no es quien nos ofrece la herramienta de perderla. Es de nosotros, que no podemos evitar la droga de exponernos permanentemente. Y eso, fundamentalmente, tiene que ver con que no nos podemos generar otros mundos agradables, porque efectivamente las redes tienen un efecto farmacológico de ver cosas lindas y de filtrar el mundo con belleza que nos subyuga de alguna manera. Los valores de privacidad se transformaron, no se perdieron. Porque todavía no salimos desnudos a la calle, todavía resguardamos nuestros mails y no queremos que los vea cualquiera, todavía ponemos contraseñas. Entonces que nosotros no podamos todavía pensar la intimidad de otra forma simplemente es que todavía no hemos construido categorías o que las estamos construyendo en el medio del camino. Y eso está bien, es lo normal, y no algo patológico de lo digital. 
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