04/11/2015 festival de cine

Ariel Rotter presenta "La luz incidente" en Mar del Plata

El realizador está presentando la tercera película de su filmografía personal y tercer título argentino en ingresar a la Competencia Internacional del festival de cine que se desarrolla en esta ciudad hasta el sábado próximo.

Por Pedro Fernndez Moujn

Enviado Especial

La cinta, que se vio previamente en Toronto, surgió a partir de unas fotografías en blanco y negro que Rotter encontró en unas cajas cuando realizaba un documental familiar y para consumo íntimo en el que estaba registrando los últimos días de su abuela, “intentado capturar algo de eso que se estaba apagando”, dice.

La luz incidente

“Son fotos familiares que estuvieron guardadas durante 30 años, un casamiento que no evocaba ninguna alegría, son también como las únicas imágenes que yo tengo de mis padres juntos, para mí tenían un valor gigante pero para todo el resto era algo que mejor no ver; además de eso, en las fotos me impresionaba mucho ver los mobiliarios que formaron parte de mi casa pero en otra casa que yo no conocí y en otra”, cuenta Rotter sobre el hallazgo que dispara la película que, dice, durante cinco años intentó abandonar.

“Fue una película que durante cinco años me resistí a hacer, que todo el tiempo quería dejar de lado, ante la que constantemente decía: ‘dejá, para qué meterse con eso’, porque se trataba de materiales con los que me era muy difícil tomar distancia, que tenían una fuertísima resonancia para mí pero que no sabía tampoco cómo trasladar todo eso para convertirlo en un relato cinematográfico de valor para cualquier espectador que saliera de la anécdota personal y se convirtiera en una ficción”, cuenta Rotter sobre el proceso de elaboración de este filme y la distancia que lo separa de “El otro”, con el que ganó el Gran Premio del Jurado y el de Mejor Actor para Julio Chávez en el Festival de Berlín de 2007.

“También había otras fotos –cuenta Rotter-, las fotos que estaban en el living de mi casa pero de las que tampoco se quería hablar mucho, las fotos que tenían los marcos de plata siempre pulidos, imágenes casi religiosas donde veías un aire de pertenencia; eran las fotos de dos hombres que pierden la vida en un accidente: el padre de mis hermanas y mi tío”.

Con estas fotos, con estas conjeturas infantiles, con esta suerte de fantasmas de algún modo asechantes, y con un blanco y negro exquisitamente fotografiado por Guillermo Nieto, Rotter construye “La luz incidente”, un filme situado en Buenos Aires entre fines de los 50 y principios de los 60 que trabaja sobre el dolor inextirpable de una mujer que acaba de perder a su marido y que con dos hijas muy pequeñas debe rearmar su mundo en una sociedad acomodada para la cual el matrimonio y la familia son el único pasaporte de ingreso, lo que reviste de inusitados poderes a un nuevo postulante amoroso que aparece y avanza con una decisión avasallante.

“La película tiene dos líneas: una ligada a la pérdida y otra a la construcción, al futuro, y si bien en un momento las pensé como partes separadas que se suceden una a la otra a medida que se acercaba el rodaje iba advirtiendo que todo tenía que suceder a la vez, porque había una tensión dramática muy interesante en esta mujer desgarrada que hace como dos movimientos que son inversos cada uno respecto del otro: por un lado va hacia adelante con el tipo nuevo y por otro va hacia atrás con su duelo; me pareció que la intersección de esos dos viajes era un buen desafío como propuesta narrativa”, dice.

Aunque transcurre casi enteramente en interiores “La luz incidente” es como un viaje y tiene esa distinción sensorial que acompaña a las travesías, el espectador viaja en el dolor de Luisa (personaje magistralmente encarnado por Erica Rivas), viaja a través de una época que reconoce y se introduce en ella, viaja a través de la luz, de las atmósferas, de los ambientes, de los objetos, de la magnífica música de Mariano Loiácono, de ciertas maneras de hablar, de ciertas posturas de los cuerpos.

“La película trabaja sobre el vacío –cuenta Rotter-, a excepción de algún que otro evento social como la salida a un club de jazz, está construida en esos momentos del día donde no pasa nada: las chicas duermen o es la hora de la siesta, es el momento en que la soledad empieza a tomar a Luisa, cuando aparecen los fantasmas, porque para mí es una película de fantasmas que trata sobre la ausencia de una persona”.

Rotter dice que es un filme de época “porque es esa época la que condiciona e impone un tipo de pensamiento que hoy sería imposible”.

“A veces se cree que hacer una película de época es retratar minuciosa y exhaustivamente un momento político o social, hacer como un cuadrito, pero a mí lo que me interesaba específicamente era ver cómo la época imponía condicionamientos sobre las conductas de los personajes, la manera como incidía sobre ellos”, señala.

Y sobre la refinada construcción de esa clase media acomodada en los albores de los 60 con dirección de arte de su esposa, Ailí Chen, que propone el filme dice: “es refinada pero por simpleza, en realidad más allá del supuesto glamour es una película muy austera donde buscamos una locación de época, llevamos las cosas imprescindibles para las acciones y básicamente sacábamos y sacábamos cosas; desistimos de peinados, de vestidos, de muchísimas cosas”.

Hablando sobre el sonido de la película, que es otro de los elementos que invita al espectador a embarcarse en el viaje sensorial que propone, Rotter dice que siempre pensó el departamento de Luisa como “un tercer piso contrafrente donde todas las escenas empiezan a las 3 de la tarde o a las 3 de la mañana y donde hay sonidos muy propios de esos edificios pero muy sutiles y difíciles de captar de manera directa, de pronto un llanto de un bebé desde abajo o que prenden un cigarrillo en un balcón de al lado, un ascensor que sube, una mapara de un baño que se corre. Hay mucho trabajo en ese vacío, hay como 14 capas de audio porque teníamos que evitar toda la invasión sonora de la actualidad que nos sacaba de época”.

“Y eso no era fácil –remarca-, porque el sonido actual se empezaba a filtrar, los frenos de aire de un colectivo 44 es algo que escuchás a tres cuadras, de pronto percibimos que se escuchaba una bola de ruidos de fondo que no se correspondía con la época, entonces anulamos todo, llevamos las cosas a una especie de vacío y reconstruimos la época sonoramente de cero, con un sonido casi mono, que viene solo atrás de la pantalla, en la película no hay sourrand”.

Junto al trabajo de Erica Rivas también deslumbran las performances de Marcelo Subiotto como el pretendiente de Luisa y de su madre, personificada en forma notable por Susana Pampín.

Los que no tengan el privilegio de ver “La luz incidente” en Mar del Plata, donde compite por el Astor de Oro, deberán esperar a marzo-abril del año próximo, fecha en que está pautado su estreno comercial.