22/10/2015 Cervantes

Cacace ofrece una inquietante puesta de "La crueldad de los animales"

El director teatral Guillermo Cacace, es el responsable de la notable puesta de "La crueldad de los animales", obra de Juan Ignacio Fernández, que se puede ver en la sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes los viernes y sábados a las 19 y los domingos a las 18.30.

Por Pedro Fernndez Moujn


Desligado de las entonaciones más obvias del teatro naturalista, Cacace logra una puesta de una atmósfera inquietante que, dice, "propone un lenguaje extrañado respecto de las convenciones del teatro", acompañado por un elenco de altísimas performances, donde destacan desde la joven Denisse Van der Ploeg hasta los más experimentados Gaby Ferrero e Iván Moschner.

En su puesta, que pone en juego procedimientos que ya estaban presentes en trabajos anteriores como "A mamá, segunda parte de una orestíada vernácula" y "Mi hijo solo camina un poco más lento", Cacace logra deconstruir el armado de un texto para presentarlo bajo una nueva luz, en un teatro de cuerpos que atraviesa la distancia de la platea y se instala como un presente absoluto.

"Cuando leí el material -cuenta en charla con Télam luego del estreno porteño de una obra que antes recorrió el interior del país en una gira que partió en Campana, provincia de Buenos Aires, y terminó en Piedrabuena, Santa Cruz, en un trayecto de tres meses- me propuso dos imágenes: un espectáculo absolutamente convencional, realista, que convoque los lugares que aparecen mencionados en el texto con una atmósfera de un pueblo con un hecho de corrupción y una idea mucho más fuerte que era la del clima de 'La ciénaga', de Lucrecia Martel".

"De modo -agrega- que le propuse al autor llevar la obra hacia ese lado, con un lenguaje propio que no imite la película, poniendo el texto en escena de un modo determinado pero, al mismo tiempo respetado puntos y comas y sin introducir casi cambios en lo que estaba escrito, con el desafío casi infantil de hacer lo que yo quiero con un texto pero sin formular una obra distinta de la que está escrita".

Cacace dice que al pensar una puesta "cuando uno se encuentra con el cuerpo de los actores empiezan a pasar muchísimas cosas" y gran parte de las ideas previas del director "se reformulan completamente por la propuesta de ellos".

"Lo que yo genero en soledad simplemente construye un dispositivo que contiene a los actores pero lo más significativo pasa en el encuentro de esos cuerpos que están haciendo una lectura del material que no es tan intelectual sino una lectura física", remarca.

"La contundencia de este material está en ese trabajo del cuerpo; ese cuerpo en posición de entrega es el que nos salva de quedarnos en un plano meramente enunciativo", destaca el director entregando algunas pistas del trabajo.

"Con una obra que en una primera lectura declara una intención política y una crítica al sistema -agrega- , a mí no me interesa generar un enunciado del enunciado, sino la posibilidad de entrar en lo más poético que se puede producir a partir del nivel de porosidad física de los actores para con el material, con la idea de encarnar las conductas que hacen posibles esas acciones más que explicar esas acciones":

"Me aburre -concluye- el teatro de los que entendieron algo y se lo explican a los otros".

Artífice de uno de los grandes éxitos de la temporada ("Mi hijo...") que se puede ver en su pequeño teatro de Apacheta con entradas vendidas hasta marzo de 2016 y que continúa allí resistiendo los cantos de sirena para que se mude a una sala más grande, más céntrica y más comercial, Cacace dice que el de "La crueldad..." es "un teatro que convoca un lugar dérmico en el espectador".

"Si el espectador -aclara- no entra en el código de la piel puede quedar afuera porque está todo puesto absolutamente en estar como espiando, en ser cómplice de un acto. Yo no quisiera que el espectador pudiera poner la distancia de aquel que muy desde afuera está juzgando lo que otros hacen, me gusta más la idea de Grotowski que habla de un espectador testigo; por eso, para mí, el actor más que mostrar se tiene que dejar ver, con la idea de poder ahuecar la escena para que el público pueda entrar y ser parte".

"En esta obra en particular -destaca- a partir de una serie de procedimientos indagamos la idea de que la obra no es una composición cerrada por parte del colectivo que la generó sino que se termina de armar en cada función con el público".

"Me aburre el teatro de los que entendieron algo y se lo explican a los otros"


Sobre la situación particular que asume en la obra de poner en escena las didascalias (acotaciones del autor en el texto), Cacace señala que además de que ahorra montar espacios, por otro lado "le da un rol mucho más activo al espectador que debe decidir entre una multiplicidad de relatos que en ocasiones se contradicen, porque lo que dicen las didascalias a veces no se condice con lo que el público está viendo y a veces, incluso, se opone".

"Exponer frente al público lo que el material de base en tanto texto escrito solicita y luego lo que actores y directores están versionando de ese material, poner de manifiesto esa distancia entre lo que el texto escribe y lo que después se pone en escena es exhibir también la posibilidad de una realidad que se multiplica acorde a quién esté interviniendo sobre ella", destaca Cacace.
"Es un mecanismo que, además -agrega-, genera una pregunta sobre dónde está la verdad: ¿en lo que dice el relator?; ¿en lo que estoy viendo?; quizás en ninguno de los dos lados sino en lo que yo armo entre lo que uno dice y el otro me muestra".

"De hecho sucede -concluye- que existe la contundencia de un cuerpo que según la didascalia está vestido de una manera pero que yo lo estoy viendo vestido de otra y estos dos elementos puestos en tensión, donde uno desmiente al otro, hacen que yo genere mi propia versión, que no pretendo que sea una síntesis pero sí que relativice que la verdad está en un lugar o en otro".

"La crueldad de los animales", espectáculo imperdible de la cartelera teatral, se puede ver los viernes y sábados a las 19 y los domingos a las 18.30 en el Teatro Nacional Cervantes (Libertad y avenida Córdoba)
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