10/10/2015 Microcsmicas

Chispas de la microficcin en un nuevo libro de Esther Andradi

Lo paradójico como herramienta sustancial del género del cuento breve está presente desde el título Microcósmicas, último libro de la narradora Esther Andradi, quien agrega a la minificción la singularidad de una escritura enriquecida por el elemento visual y lúdico, la línea aforística, la crónica y la metáfora.

Por Jorge Boccanera

Nacida en Santa Fe y hoy residente en Alemania, Andradi, narradora y periodista, suma su nuevo libro editado por el sello Macedonia a sus novelas Tanta Vida y Sobre Vivientes; los libros de cuentos, Chau Pinela, Come, este es mi cuerpo y la crónica Mi Berlín.

La escritora reconoce al narrador mexicano Juan José Arreola como el gran maestro de la microficción, desde que descubrió sus libros en una biblioteca berlinesa, y dialogó con Télam sobre este género provocador, instantáneo, sugerente, inclasificable y repentino.

Télam: Sos de abordar varios géneros, ¿cómo llegás a la minificción?
Andradi: Escribí microficción cuando todavía no existía esa definición. En los 90 se hablaba de prosa poética, glosa, greguería, todas formas de definir un género irreverente, que no tenía nombre y que por cierto no era nada nuevo, se venía escribiendo desde el origen de la literatura.

T: ¿Un antecedente es la prosa breve de Come, éste es mi cuerpo? 
A: Escribí este libro a principios de los 80 en Lima, y en plena crisis de melancolía. La comida, mejor dicho la memoria de las comidas, me revinculaba con los afectos más profundos, así fueron apareciendo estas historias. Los textos me acompañaron a Berlín, donde me radiqué después, y un día me encontré con Noemí Ulla, se los mostré, y se entusiasmó con los textos.

Ella me recomendó enviarlos a la editorial Último Reino que los publicó en su colección de poesía. Años más tarde, en 2007, en el coloquio dedicado a “Nanoficción” en Potsdam, Alemania, donde tuve el privilegio de leer con David Lagmanovich, sentí que Come, éste es mi cuerpo había encontrado su casa en la microficción.

T: ¿Con cuáles escritores del minicuento sentís alguna vecindad? 
A: El año pasado armé mi antología personal de autores de la micro -felizmente vivos- para la revista Confluencia de la Universidad de Colorado, Estados Unidos. En mi top ten están Luisa Valenzuela, Ana María Shúa, Raúl Brasca y María Rosa Lojo, de Argentina; la uruguaya Cristina Peri Rossi (pionera total) ; más Pía Barros y Gabriela Aguilera, de Chile; Fernando Iwasaki de Perú; Augusto Monsreal de México y Luis Britto García, de Venezuela. 

T: ¿Coincidís con Brasca en que los rasgos principales del género son concisión, rigor en el lenguaje y la capacidad de impactar al lector sin darle tiempo a reaccionar?
A: Sí. También lo que dice David Lagmanovich sobre la brevedad: la micro es el género donde no sobra nada. Yo la defino como el sudoku de la literatura, cada palabra en su justo lugar. En ese sentido, la microficción es prima de la poesía; prima hermana casi siempre, -a veces prima “política”-, pero no tengo duda de que son parientes.

-T: El campo de la minificción parece ser realmente vasto, desde el entramado de la mitología a la historia; de las leyendas populares a los hilos del relato fantástico, del policial y la ciencia ficción.... 
A: Irene Andrés Suárez, especialista del género y autora de una compilación imprescindible (Antología del microrrelato español. 1906-2011) define a la microficción como una forma nueva que se sitúa en el límite de la expresión narrativa, y corresponde al eslabón más breve en la cadena de la narratividad, que agrega a sus tres formas de novela, novela corta y cuento, una cuarta: el microrrelato. 

T: En los textos de Microcósmicas sobrevuela la ironía, el lirismo, lo lúdico, la paradoja y la imagen visual, ¿estás de acuerdo?
A: Qué bueno que hayas encontrado todo eso; y las relecturas que siempre me dan letra ¿no? Desde el Minotauro, hasta Borges y el Otro, pasando por mi homenaje a las películas de mis amores. En el cine del bueno creo que hay mucha microficción. Como también en la música, en el cómic, en las miniaturas.
 
T: ¿Cómo juega tu extensa labor de cronista en la microhistoria?
 
A: La micro produce chispas, fueguitos, provoca al lector; la crónica en cambio describe deslumbramientos, investiga a fondo, cuenta, detalla. Son fuegos diferentes. La micro es brasa en su máxima concentración, la crónica llega hasta las cenizas.

T: En este libro volvés a uno de tus temas recurrentes, la cocina. 
A: Angélica Gorodischer, que escribió la contratapa para la primera edición de Come, éste es mi cuerpo, dice que la comida es un tema muy argentino. Será por eso que siempre me acompaña. La masa y el universo y doña Petrona en el fondo son una. El universo se expandió en el momento en que una mujer dijo “voy a hacer unos tallarines”, según cuenta Ítalo Calvino, otro de mis maestros.

T: ¿Algunos textos de Microcósmicas podrían considerarse literatura de género? (En “Corte de manga” una madre se venga, “con un cuchillo de castrar terneros”, de un joven “rico y buen mozo” que embaraza y se burla de su hija). 
-A: Son historias al borde, sí, al compás de la furia, que es capaz de barrer con todo y limpiar, para empezar de nuevo. Como anuncia “Axioma doméstico”, texto que abre las Microcósmicas: “Limpiar es como escribir, escribir es meterse con el caos”.