22/08/2015 Bbiografía

La historia de John Kennedy Toole, el autor de “La conjura de los necios”

Una minuciosa biografía de Cory MacLauchlin sobre la vida de John Kennedy Toole y el derrotero que supuso "La conjura de los necios", su famosísima obra póstuma protagonizada por el particular y genial Ignatius Reilly en Nueva Orleans, destierra a un ritmo literario los mitos construidos alrededor del escritor norteamericano, sin dejar de hilvanar la genealogía del creador de una de las novelas más ácidas y picarescas del siglo XX.

¿Cómo un escritor cuya obra fue rechazada en varias oportunidades, una vez muerto -una vez suicidado, merece la aclaración- se convierte en leyenda? ¿Cómo es que una novela es capaz de decir mucho acerca de su autor? ¿Cuándo se crea el mito? ¿Quiénes lo crean? Con Toole, reconocido y aplaudido escritor después de fallecido, se sabe: las preguntas son muchas y las respuestas no abundan.

A semejante tarea titánica se embarcó el profesor y escritor norteamericano Maclauchlin en "Una mariposa en la máquina de escribir. La vida trágica de John Keneddy Toole y la extraordinaria historia de `La conjura de los necios`" (Anagrama), una biografía que reconstruye con la voz de amigos, colegas, familiares y editores así como documentos la historia de ese autor dueño de una prosa satírica que le valió las mejores críticas.

El título es tomado de un poema del propio Kennedy Toole escrito en su juventud,"El árbitro", cuyos últimos versos rezan "una abeja enorme, abstracta, aplastando a una mariposa, con una tecla en la máquina de escribir", que según la lectura de MacLauchlin tiene que ver con que "mediante el acto de escribir, el crítico mata violentamente el espíritu hermoso y transformador del poeta. Es posible que Toole se viese a sí mismo como la mariposa".

Mucho se ha mentado acerca de Toole y su obra; su madre, Thelma, artífice de su fama literaria, es una pieza clave para el armado de su trayectoria, dado que fue ella la responsable de la publicación post mortem de la novela de su hijo y fue ella también quien decidió qué mostrar y qué no. Tuvo intentos para construir una biografía, pero los requisitos fueron imposibles para cualquier biógrafo.

Cuando se suicidó en marzo de 1969 en su auto con el motor encendido, dejó una nota que sólo ella leyó y luego destruyó.
¿Cómo explicar entonces, sin un rastro testimonial, su muerte? A eso se han abocado durante años críticos y apasionados de su obra maestra, ganadora del Pulitzer en 1981: que era homosexual, que tuvo una depresión aterradora, que se frustró ante los rechazos de no ver publicada su obra.

Con "Una mariposa en la máquina de escribir", Cory MacLauchlin propone -por el contrario- un retrato más intimista. Invita a conocer a Toole, acercarse a sus días, interpretar sus pensamientos, y para ello rastrea orígenes, su nacimiento un viernes de diciembre de 1937 mientras la ciudad de Nueva Orleans se encendía para una nueva noche de bares y espectáculos, o el deber filiar por ser hijo único.

"Con la intención de comprender a Toole, nunca quise diagnosticarlo ni asignarle el molde de artista atormentado. Al leer sus cartas, sus poemas y relatos inéditos, al entrevistar a sus amigos, sus familiares y conocidos, intenté comprenderlo en sus propios términos, y he intentado redactar un relato biográfico en el que Toole se reconocería si hoy pudiera leerlo", escribe el biógrafo en las primeras páginas del libro.

En sintonía y con referencias a "La conjura de los necios", MacLauchlin rastrea sus procesos de construcción y creación a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en sus primeros años de escolarización se perfila la observación de su propia ciudad, el antecedente al tono que años después marcaría la clave de su novela, o sus trabajos prácticos en el colegio que revelan su atracción por la cultura, la historia popular, la América profunda y el sentido de patriotismo.

Más tarde, vendría la escritura de su primera novela "La Biblia de Neón", la cual envió a un concurso literario pero tampoco tuvo éxito; sus estadías en Nueva York, residencia que le otorgó una mirada lejana acerca de su lugar natal, y sus pasos en la universidad como estudiante y después como profesor, época en la cual aparecerían las primeras ideas que darían forma a "La conjura".

Capítulo aparte merece su residencia en Puerto Rico como profesor de inglés. Allí, dirá el biógrafo, "nace un escritor", por fin las musas que tanto invocó se le presentan, "y un domingo de 1963 por la tarde descubrió el sentido que había estado buscando durante años. En algún momento entre finales de febrero y principios de marzo, se dio cuenta de que se encontraba en un lugar ideal para escribir".

"Todo hace pensar en el mito del artista tocado de repente por el genio, pero para Toole -contrapone Maclauchlin- ése era el alud que había estado formando y al que ahora dejaba rodar con una urgencia arrolladora".

La correspondencia con sus padres y los testimonios de colegas, reflejan un Toole concentrado, lúcido, entusiasmado y contento con la escritura de su novela, protagonizada por el brillante y quijotesco Ignatius, un incomprendido de la sociedad.
Pero la felicidad de esos días se transformaron en horas desgastadas cuando, de regreso a Nueva Orleans, presentó su obra maestra en diferentes editoriales y todas la rechazaron. El deterioro mental se hizo eminente y Toole se marchó de su ciudad en "búsqueda de algo que todavía no había encontrado". Lo siguiente que se supo de él fue el hallazgo de su cuerpo sin vida, con tan sólo 31 años.

El por qué de su suicido, el rechazo literario en vida o como surgió la materia prima de esa mirada sagaz de Nueva Orleans y los personajes de "La conjura" son incógnitas que siguen inquietando a cualquiera que lea a Toole.

Para ellos, este libro se convierte fundamental al momento de indagar el proceso creativo de un hombre que "si bien se quitó la vida, la historia de esa vida merece la comprensión y los elogios que brindamos a todo escritor que ha legado al mundo una contribución perdurable".
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