21/08/2015 testimonio

El libro que conmueve con la historia de 20 rugbiers desaparecidos en los ‘70

En "Maten al rugbier", el periodista Claudio Gómez se sumerge en la historia de veinte deportistas de La Plata Rugby Club (LPRC) que desparecieron en la década del 70 y reconstruye esas vidas a través del testimonio de padres, hermanos, hijos o amigos, en un relato que conmueve y atrapa por la fuerza de los hechos y el dinamismo del relato.

Por Claudia Lorenzón

En "Maten al rugbier", el periodista Claudio Gómez se sumerge en la historia de veinte deportistas de La Plata Rugby Club (LPRC) que desparecieron en la década del 70 y reconstruye esas vidas a través del testimonio de padres, hermanos, hijos o amigos, en un relato que conmueve y atrapa por la fuerza de los hechos y el dinamismo del relato.

Si bien el origen del libro se remonta a una nota periodística que en 2006 le solicitaron, y que fue "como una espina" que le quedó dando vueltas por varios años, Gómez confiesa que siempre tuvo "un interés especial por los 70" a los que define como "años de encanto y de sangre". 

"El trabajo me llevó dos años de investigación.Y lo hice con rigor, porque sentía un gran compromiso con la memoria de las víctimas, y con la gente con la que hablé: con hijos, padres, amigos compañeros, porque me estaban hablando de la gran tragedia de sus vidas", comparte el autor en dialogo con Télam.

Esa rigurosidad y compromiso lo llevaron a determinar que de la lista inicial de 17 rugbiers desaparecidos había otros tres más que habían jugado en el La Plata Rugbier Club (LPRC), que a la vez integran el grupo de los 35 deportistas que murieron en este violento período de la historia argentina.

Hernán Rocca, Pablo del Rivero, Hugo Lavalle, Abigail Attademo, Eduardo Navajas, Abel Vigo, Eduardo Merbilhaá, Marcelo Bettini, Mario Mercader, Jorge Moura, Rodolfo Axat, Luis Munitis, Alejandro García Martegani, Otilio Pascua, Pablo Balut, Santiago Sánchez Viamonte, Enrique Sierra, Mariano Montequín, Julio Alvarez y Alfredo Reboredo conforman el grupo de los rugbiers desaparecidos, cinco de los cuales militaban en el ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), cuatro en el Partido Comunista Marxista Leninista (PCML) y el resto en la UES (Unión Estudiantil Secundaria) la JUP (la Juventud Universitaria Peronista) y Montoneros.

"La última dictadura se podría explicar a partir de la historia de los Bettini. La tragedia que vivió esta familia revela uno a uno todos los males que cayeron sobre la sociedad argentina a mediados de los setenta: asesinato y desaparición, robo y secuestro extorsivo, centro clandestino e Iglesia, pastilla de cianuro y vuelo de la muerte, Operación Cóndor y exilio.

Demasiado para una sola famila. Demasiado para que ocurra en un año", se lee en el libro, recién editado por Sudamericana.

- ¿Por qué fue la historia que más te conmovió?

- No tuve ningún testimonio directo. Desaparecieron cuatro integrantes de esa familia en un año. Es tremendo, una masacre insostenible. Desgraciadamente no pude hablar con nadie de la familia, porque son muy herméticos con la prensa. Viven en España y han venido a cada uno de los juicios, desde el 85 que se inició el juicio a las juntas.
Tuve contacto con la hija del embajador en España, Carlos Bettini, que se llama Gabriela, es fotografa artística, y llegué a mandarle un cuestionario que no me quiso contestar, pero bueno lo respeto. En un año desaparecieron cuatro personas de una familia, uno de los cuales era marino y al entrar en el edificio de la Armada a reclamar por su suegro lo terminan 'chupando' en La Plata.

Luego de esto las mujeres se van del país, y se queda la abuela, de 80 años, y se 'chupan' a la abuela para quedarse con las propiedades, un grado de perversión terrible.

- ¿Y qué otros casos mencionarías? 

- Uno fue al entrevistar a la madre de Jorge Moura, de 86 años, que me atiende en su casa y me habla de un hijo desaparecido y del otro hijo (Federico, del grupo musical Virus) muerto de sida, los dos en un lapso de 10 años. Hablé por teléfono, tuvo la mejor predisposición. Yo la escuchaba y decía 'soy un hijo de p...; le estoy haciendo recordar momentos tristes, angustiantes, quién soy para remover estas cosas en esta mujer que tiene 86 años que perdió un hijo, y a otro no tiene lugar donde llevarle una flor o hacer el duelo.
Otro fue el testimonio de Verónica Sánchez Viamonte: 'Cuando se llevaron a mis padres tenía dos años y no tengo recuerdos de ellos porque era muy chiquita, entonces tuve que inventar recuerdos, pero no me los toques porque me muero".
También, el caso de Julián Axat (hoy abogado y procurador en el Ministerio Público Fiscal) que sale de testigo en uno de los juicios por el centro de detención la Cacha. Estaba sentado frente al jurado y detrás de él había como 15 acusados y dice: "Yo estoy acá y estudié Derecho porque hubiera querido ser el defensor de mis padres, que mis padres tuvieran la posibilidad de un abogado como tienen estos señores y señala a los acusados. Es muy fuerte que un hijo diga eso.

- En el libro todo el tiempo aparece la posibilidad de que como militantes pueden morir y algunos padres les ofrecen viajar al extranjero y no lo hacen ...

- Marcelo Moura me contó con mucho orgullo que a su hermano, Jorge, el padre que estaba medianamente bien económicamente, le ofreció irse del país y él le contestó: "Yo comprometí a mucha gente, lo menos que puedo hacer es morir por esta causa" y no fue el único caso.
La madre de los Moura me contó que en un momento su marido pensó en secuestrar a Jorge porque veía que estaba marcado, y ahí ves hasta dónde llegaba la desesperación para poder salvarlo.

- ¿Cómo viviste las palabras de los hijos de los desaparecidos?

- Significaron las situaciones más intensas. Me sacudía que hablaran de sus padres que no conocieron, los reconstruyeron a partir de lo que les contaron. Cada uno se reconstruyó una figura de padre o de madre que es la que necesitaron. Es muy raro ponerse en ese lugar de hijo que no conoció a su padre, es una situación antinatural, porque hoy tienen más edad de la que tuvieron sus padres cuando murieron y hablan de sus padres a una edad que ellos ya superaron.

- Otro tema que aparece es cómo algunas historias de aquella época se unen, cruzando en el caso de Elsa Luna (sobreviviente que estuvo junto a Rodolfo Axat y a su mujer Ana en cautiverio) y conoce a Julián Axat, el hijo, luego de participar en el juicio.

- Ese momento es tremendo, es emotivo desde lo humano. Luna esperó tanto tiempo para agradecer lo que esa pareja la ayudó durante los meses de encierro. Ese abrazo que esperó 40 años y lo logra con Julián Axat, en medio de la tragedia, tiene una intensidad impresionante.

- ¿Qué te dejó esta experiencia a nivel periodístico y en lo personal?

- Fue lo más importante que hice hasta ahora, el libro superó todas las expectativas. Me están pasando cosas que tienen que ver con la gente que entrevisté o con familiares de las víctimas y son situaciones hermosas. Por ejemplo, una chica de 21 años, que se recibió de periodista en La Plata, sobrina de uno de los rugbiers, me dijo que a partir del libro reconstruyó la historia de su tío, porque en su familia no se hablaba. Y obviamente está muy agradecida. También recibí mensajes de gente que por el libro volvieron a hablar en la familia de esa persona desaparecida. Todos me agradecieron el respeto con las historias, con ellos y con las víctimas.